#8M: Un paro, algunas razones

Por: Laurana Malacalza | Especial para Infoplatense | Miércoles 08 de Marzo de 2017

Este 8-M parece sintetizar el singular proceso político que en los últimos años viene tejiendo el movimiento de mujeres. Bien lejos de esa suerte de edulcorado  “homenaje a las mujeres” consagrado por el mercado y los medios hegemónicos, el 8 de marzo vuelve a adquirir un fuerte contenido político.  La  memoria de aquellas  trabajadoras calcinadas en un taller textil a principios del siglo XX, se instala entre nosotras no solo para retomar la herramienta reivindicativa del paro. Da un paso más porque transforma esa herramienta y quizá podamos aventurar que la potencia.

No es un paro convocado por organizaciones sindicales, es un paro organizado a través de espacios colectivos que se autoconvocan en asambleas, en las redes sociales, a través de alianzas  entre organizaciones feministas y sociales. Esto da cuenta de los modos en los que se están reconfigurando las representaciones políticas  porque en este paro la dimensión de la opresión de clase se conjuga con la de género para visibilizar las formas de explotación del capitalismo global. Una reapropiación del "paro" como forma de protesta que pretende desarmar la maraña opresiva que se teje entre las desigualdades económicas y las formas de violencia que tienen a los cuerpos de las mujeres como territorios de conquista.

Hay tantas razones para sumarse al paro como convocatorias propuestas. 

Por ejemplo, darle valor al trabajo no remunerado, el trabajo que las mujeres realizamos como organizadoras de cuidado y de la economía doméstica. Un trabajo por el cual no recibimos recompensa económica alguna, que es crucial no solo para las personas que reciben ese cuidado sino para el sostenimiento de la economía formal. Sin mujeres que cuiden y  organicen la economía doméstica no hay posibilidades de que funcionen los engranajes de la economía formal.

Este tipo de tareas llevadas a cabo principalmente por mujeres también genera mayores desigualdades.  El esfuerzo por conciliar  las tareas de  cuidado con otros trabajos, promueve condiciones de informalidad  laboral con largas jornadas de trabajo a cambio de salarios miserables.

Sin dudas, las convocatorias de movilizaciones bajo la consiga de #NI UNA MENOS fueron un punto de inflexión en la lucha contra la violencia de género. Significaron no solo un multitudinario repudio contra la violencia machista, sino que nos permitió comenzar a repensar los sentidos y las formas en que desde el Estado y los medios hegemónicos de comunicación abordan las violencias contra las mujeres. Un abordaje que nombra esas violencias como hechos aislados y que en el caso de las políticas públicas promueve estrategias individuales de salida de las relaciones de violencia. Para decirlo en otras palabras, unas políticas públicas que ponen su foco en las mujeres cómo víctimas y no en las desiguales relaciones de poder entre los géneros en las que se inscriben los hechos de violencia.

#NI UNA MENOS es un reclamo en términos de derechos y de políticas públicas integrales, que excede la perspectiva de seguridad  y el abordaje punitivista que nos plantea el Estado. Es decir, no se trata únicamente de crear nuevos tipos penales  o de crear refugios para atender las situaciones de emergencia, sino de garantizar a las mujeres un acceso preferencial a la vivienda y al trabajo para  desarrollar un proyecto de vida autónomo.

El creciente número de femicidios en Argentina es una muestra concreta del fracaso de las políticas públicas implementadas en el país. No habrá ley ni plan de lucha contra la violencia de genero efectivos si no se abordan las desigualdades sociales y económicas estructurales.

Por último, es  importante señalar los reclamos de este paro frente a la  persistencia de barreras que impiden el acceso a los derechos de las mujeres. Una muestra de ello es las dificultades para acceder a la interrupción del embarazo en las circunstancias no punibles en Argentina. A pesar de lo dicho por la Corte Suprema en el caso FAL, el acceso a los abortos permitidos por la ley enfrenta serias dificultades y resistencias políticas. Por esto mismo no ha disminuido el nivel de judicialización del acceso al aborto no punible y se reiteran los casos de criminalización de mujeres por aborto tal como lo demuestra el caso de Belén en Tucumán. 

La decisión de la gobernadora de la provincia de Bs. As. de dar marcha atrás con la decisión de adherir a los lineamientos del protocolo nacional de aborto no punible es una muestra más de las resistencias políticas frente a los reclamos por los derechos de las mujeres. Por eso, este paro vuelve a plantear la vigencia de un persistente reclamo del movimiento de mujeres: que el Congreso discuta y legalice la práctica del aborto.

Sin soberanía sobre nuestros cuerpos no es posible lograr la igualdad de género.

Si cada convocatoria de #NI UNA MENOS, significó un grito contra la violencia machista, una visibilidad inédita y nuevas formas de articulación política, la segunda consigna que se sumó incorpora otras resonancias. #El VIVAS NOS QUEREMOS  expresa el deseo que nos empuja: la libertad y autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas como una consigan y como un reclamo frente al Estado. 

Este paro del 8M conjuga estos sentidos y los resignifica en nuevas formas de hacer política en donde las mujeres seguimos  corriendo fronteras, desde el gesto mínimo y cotidiano o desde la inmensa confraternidad callejera que nos cobija en cada nueva  convocatoria.

 

 

(*) Laurana Malazalza se define como feminista. Es docente, magister en género por la Universidad Nacional de Rosario y coordinadora del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Bs.As (OVG). 

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