Juntas en la calle: #NiUnaMenos y el camino que andamos

Por: Pilar Paini | Especial para Infoplatense | Lunes 05 de Junio de 2017

No recuerdo cuando fue la última vez que volví caminando a mi casa de noche. Entre los muchos derechos que se nos niegan a las mujeres, la libre circulación nocturna es casi uno de los más recurrentes. Cae el sol y se activa una especie de alarma que da pie al entretejido de remises y mensajes entre amigas y madres que pedimos y recibimos avisos de llegada al hogar. Otras veces nos acompañamos a la parada del micro o armamos un itinerario en el taxi para ir de a dos o tres y que ninguna viaje sola. Sí, es tedioso. Sí, es incómodo. Sí, estamos cansadas de vivir así.  Por eso decidimos cuidarnos las unas a las otras y tejer redes. Estamos en alerta porque hay cientos de pibas que no volvieron a sus casas y eso nos pone en peligro a todas.

Decía que vivo de remis en remis, de mensaje de aviso en mensaje de aviso. Pero el sábado, cuando terminó el Ni Una Menos, me volví caminando a mi casa. Ya era de noche, pero no importó. Caminé quince cuadras con una amiga y en ningún momento sentimos miedo. No apuramos el paso. No miramos con desconfianza a nadie. Caminamos y hablamos de lo que acababa de pasar, de las muchísimas que éramos, de la lectura del documento, de las historias que escuchamos, de los abrazos, de la emoción hasta las lágrimas, de las banderas, de la potencia del movimiento de mujeres. Esa misma potencia que se respira cada 3 de junio y que nos llevó a caminar sin temor por primera vez en mucho tiempo. A sentirnos libres.

La sensación era clara: volvimos de la plaza emancipadas, despojadas del miedo que imprimen en nuestros cuerpos cada vez que se llevan a una de nuestras hermanas. Y ese es uno de los grandes logros del Ni Una Menos; ese empoderamiento es merito exclusivo de este colectivo heterogéneo y poderoso, de esa marea violeta de amor y de rabia, de ese deseo que nos hermana cuando gritamos que nos queremos autónomas y felices, indisciplinadas, vivas.

Es por eso que el Ni Una Menos no empieza cuando empieza y no termina cuando termina. No empieza el 3 de junio a la mañana. Comienza mucho antes, cuando un día te levantás y te das cuenta de que la de al lado no es competencia, es tu compañera, tu aliada, tu par. Y sigue cuando en la calle o en el bondi decidís ponerle un freno cuando alguien te acosa o te apoya. Y cobra más fuerza cuando te animás a preguntar -en el trabajo, en la facultad o en tu propia familia- por qué cobrás menos que un hombre, por qué tu soltería es vista como un fracaso, por qué tenés que estar flaca, por qué estás obligada a ser mamá, por qué te hicieron creer que los celos son la medida del amor.

Ni Una Menos se materializa un día al año, sí, pero empieza en todos esos rinconcitos, empujando desde abajo, ganando lugar, despertando conciencias, cuestionando privilegios, haciendo mella en nuestras vidas, multiplicando el feminismo y la organización.

Y, sin dudas, sigue también más allá del 3 de junio. Mucho más allá. De otro modo hubiese sido imposible que el sábado a la noche, de vuelta a casa, camináramos sin miedo. Ni Una Menos expande sus fronteras a nuestras vidas todo el día y todos los días. No termina con la lectura del documento. Sigue cuando llegas a tu casa y te das cuenta que no estás sola, que nos estamos solas, porque somos un montón -cada vez más- las que queremos un mundo libre de machismo, estereotipos y violencias. Por eso estamos juntas en la calle, en las plazas, en los barrios, en las universidades. Tejiendo redes de amor y sororidad. Entendiendo que, si permanecemos juntas, venceremos.

Guardo en mi cuerpo esa sensación que me recorrió el sábado a la noche. La guardo en lo más profundo de mí. Me emociona saber que cuando estamos juntas nos sentimos libres. Sé que ese es nuestro as bajo la manga, nuestra herramienta más poderosa. Y sé también que, aunque los reclamos que nos convocan son dolorosos, nuestra comunión en la calle siempre es una primavera, una fiesta.  Que nos encontramos y bailamos con banderas, con pañuelos verdes y violetas, con canciones, con nuestros cuerpos como lienzos, desnudos y rebeldes. Allí está nuestro triunfo. Ahí, con esa llama que se expande, que nos une, que recuerda a todas las que no están, que le grita al Estado que es responsable de nuestras muertes, que pide por la soberanía de nuestros cuerpos, que dice basta a la violencia machista y patriarcal, que le muestra al mundo que nuestras vidas y nuestros deseos valen.  Porque Ni Una Menos es una declaración de principios, una voz que se alza, una furia infinita, una mujer que camina con otra por la calle y ya no siente miedo.

Nos queremos vivas y nos queremos libres. En ese camino andamos.

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