Sábado 11 de julio de 2026
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Piedras, parabrisas rotos y once autos varados: el método del robo en trampa que volvió a la Autopista en el ingreso a La Plata

No es un accidente ni un juego. Es un método. Personas apostadas al costado de la Autopista La Plata-Buenos Aires arrojan piedras contra los vehículos en movimiento para forzarlos a detenerse. Después los roban. Este fin de semana, el modus operandi volvió a golpear en uno de los puntos más nuevos de la traza: la bajada de la avenida 520.

Más de once autos terminaron con los vidrios rotos en las inmediaciones del kilómetro 50, a poco de pasar el puente que da inicio a la nueva salida hacia la ciudad. Ninguno de los conductores resultó herido. Todos, sin embargo, quedaron varados en la banquina esperando auxilio.

El mensaje que se viralizó

El alerta llegó primero por WhatsApp. Una de las conductoras afectadas grabó un audio y lo envió a familiares y allegados para advertirles sobre lo que estaba pasando.

«Somos once autos los que estamos detenidos porque nos rompieron el auto para robarnos. No nos pasó nada a ninguno», se escucha decir a la mujer en la grabación. El audio no tardó en circular entre vecinos de la zona y grupos de conductores habituales de la autopista.

El relato describe un escenario que se repite. Distintas personas, apostadas en la banquina o en zonas de monte a los costados de la traza, esperan el paso de los vehículos y arrojan objetos pesados. El objetivo es provocar el freno del conductor. Una vez detenido, el auto queda expuesto al asalto.

Una obra nueva, un problema viejo

La zona afectada no es casual. La nueva bajada de la avenida 520 fue inaugurada hace pocos meses como una mejora para el acceso sur a La Plata. La obra reducía la presión sobre otros ingresos a la ciudad. Pero también creó un nuevo punto de tránsito que los delincuentes identificaron rápidamente.

Los ataques en la zona del kilómetro 50 no son novedad. Lo que preocupa ahora es la frecuencia y la escala. Los propios vecinos aseguran que los episodios son cada vez más seguidos y que la cantidad de damnificados está en franco aumento.

El micro de la Línea 129 y una pasajera herida

El ataque de este fin de semana no es el primero en semanas recientes. A comienzos de mayo, un micro de la Línea 129 —empresa Misión Buenos Aires— fue blanco de una pedrada mientras circulaba desde La Plata hacia Capital Federal, a la altura de Quilmes.

En esa oportunidad, el impacto destruyó una ventanilla lateral. Una pasajera sufrió heridas por el golpe y los restos de vidrio que salieron despedidos. Lo que sumó indignación fue la reacción del chofer: no detuvo la marcha para asistirla. El micro continuó viaje con la ventana destrozada, exponiendo a todos los pasajeros al viento y al riesgo de nuevos impactos.

Qué dicen quienes lo vivieron

Quienes ya fueron víctimas dejaron dos recomendaciones en grupos de conductores y redes sociales.

La primera es no circular junto a la banquina. Los agresores se ubican sobre el costado de la traza, por lo que mantener el auto lo más lejos posible del borde reduce el riesgo de impacto. La segunda es no detenerse ante un piedrazo, salvo en un lugar iluminado y con presencia de otras personas. Frenar en el lugar del ataque equivale a quedar a disposición de quienes arrojaron la piedra.

Sin embargo, ese tipo de precaución no debería recaer sobre los conductores. El reclamo que se repite en cada episodio es el mismo: más controles en la traza, presencia policial en los puntos conflictivos y alguna respuesta concreta de AUBASA, la empresa concesionaria que gestiona la autopista.

Una ruta con nuevas salidas pero sin seguridad

La Autopista La Plata-Buenos Aires es una de las vías de mayor tránsito del Conurbano sur. La recorren a diario miles de personas que viajan por trabajo, estudio o traslado. La nueva bajada de 520 sumó accesibilidad. Pero accesibilidad sin control policial no alcanza.

El problema de las pedradas lleva años instalado en distintos tramos de la traza. Cada vez que amaina, regresa con más fuerza. Por ahora, los conductores piden lo que siempre: que alguien les preste atención antes de que haya que lamentar algo peor que un parabrisas roto.

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