Por qué soy feminista

Por: Pilar Paini | Viernes 26 de Enero de 2018

#SoyFeminista porque a mí nunca me gustó hablar en voz baja, ni callarme, ni aceptar las cosas como están dadas. Tengo un irremediable espíritu crítico. Desde que soy chica pregunto, cuestiono, opino, digo lo que me gusta y lo que no. Siempre hablé mucho y fuerte. Fui delegada de mi curso. Leí en actos escolares. Siempre pregunté "¿por qué esto es así y no asá?"; "¿por qué no pude ser de otra manera?".

Durante muchos años escuché un eco susurrante que me decía que, por mi personalidad, yo era una mandona. Que tenía mal carácter, que hablaba mucho, que era exagerada, que era soberbia, que me iba a quedar sola y una larga lista de etcéteras en el mismo sentido.

Hasta que un día entendí que el tema no era conmigo. El tema era con mi género. Porque a una mujer siempre se la cuestiona y se la castiga cuando aspira a tener una voz propia o cuando persigue lugares de poder. Pero a un hombre no. Y esto es así hasta el punto en que, lo que en una mujer o niña es un defecto (“es mandona”, “es autoritaria”), en un varón es  ponderado como una virtud (“es una demostración de carácter”; "es fuerte", “tiene capacidad de liderazgo”).

Todavía recuerdo el impacto que sentí cuando me enteré de que J.K. Rowling no pudo usar su nombre para publicar Harry Potter, porque la editorial le dijo que los padres y madres de los niños/as no iban a comprar un libro escrito por una mujer. Imagínense por un segundo una situación inversa: ¿Alguien le diría a un hombre algo parecido? La respuesta es no. Porque la esfera de lo público siempre fue el lugar privilegiado de los hombres. Esa es la razón por la que conocemos a cientos de directores de cine, escritores, poetas, periodistas y conductores de radio y tele y vemos, en cambio, que son pocas las mujeres que ocupan esos espacios. Y no crean que es porque no nos gusta dirigir, ni escribir, ni contar historias, ni crear versos bonitos. Todo lo contrario.

Decía, entonces, que un buen día entendí que el tema no era conmigo. Que el "problema" era ser mujer. Sin embargo, ese hallazgo no me bastaba para definirme feminista. Porque el feminismo tenía -y tiene- muy mala prensa. Es una palabra que mete miedo. Algo parecido a lo que pasa en la saga Harry Potter, en la que todos tienen cagazo de nombrar a Voldemort, pero con la enorme diferencia de que Voldemort es oscuro y segregacionista y el feminismo no. Porque, aunque muchos no lo sepan, el feminismo tiene un profundo sentido de la igualdad y de la justicia. Lo que pasa es que está estigmatizado. Todos los días leemos o escuchamos: "Las feministas odian a los hombres"; "El feminismo es como el machismo pero al revés"; "¿Por qué si buscan igualdad no le dicen igualismo?"; “El feminismo cree que las mujeres son superiores que los hombres”.

Pero no. El feminismo no es eso. La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichielo lo explica mejor que yo: “Hay gente que pregunta: '¿Por qué usar la palabra “feminista”? ¿Por qué no decir simplemente que crees en los derechos humanos o algo parecido?' Pues porque no sería honesto y no sería justo. Elegir usar la expresión genérica “derechos humanos” supone negar el problema específico y particular del género. Es una forma de fingir que no han sido las mujeres quienes se han visto excluidas durante siglos. Es una forma de negar que el problema del género pone a las mujeres en el punto de mira. Que tradicionalmente el problema no era ser humano, sino concretamente ser una humana de sexo femenino”.

Así que, pasando en limpio, las feministas no odiamos a los hombres, no somos machistas “pero al revés” y elegimos usar la –tan temida– palabra porque decidimos denunciar públicamente que somos nosotras las que sufrimos la cosificación, el acoso, la infantilización y la violencia física, simbólica y económica sistemáticamente y desde tiempos inmemoriales. Y si es así, ¿por qué no deberíamos decirlo?; ¿por qué tener miedo a expresarlo?.

En fin. Cada una tendrá sus razones. Yo soy feminista porque reivindico la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. Soy feminista porque quiero que hombres y mujeres cobremos iguales salarios. Soy feminista porque quiero un mundo sin etiquetas: ni rosa ni celeste, ni autitos ni cocinitas, ni niños/as que crezcan escuchando que no pueden hacer tal o cual cosa porque "es de nene/a".

Soy feminista porque siento que es urgente; porque en lo que va del 2018 asesinaron a 13 mujeres en Argentina. Soy feminista porque quiero construir un mundo en el que no tenga que tener miedo de salir a la calle. Soy feminista porque creo que el feminismo no está en contra de nadie, sino a favor de todos/as. Y soy feminista porque, como dije, siempre tuve una tendencia a preguntarme por qué las cosas eran así (y no asá) y por qué no podían ser de otra manera.  Así que soy feminista porque pienso que si muchas y muchos nos preguntamos sobre este presente desigual, quizás estemos a tiempo de lograr que el futuro sea mejor y sea distinto.

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