Un nuevo estudio de la Universidad Nacional de La Plata pone en duda la magnitud de la baja de la pobreza que mide el INDEC. Según los investigadores, parte de esa mejora podría explicarse por la metodología y no por cambios reales en las condiciones de vida.
Qué encontró el estudio
El trabajo fue elaborado por Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. Los investigadores no cuestionan los datos del INDEC. Sin embargo, sí analizan cómo el método de medición puede distorsionar los resultados.
Según las cifras oficiales, la pobreza pasó de superar el 50% en el primer semestre de 2024 a ubicarse cerca del 30% en el primer semestre de 2025. Esa caída superó los 10 puntos porcentuales. No obstante, los investigadores remarcan que no hubo mejoras equivalentes en el empleo, los salarios o el gasto social que la justifiquen.

Los tres factores que distorsionan la medición
El estudio identificó tres problemas técnicos. El primero es el desfasaje temporal entre los ingresos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares y los precios que se usan para calcular la canasta básica. En contextos de alta inflación, ese desajuste sobreestima la caída de la pobreza.
El segundo factor es el «subreporte»: muchas personas no declaran todos sus ingresos en las encuestas. Por eso, cuando la inflación baja y la gente declara mejor sus ingresos, los datos muestran una mejora que no siempre es real.
El tercer punto tiene que ver con la canasta básica de referencia. Esa canasta se basa en patrones de consumo de hace casi dos décadas. Sin embargo, hoy los servicios como las tarifas, el transporte y los alquileres pesan mucho más en el presupuesto familiar.
De 10 puntos a apenas 1,7
Al corregir los tres factores en conjunto, el resultado cambia por completo. Mientras el INDEC registró una baja de más de 10 puntos porcentuales, el estudio del Cedlas estima que la reducción real habría sido de apenas 1,7 puntos en el mismo período.
En consecuencia, los investigadores concluyen que buena parte de la mejora que muestran las estadísticas responde a la forma de medir, y no a una transformación real en las condiciones de vida de la población.
Una discusión que ya circulaba en la región
Como viene informando InfoPlatense, este no es el primer cuestionamiento a la forma en que se mide la pobreza en la Argentina. Desde la UCA también señalaron que el INDEC usa una canasta basada en patrones de consumo de 2004 y 2005, desactualizada frente a la estructura de gastos actual. Por su parte, un informe del Banco Provincia advirtió en el mismo sentido sobre la velocidad con que se actualizan esos valores frente a la inflación.
Además, en el Gran La Plata la situación sigue siendo alarmante: el 31,5% de las personas y el 23,6% de los hogares continúan en la pobreza, pese a la baja que muestran los datos a nivel nacional.
No es solo una cuestión técnica
La doctora María Eugenia Rausky, socióloga de la UNLP, agregó otra capa al debate. Según explicó, la medición de la pobreza «depende de definiciones y decisiones que tienen un indudable trasfondo político». Por eso, propone complementar los datos de ingresos con estudios cualitativos que reflejen cómo viven la pobreza quienes la atraviesan, más allá de los números.


