El cine de género en Argentina

Por: Hernán Moyano | Sabado 17 de Junio de 2017

Hasta hace una década y media, el cine de género en nuestro país se había tomado un impase. Producciones ligadas a géneros como el terror, el thriller, el cine de aventuras o la acción habían desaparecido de la amplia oferta genérica que la producción vernácula ofrecía año a año. Había que remontarse a varias décadas atrás para encontrar referentes.

Los productores nacionales corrían detrás del dogma del mal llamado “nuevo cine argentino” impuesto como estética por el Festival de cine independiente de Buenos Aires (Bafici) y algunas revistas de crítica cinematográfica, hoy desaparecidas. La producción nacional había entrado en un cuello de botella temático y la repetición de estéticas y disparadores temáticos hizo que el público comience a pensar dos veces antes de pagar una entrada de cine para acompañar una propuesta nacional.

A principios del 2000 y de la mano de una nueva generación de realizadores que se formaron viendo ciclos televisivos como “Sábados de súper acción” o “Cine Fantástico” entre otros, entró nuevamente en escena el cine de género. Propuestas ligadas al horror y el bizarro fueron las primeras apuestas de estos nuevos realizadores. Estas producciones pocas veces tenían un estreno comercial ya que eran producidas en condiciones de guerrilla audiovisual - Micro presupuestos, equipos de rodaje mínimos y efectos especiales resueltos con lo que había a mano - no limitaron el recorrido internacional de estas propuestas. Muy por el contrario, comenzaron a construir una cosmovisión en toda Latinoamérica. Esta nueva cara del cine Latinoamericano llamó la atención de industrias como la americana, de larga tradición en la producción de estas propuestas y de a poco estos realizadores comenzaron a ganar prestigio y apoyo fuera de su país.

Las productoras extranjeras comenzaron a generar alianzas -y a producir con mínimos aportes en dólares- y los realizadores ganaron en rodaje y fueron perfeccionando sus lenguajes.

Para los productores extranjeros, estas pequeñas gemas significaban en relación costo-beneficio, inversiones exitosas.

El cine de género ha sido siempre el más taquillero en todas las cinematografías del mundo. Solo faltaba que los productores locales lo entendieran y comenzaran a tomar riesgos en su país. Este aprendizaje llevo una década.

Dentro de este panorama, el cine de acción no es un género que tenga demasiados referentes a nivel local. Una buena película de horror surge de una buena idea. Y la ejecución puede hacerse con presupuestos relativamente bajos comparados con el del cine de acción. Es impensado poder competir con sagas como “Rápido y furioso”, que hasta previo al estreno de la última película lleva recaudado 3,9 billones de dólares en la recaudación mundial y 7.760.699 de tickets vendidos en Argentina.

Si tenemos que repasar algunas propuestas locales, observamos que siempre ha habido cruce con otros géneros. Si tomamos a “Comodines” 1997 (Jorge Nisco-Daniel Barone), Peligrosa Obsesión 2004 (Raul Rodriguez Peila), “La leyenda” 2008 (Sebastian Pivotto) la formula está clara. La acción esta mezclada con comedia (ya sea comedia pura o romántica) y en casos como “Aballay” 2010 (Fernando Spiner), “Justicia Propia” 2013 (Juan Olmedo) u “8 Tiros” 2015 (Bruno Hernández) el género suele volcarse por algún subgénero dentro de la acción. Los resultados han sido disimiles.

El cine de acción es diferente a otros géneros y se apoya principalmente en “Ticking bombs”. – Situaciones que si no se resuelven en un corto tiempo se convierten en un problema mayor – como puede verse claramente en clásicos como “Máxima Velocidad” 1994 (Jan de Bont). Un policía descubre que un terrorista ha puesto una bomba en un micro. Una vez que descubre cual es el micro, se le comunica que si baja la velocidad a menos de 50 km la bomba explotara. Allí surge el problema de mantener un micro andando a una velocidad constante en una zona transitada. Una vez que resuelve este problema dirigiéndose a una autopista no habilitada, descubre que hay un bloque a medio terminar. Luego el micro comenzara a quedarse sin nafta y así hasta la resolución de la trama. Un problema detrás de otro hace avanzar la película. El resto de los elementos ayudan. Dos carismáticos protagonistas, un director especialista en cine de acción y una promoción a medida.

La fórmula del género es sencilla y clara y Federico Cueva, director de “Solo se vive una vez” lo sabe.

El director de la nueva apuesta de acción nacional tiene más de dos décadas de experiencia desarrollando los efectos físicos y visuales de la mayoría de las propuestas cinematográficas y televisivas que han requerido este tipo de desarrollo. En su filmografía pueden encontrarse series de televisión como “099 Central”, “Epitafios”, “Padre Coraje” y películas como “La Leyenda”, “El secreto de sus ojos”, “El inventor de juegos” y tres de las entregas de “Torrente” (Torrente 3, Torrente 4 y Torrente 5), junto a Santiago Segura.

El nombre de Segura es importante porque ha sido uno de los impulsores para que Federico de él salto a la dirección de cine con “Solo se vive una vez” que se estrenó en cartelera el pasado jueves.

“Solo se vive una vez” está protagonizada por Peter Lanzani, Gérard Depardieu, Santiago Segura, Eugenia Suárez, Pablo Rago, Walter Donado, Luis Brandoni, Pablo Cedrón y Darío Lopilato. El guión corre a cargo de Sergio Esquenazi, Nicolás Allegro, Chris Nahon, Mili Roque Pitt y Axel Kuschevatzky, quien además es uno de los productores.

La historia gira en torno a Leo (Lanzani) es un estafador de poca monta que es perseguido por tres asesinos a sueldo (Depardieu, Segura y Silva) y se hace pasar por un rabino en el seno de una comunidad liderada por el patriarca Mendi.

En dialogo con este medio, Peter Lanzani comentó: “Fue una película hecha en 6 semanas que demandó una preparación física especial. Un mes antes tuve que comenzar mi entrenamiento para poder aguantar el rodaje. Y es una apuesta enorme para devolver propuestas de este tipo a nuestra cinematografía y estamos muy contentos con el resultado. Y al tener un mix con la comedia, nos dio la oportunidad de jugar con tonos diferentes y reírnos de situaciones extremas. Trabajar con actores como Depardieu y Segura fue un aprendizaje muy grande. Ahora sólo podemos esperar que la gente acompañe una propuesta como esta”.

Nuestra cinematografía ha sido siempre una cinematografía ligada al cine de autor, donde el director lleva adelante su propuesta y los productores acompañan. En cinematografías como la americana, las propuestas comerciales son llevadas adelante por las grandes productoras, quienes contratan directores a medida y estas decisiones son ejecutadas en base a diferentes análisis de mercado y consumo. Desde hace un tiempo hacia acá, productores como Axel Kuschevatzky han comenzado a optimizar este tipo de análisis y han generado propuestas pensadas para cubrir determinados nichos o grupos etarios que no encontraban propuestas a medida de sus gustos o necesidades. Estas experimentaciones han sido exitosas en la mayoría de los casos y eso se traduce en taquilla.

En el caso de “Solo se vive una vez” el público tendrá la última palabra.

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