El Día Internacional de la Mujer 2026 expone una realidad alarmante: el 64,2% de las personas con menores ingresos son mujeres y la tasa de desempleo femenino trepó al 7,4%, afectando especialmente a las jóvenes. La desigualdad económica se profundiza en un contexto de recortes en políticas públicas.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) revela que el 64,2% de las personas con menores ingresos son mujeres. La desocupación femenina alcanzó el 7,4% y golpea con más fuerza a las jóvenes, en un escenario de creciente precarización y debilitamiento de políticas públicas.
Radiografía de la desigualdad
- Ingreso desigual: Las mujeres representan casi dos tercios de la población con menores ingresos, consolidando un patrón estructural de pobreza feminizada.
- Desempleo en alza: La tasa de desocupación femenina llegó al 7,4%, frente al 5,9% de los varones, según la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2025.
- Juventud más afectada: El desempleo golpea con mayor intensidad a las mujeres jóvenes, quienes enfrentan mayores barreras de acceso al mercado laboral.
Contexto político y económico
- Recortes en políticas públicas: El informe advierte que el desmantelamiento de programas de inclusión y equidad profundizó la brecha de género en el mercado laboral.
- Precarización creciente: La mayoría de las mujeres ocupadas se concentran en sectores de baja remuneración y alta informalidad, lo que limita sus posibilidades de movilidad social.
- Brecha empresarial: Apenas el 17% de las empresas en Argentina son lideradas por mujeres, lo que refleja la desigual distribución del poder económico.
Impacto social y territorial
- Feminización de la pobreza: La desigualdad de ingresos se traduce en mayores dificultades para acceder a vivienda, salud y educación, afectando especialmente a hogares monoparentales encabezados por mujeres.
- Territorios vulnerables: En provincias y ciudades con menor dinamismo económico, como el conurbano bonaerense y el norte argentino, la brecha de género se amplifica.
- Movilización social: El 8M se convierte en un espacio de denuncia y visibilización de estas desigualdades, con demandas de políticas públicas que garanticen empleo digno y equidad salarial.
El 8M no solo es una jornada de conmemoración, sino también un espejo de las desigualdades estructurales que persisten y se profundizan. La feminización de la pobreza y el desempleo juvenil femenino son señales de alarma que interpelan tanto al Estado como a la sociedad civil. La agenda de género exige respuestas urgentes para revertir un escenario que amenaza con consolidar la exclusión de millones de mujeres.


