Los estertores de un ciclo político

Por: Ricardo Jaén (*) | Miércoles 27 de Septiembre de 2017

(*) El autor del artículo es analista de riesgo político.


Casi como una mini resistencia a un golpe de Estado en una ciudad de un país de opereta, cortado el tránsito y circulación de personas en un perímetro de cuadras determinado por la estrategia de defensa de la sede sindical, con barricadas, fuego y amenazas varias, un anacronismo viviente y sus “hombres”, en este caso del sindicalismo, se preparaba para resistir su detención.

Le siguieron un par de discursos frente a sus seguidores, uno de ellos desde un balconcito al cual sólo le faltaba Madonna (¿el culata de Moyano?).

El primero amenazando directamente al Gobierno, los ciudadanos y la propia ciudad.

El otro llamando “a la no violencia” como un verdadero estadista de barrio.

Entre tanto, las tropas de gendarmería avanzaban (haciendo acordar a un triste general que debía reprimir a los carapintadas) por la autopista que parece que se perdieron por alguna diagonal de la intrincada ciudad, porque nunca llegaron a los sucesos de la calle 44.

Después de alrededor de 10 horas de esta “resistencia heroica” y de jurar lucha hasta el final, una oportuna llamada de su abogado produjo un abrupto cambio de escenario: se dio a una precipitada fuga (que sería por poco tiempo) y sus seguidores se convirtieron rápidamente en expertos agentes de limpieza de calles, mientras otros “muchachos” procedían previa logística para asado nocturno a encerrarse y asegurar la mencionada sede.

Todo este espectáculo era trasmitido por televisión convirtiéndose en el gran programa de una tarde lluviosa y en un potencial aumento del caudal electoral para el oficialismo en los tres niveles, local, provincial y nacional.

Sólo faltaba la solidaridad de la Doctora para que el símbolo de cambio de ciclo político se acercara casi a la perfección. (Ya era mucho pedir)

Ni el propio Duran Barba podría haberlo diseñado tan bien.

La realidad sigue siendo más poderosa que la ficción política.

Es interesante observar algunos detalles de este acontecimiento como por ejemplo que la orden de detención partió de Quilmes y no de La Plata, como me lo hizo notar un avezado periodista amigo, que hace ya meses se viene anunciando un procedimiento de intervención sobre su seccional y que la bizarra escena montada en la calle 44 duró todo lo que el gobierno deseó que durara.

La noche marcó el fin de la aventura, con la oportuna detención del mismísimo líder sindical y parte de su familia, para todas las señales de noticias.

Nadie puede adelantar que el nuevo ciclo político (de una antojadiza periodización: 1870/1930, 1930/1983 y 1983/2015) que a mí juicio comenzó con el triunfo de Vidal en el 2015, sea mejor o peor, pero sí seguramente distinto.

 

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