La ciencia y la sociedad: con un mismo objetivo

Por: José Martín Ramallo López | Miércoles 07 de Diciembre de 2016

Durante muchos años los científicos estuvieron muy alejados de la sociedad y de sus problemas. La gente veía al científico como un ser poco sociable, encerrado en su laboratorio realizando experimentos sofisticados o resolviendo ecuaciones incomprensibles que poco tenían que ver con la realidad que vivía. Asimismo, el mundo científico no mostraba un gran interés por acercarse a la sociedad, mostrarle el logro de sus años de investigación y las posibles implicancias que a mediano o –más frecuentemente– largo plazos podían tener en su vida diaria. No solo no le interesaba, sino que creía que no era necesario rendir cuentas.

Pero en los últimos años esta realidad ha ido cambiando. Por un lado, el Estado, como principal promotor de la Ciencia en el mundo, ha comenzado a requerirle al mundo científico respuestas concretas a desafíos de carácter social cada vez más trascendentes: la reducción de los altos niveles de contaminación de nuestro planeta, el uso más eficiente de recursos naturales, el desarrollo de energías alternativas o la mejora en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades son solo algunos de los muchas problemas que se le pide a la Ciencia que resuelva.

Hoy en día se espera que la Ciencia, a través de la generación del conocimiento y de la transferencia del mismo hacia el sector productivo pueda tener una participación activa y cada vez más protagónica en el desarrollo sustentable de una sociedad más inclusiva.

En nuestro país, el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva “Argentina Innovadora 2020” se basa en 4 pilares, dos de los cuales apuntan en esta dirección: mejoramiento de la calidad de vida de la población y fomento de la competitividad de la economía. Asimismo, el mundo científico que es evaluado constantemente por sus pares, ha comprendido que una sociedad más activa y participativa como la actual requiere que se rindan cuentas del destino de sus impuestos, por lo que ha ido ideando diferentes canales de comunicación para acercarse a la gente, mostrar sus logros e incentivar a las nuevas generaciones a interesarse por las ciencias básicas e ingenierías y a estudiar estas carreras que los puedan convertir en los nuevos científicos que continúen este camino.

Es por esto que se han desarrollado diferentes estrategias de difusión de manera de mostrar de una forma amigable y entendible el trabajo de investigación que se lleva a cabo en los laboratorios y los posibles alcances que pueden tener en nuestro futuro. Es común ver hoy en día jornadas abiertas de ciencia y tecnología en las universidades y en centros de investigación, como así también escuchar a los científicos en programas de radio o de televisión explicando las implicancias de nuevos descubrimientos o avances científicos y tecnológicos en nuestra vida diaria.

Pero así como el mundo científico ha tenido que entender que la divulgación de su trabajo no debe limitarse solo a sus pares en revistas científicas y lo ha hecho extensivo a toda la sociedad, ésta debe también saber que el proceso de generación y transferencia del conocimiento que permita resolver problemas concretos de su interés es largo y requiere de un continuo apoyo, sin interrupciones ni sobresaltos por parte del Estado principalmente y del sector privado también ya que serán muchas veces empresas las que deban participar en la etapa final de progreso en la cadena de valor.

Para eso se necesitan políticas públicas serias, dirigidas y sostenidas en el tiempo. Y si bien en nuestro país no estamos acostumbrados a ello, en los últimos años hemos tenido señales positivas en este aspecto, con la creación del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva y su continuidad en la actual gestión.

Es importante no desaprovechar la inversión hecha, mantener el rumbo aplicando las correcciones que sean necesarias pero que no impliquen retrocesos profundos. Contamos con un caudal de recursos humanos altamente capacitados que no debemos descuidar para no repetir errores pasados, cuando la única opción que se les dio a muchos científicos fue la de emigrar.

Desde el exterior se los recibió con los brazos abiertos como un regalo del cielo. No es posible esperar resultados exitosos a corto plazo cuando de investigación y desarrollo se trata. No podemos pensar en términos cortoplacistas. El camino es muchas veces arduo, sinuoso y con muchos fracasos en el medio, que no deben ser tomados como tal sino como una forma de aprendizaje. Hay que saber tener paciencia, perseverancia y mucho sacrificio y finalmente los resultados llegarán. Los científicos lo saben. Esperemos que los políticos también.

 

(*) El autor de la nota es investigador del CONICET y Profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP.

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