Lunes 8 de junio de 2026
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«Yo le doy un beso de tu parte»: la viuda del Indio Solari contuvo a una fanática que había perdido a su madre

Virginia «Viru» Mones Ruiz protagonizó uno de los momentos más emotivos del velatorio en el Gatica: le tomó el rostro entre las manos a una joven que lloraba desconsolada y la abrazó frente al féretro.

En medio de la marea humana que colmó el Polideportivo José María Gatica de Avellaneda para despedir a Carlos «Indio» Solari, hubo un instante que se impuso por sobre el ruido y la multitud. Virginia «Viru» Mones Ruiz, viuda del músico y su compañera de vida durante más de cuatro décadas, se detuvo frente a una fanática que había roto en llanto y la contuvo como pudo haberlo hecho cualquier persona que entiende el dolor desde adentro.

La escena fue captada en video por alguien entre el público y se viralizó rápidamente en redes sociales.

La historia detrás del llanto

La joven había pasado junto al ataúd del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, y quedó al borde del derrumbe. Mones Ruiz la tomó del rostro con las dos manos.
«Tranquilizate. Yo le doy un beso al Indio de tu parte», le dijo.

Lo que siguió fue todavía más desgarrador: según se escucha en la filmación, la fanática se había enterado de la muerte de Solari mientras estaba en el entierro de su propia madre. «Todo lo que me salvó», repetía con la voz quebrada.

”Seguí caminando, fuerte. Llorá todo lo que quieras», respondió la viuda.

Otros ricoteros que estaban cerca también le gritaron: «Viru, fuiste la mejor compañera que tuvo en toda su vida». Ella respondió con un «gracias» visiblemente emocionada.

Una historia de amor que empezó en La Plata

El vínculo entre el Indio y Virginia no fue casual ni rápido. Se conocieron a comienzos de 1981, en la casa de un amigo en La Plata, cuando Solari volvía sin un peso de una experiencia en la costa. Según relató el propio músico en su autobiografía Recuerdos que mienten un poco (2019), escrita junto al periodista Marcelo Figueras, Virginia era amiga del secundario de la mujer del Mufercho —Sergio Martínez, el primer maestro de ceremonias de los Redondos.

«Nos ligamos el mismo día en que nos conocimos», contó Solari en ese libro. La pareja se casó en 1988 y permaneció unida hasta su muerte, el pasado 5 de junio, a los 77 años.

La conexión con La Plata no es solo anecdótica: la ciudad fue el epicentro de los primeros años de los Redondos, y miles de platenses se movilizaron hasta Avellaneda para dar el último adiós al músico que, en buena medida, encontró su identidad artística en estas calles.

¿Qué sigue?

El velatorio en el Gatica ya cerró sus puertas. La familia emitió un comunicado final agradeciendo la presencia masiva y pidiendo que «su música no pare nunca más». En el Congreso, mientras tanto, ya circula un proyecto para declarar el 5 de junio como el Día Nacional de la Cultura Ricotera y el Pogo. Si prospera, la fecha en que murió el Indio podría convertirse en una conmemoración oficial de una cultura popular que no necesitó del Estado para construir su propio culto.

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