Comportamiento digital

Por: Martín Balzamo | Viernes 09 de Junio de 2017

Dice la sagrada Wikipedia que el correo electrónico o email comenzó a utilizarse en los años ‘60. La humanidad tiene vida digital hace más de medio siglo. Es lógico que hayan surgido en esa cantidad de años costumbres, reglas, buenos y malo usos, terminología propia. Lo digital y lo real van de la mano, uno influye sobre el otro, uno refleja al otro.

Una organización donde todo correo va dirigido a un analista, un líder, un jefe, un gerente y un director, muy probablemente sea un lugar donde los niveles jerárquicos no están muy marcados, donde todos hagan de todo, donde las decisiones sean más consensuadas que impuestas. Lo digital, el uso del correo, refleja lo real, la empresa.

Una organización moderna, con red social interna, con foros moderados probablemente sea un lugar donde la mesa chica a cargo tenga mucha autoridad. Los foros de Internet, o simplemente foros, otra vez según la sagrada Wikipedia, son sitios de discusión en línea, asincrónicos donde las personas publican mensajes alrededor de un tema. Los hay moderados y no moderados. En los primeros, una persona revisa todo mensaje o post, antes de que todos los vean. Asincrónico quiere decir que no hay un orden para hablar, que no se sincroniza la participación. Los foros tienen sus orígenes en los años ‘80. Al igual que con el correo electrónico usamos foros durante medio siglo. Las empresas quieren ser colaborativas digitalmente, que haya foros, que todos opinen, que el conocimiento se genere en blogs, en wikies que son wikipedias adentro de una organización. Pero pocas se animan a hacerlo sin moderación, por el temor de que alguien vierta una opinión inapropiada o haga uso indebido de una herramienta laboral.

Neteitqueta es un término que se utiliza para definir el buen comportamiento en la red. Así como hay protocolos para la vida real, para los encuentros físicos, hay protocolos para los contactos electrónicos. Netitquette, que es el nombre en inglés, establece diez reglas que pueden resumirse en dos: Ponerse en el lugar del otro siempre que utilicemos la red y pensar que el otro no es siempre como yo. Como protocolo es muy abstracto, de muy alto nivel, pero es bueno tenerlo siempre en cuenta.

A veces es útil razonar por analogía. ¿Me animaría a contarle cara a cara, a todas las personas a las cuales les estoy enviando esta información, tal o cual cosa? ¿Me animaría a decirle esto cara a cara? ¿Me animaría a decírselo a alguien en frente de otros? Hacerse estas preguntas antes de escribir algo en grupo de Whatsapp o de enviar un correo electrónico es un buen ejercicio.

Lo digital tiene su propia jerga. Y en esa jerga hay un nombre para el que tiene un comportamiento impropio: trol. Es una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, según la Wikipedia.

Debajo de las noticias de un diario se ve mucha gente enojada, mucho trol. Todos se acusan de ser un trol pago por alguna fuerza política. La política y el uso de redes sociales tiene muchas aristas: el de redes para formar opinión, para segmentar a la población, para organizar movilizaciones.

El spam o correo basura hace referencia a un mundo pasado donde recibíamos ofertas, promociones, autoayuda, chistes. Parece tan lejano. Probablemente el primer ejemplo de spam es aquel mensaje en un billete que dice algo de la forma: “Estoy preso en una cárcel… por favor copie este mensaje en seis billetes para que me vengan a rescatar”.

La idea atrás del spam puede ser estafar a alguien o llegar con ese mensaje a mucha gente. La creatividad a la hora de generar un mensaje masivo o un chiste no tiene límites. Y el spam resurge: hoy cobra vida en los grupos de Whatasapp.

Nos llega el mismo mensaje a todos los grupos a los que pertenecemos. El Negro bien dotado se nos aparece cuando menos lo pensamos. El mismo chiste sobre la visión de Higuain nos llega cuatro o cinco veces. ¿Faltará mucho para que le pase a Whatsapp lo que le pasó al email? Google nos divide el correo, por defecto, en correo principal, social y promociones. Desde ese día se acabó el spam.

Podríamos tratar de elaborar una regla sobre el criterio a la hora de reenviar algo. ¿Es necesario reenviar todo lo que recibimos? ¿No lo habíamos resuelto con Facebook, donde alguien podía postear algo interesante y debajo de dicho post se generaba un foro temático no moderado, la necesidad de mostrarle al mundo lo que nos interesa?

Es difícil explicar por qué Facebook se transformó en la red social de la familia, Instagram para las fotos, Tweeter para seguir a celebridades, periodistas o deportistas, Whatsapp para grupos, Telegram para políticos, Linkedin para lo laboral.

La clasificación de los distintos instrumentos digitales puede darnos una idea de buen uso. Si Linkedin es para lo laboral, contestar un acertijo matemático de niños de sexto grado en forma pública, no parece ser una buena idea. Decidir qué parte de mi vida quiero hacer pública a todo el mundo es un desafío: por seguridad, porque lo publicado queda por años, porque convivir con una vida pública no esperada es una carga.

Algunos consejos al usar un grupo de Whatsapp: ser conscientes de todos los que forman el grupo antes de enviar algo, entender si hay un tema prohibido en el mismo, descubrir quien funciona como moderador implícito. Una receta muy útil, ante la menor incomodidad de un mensaje, es borrarlo.

Mirar lo que hace el resto puede ser una buena heurística. Una heurística en sistemas es una estrategia que funciona la mayoría de las veces. Si en Facebook nadie te taggea, no taggees. Si ninguno de tus amigos postea el restaurante al que va, no lo hagas. Se trata de una heurística porque si te hace muy feliz mostrar fotos en Tweeter de atardeceres, no deberías dejar de hacerlo, aunque ningún amigo tuyo lo haga.

Y siempre recordar la frase de J.F. Leroy: "Twitter te hace creer que eres sabio, Instagram que eres fotógrafo y Facebook que tienes amigos. El despertar va a ser duro".

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