Urbanismo a la deriva: otra grieta

Por: Daniel Horacio Martínez (*) | Martes 02 de Enero de 2018

Esto no es nuevo. Diríamos que desde hace más de veinte años viene amplificándose un conflicto entre “desarrollistas” -que sostienen que el crecimiento de la ciudad debe estimularse para asumir finalmente su rol de capitalidad- y los “conservadores” que sustentan que esa progresión tiene que desalentarse para poner fin a lo que ven como un deterioro de su morfología y habitabilidad originales. Mientras tanto, seguimos repitiendo desde hace varias décadas una frase (cómoda, correcta e irrefutable) que dice tanto pero no significa nada: “¿qué ciudad queremos?”. ¿Se puede responder tan categóricamente ese norte en una región de casi un millón de habitantes? ¿Es factible encontrar una metodología que nos represente a todos?

Tenemos una estructura estatal demasiado débil para que pueda intervenir en la problemática inmobiliaria ligada al planeamiento, el desarrollo edilicio y la preservación del patrimonio arquitectónico. La figura de la expropiación es lícita y válida pero conflictiva, compleja, extrema y excepcional. Se requiere de mecanismos más ágiles y audaces que propongan soluciones proactivas con lo ya normado (en términos de -por ejemplo- la transferencia de indicadores) y con todo lo ausente, que aún falta legislar: si así fuese, el Estado podría intervenir en este mercado adquiriendo predios, categorizarlos y “devolverlos” a la comunidad, pero para ello debe reforzar y flexibilizar su enfoque económico y financiero.

Mientras tanto, curiosa e inesperadamente, pareciera que lo predominante es la descalificación de la arquitectura como respuesta físico-espacial del crecimiento urbano. Y, por ende, una cierta desconfianza hacia la labor de los arquitectos, ingenieros y constructores. Y las normas que todavía limitan (a pesar de las modificaciones incorporadas en La Plata desde 2010) la libertad proyectual hasta niveles cercanos a la “humillación”. ¿No hay buenos arquitectos, ingenieros, técnicos, constructores? ¿No hay proyectos respetables? ¿Todos especulan? ¿Es imposible pensar de una vez en los concursos para obras e ideas de gran impacto? Curiosa duda, en una ciudad que posee un patrimonio intelectual y profesional como pocas en la región.

En tal escenario, será menester considerar que las transformaciones territoriales van siempre de la mano de los cambios provocados o impulsados por las fuerzas políticas y –de manera estrecha- con las tendencias culturales. Estas pujanzas se interrelacionan y se expresan concretamente en diferentes proyectos en pugna y frente a ello debiera concretarse un rasgo dominante y virtuoso: el protagonismo estatal articulando acciones productivas y equilibradas con la iniciativa privada: sana y moderna tendencia (en otras partes del mundo) que corresponde auspiciar con mayor firmeza.

No puede soslayarse que los desarrollos del hábitat siempre generan conflictos de intereses que la política debe considerar y equilibrar. Para ello, será menester contar con cuadros dirigenciales que puedan arbitrar, comprometidos con lecturas serias e inteligentes sobre los diagnósticos y pronósticos que los técnicos y especialistas acopien y difundan. La tarea debe ser interdisciplinaria, pero la preponderancia de los idóneos, sanamente inevitable. Todos podemos (y debemos) opinar en instancias iniciales, pero los ejes de implementación deben surgir de quienes no son legos en la construcción de la ciudad, la obra más compleja que ha creado la humanidad.

Las normativas vigentes disponen hoy de casi todas las herramientas para este logro. Las leyes provinciales en vigor -como el Decreto 8912/77 (de necesaria y urgente actualización) y la relativamente joven “Ley del Hábitat” pueden ser reglamentadas para producir sustentos positivos y de contenido federal, ya que lo “espirituoso” se encuentra comprendido en sus respectivos textos. Es allí donde la mirada política debiera ser respetuosa de la institucionalidad y del saber específico en esta especialidad, sin abdicar de su rol primordial en la construcción democrática. En La Plata, los consejos asesores como el CUOT o la CAP son claros ejemplos de participación posibles, con la garantía que supone el aporte de los Colegios Profesionales en su integración, incorporando conocimiento y experiencia en las complejas temáticas ligadas al urbanismo. También la UNLP y la UCALP pueden sumarse desde sus diferentes unidades académicas, aportando valor al resultado.

Es tiempo de cambios. Los recursos están disponibles.

 

(*) Arquitecto y Urbanista. Miembro de la Comisión de Ejercicio Profesional CAPBA Dist.1 Ex Director de Obras Particulares y Subsecretario de Planeamiento Urbano de la Municipalidad de La Plata. Ex Consejero del Colegio de Arquitectos-Distrito 1.

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