El peronismo en su laberinto

Por: Ricardo Jaén (*) | Miércoles 12 de Abril de 2017

El título de esta nota nos remite directamente a la novela de García Márquez (El general en su laberinto) y sin embargo otra novela y otro autor también la explicaría desde otro ángulo, (La leyenda del jinete sin cabeza. De Washington Irving) el sentido de la misma.

La vuelta a la democracia en 1983 volvió al peronismo en vulnerable, ya que rompió dos poderosos mitos: el primero es sin duda su invencibilidad en elecciones libres y el segundo la imposibilidad de mantener el sistema sin el propio peronismo en el poder, cuestión de la que Macri parece ser su punto de inflexión.

De la caída de su primer mito, salió con la “renovación”, con un aire fresco de nueva dirigencia para caer en las manos de un caudillo provincial que con un discurso de peronismo tradicional le gano la interna a Cafiero y con un discurso “de tono liberal, novedoso para el peronismo, gobernó diez años.

El fracaso de la Alianza pareció confirmar al infinito el segundo mito y el largo período que inauguro de peronismo de Néstor y Cristina, esta vez con discurso progresista, economía conservadora (hasta la muerte de Kirchner) y política distribucionista, posiblemente marcara el comienzo del fin del segundo mito.

La “primavera del discurso de los años 70” y el descontrol económico que comandó CFK desde la muerte de su esposo, logró lo que meses antes parecía, al menos desde la ciencia política (si es que esta existe), lo imposible: la derrota más ajustada electoralmente del peronismo, pero sin duda la más traumática.

Nada dura para siempre.

El poder es una posición estratégica móvil.

Estos dos conceptos no por conocidos dejan de ser la “trampa” en la que entran la mayor parte de los políticos en todo el mundo.

Esto de ninguna manera invalida la estrategia de Duran Barba, porque como dicen en el barrio “hay que estar en el momento adecuado” y su disciplina de campaña y conceptos finalmente dieron resultados en el momento oportuno.

No es poca cosa, al menos en política.

Hoy el peronismo se debate en nombres que significan pensamientos muy disimiles, no en la esencia de como mirar la política, si en el camino para reconquistar el poder.

Cristina, Randazzo, Urtubey y Massa, parecieran ser las cuatro opciones más importantes que hoy aspiran a conducir al “movimiento”.

Cristina es objetivamente el pasado y el espejismo de la vuelta a él.

Sabe que su posibilidad es solo el fracaso estrepitoso del gobierno actual y el caos social, una nueva versión del episodio del 2001 y se recuesta en su intención residual de voto.

Trata de ganar protagonismo confrontando directamente con el Presidente.

Randazzo es algo así como la gran esperanza de los intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires.

Lo conocen, cumple con la ortodoxia peronista, está ligado a la gestión, cumplió con su palabra rechazando nada menos que la candidatura a Gobernador y es lo suficientemente audaz como para ir por el poder.

Nadie sabe realmente lo que mide en intención de voto en la gente.

Nadie sabe lo que mide en el votante peronista de una interna.

Quienes lo apoyan son más voluntaristas que racionales.

Juan Manuel Urtubey logro aumentar significativamente sus índices de conocimiento estableciendo un buen nivel de dialogo con Macri y con su casamiento.

Es posible que el peronismo deba recurrir a su figura si el gobierno sale exitoso de las elecciones de medio término.

Tiene fuertes antecedentes de buen administrador y de ser capaz de transformar al movimiento en un partido republicano de alternancia.

Finalmente Sergio Massa, con un entramado más complejo, pero que necesita del voto peronista para poder ser opción de poder.

Con mucho marketing político detrás y con Margarita por delante pareciera querer construir una opción de alternativa.

Por ahora atrae poco al peronista tradicional y al independiente tradicional.

Salvo Urtubey que está colocado en una posición “más descansada” en la próxima elección, los tres restantes jugaran su suerte futura específicamente en la provincia.

Quizás ninguno necesite ganarle al gobierno, pero sí vencer al otro para poder luego alinear al peronismo.

Pero el desafío es grande, curiosamente deberán enfrentar al verdadero candidato del gobierno que no figurara en las listas: María Eugenia Vidal aquella que hace apenas dos años “no existía” y hoy es la mejor espada electoral del oficialismo, mal que le pese a Baradel.

 

El autor del artículo es analista de riesgo político
@r_jaen

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