Lunes 13 de julio de 2026
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Sentirse clase baja llegando al día 20, la encuesta que le pone número al deterioro

Como informamos en anteriores entregas del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, el malestar económico se consolidó en 2026 como el dato de fondo de la Argentina.

La medición de junio, realizada sobre 1.297 casos válidos entre el 15 y el 22 de ese mes, confirma que ese malestar dejó de ser una percepción difusa para convertirse en un patrón estructural con anclaje directo en el bolsillo: el 50,2% de los argentinos se autopercibe de clase baja, el 86,1% asegura que su salario no le gana a la inflación y el 61% llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes.

La pirámide social invertida

La autopercepción de clase confirma una sociedad que se ubica mayoritariamente en la base. El 50,2% se define como clase baja, contra apenas un 10,5% que se reconoce en la clase alta. El resto —cerca de cuatro de cada diez— se percibe de clase media.

Este dato, sin embargo, no opera como una etiqueta aislada. En el informe de Zentrix se convierte en la clave explicativa de todo lo demás: cuando se lo cruza con la experiencia concreta del ingreso, la autopercepción se confirma número por número. Por eso el diagnóstico deja de ser una sensación y se vuelve un patrón sistemático.

El salario que no alcanza

El 86,1% de los encuestados afirma que su ingreso no le está ganando a la inflación. Ese número se ubica apenas por debajo del máximo histórico de la serie, registrado en abril (86,6%), y confirma que desde marzo el indicador se mantiene estable en una franja alta sin señales de mejora.

La estabilización del dato no debería leerse como buena noticia. Significa que la sociedad lleva ya un tercio de año conviviendo con la misma sensación de pérdida, sin que la desaceleración de la inflación general alcance para revertirla.

Lo que agrega profundidad al número es su distribución política. Entre los propios votantes del oficialismo, el 70,2% reconoce que su salario pierde contra la inflación. Entre los votantes opositores, esa cifra trepa al 96,6%. La brecha es amplia, pero lo que separa a ambos electorados no es si el ajuste existe —lo sienten los dos— sino cómo se lo interpreta: como costo de una transición en curso para unos, como prueba de un fracaso para otros.

El día 20: cuando el calendario se convierte en un diagnóstico

La pérdida de poder adquisitivo tiene una fecha concreta en el calendario. El 61% de los encuestados llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes. Solo el 13% llega a fin de mes y logra ahorrar.

Ahí es donde la autopercepción de clase deja de ser simbólica. Entre los sectores de clase alta, solo el 11,8% se queda sin ingresos antes del día 20. Entre la clase media, esa cifra trepa al 43%. Entre la clase baja, llega al 86,1%: el mismo número que, a nivel país, dice perder contra la inflación. No es una coincidencia: desde dos preguntas distintas del estudio, ambos indicadores describen exactamente el mismo fenómeno.

Para la mitad de la Argentina que se percibe pobre, quedarse sin salario antes de fin de mes dejó de ser la excepción para convertirse en la norma con la que se convive todos los meses.

La desconfianza en el dato oficial

El 68,8% considera que el índice del INDEC no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria. Entre los sectores de clase baja, esa desconfianza es unos 15 puntos mayor que el promedio nacional, rozando el 84%.

La lógica es directa: quien vive al límite del día 20 tiene menos margen para creer que los precios subieron solo lo que dice el organismo estadístico. Y esa misma lógica se proyecta hacia el futuro: el 55,1% cree que «lo peor está por venir» en materia económica, contra apenas el 24% que considera que lo peor ya pasó.

La brecha política en este punto es de las más nítidas de todo el estudio. Entre los votantes de Milei en 2025, el 55,4% cree que lo peor ya pasó. Entre los votantes de la oposición, solo el 3,4% piensa lo mismo.

La corrupción, antes que la economía

Ese cuadro de ajuste generalizado también ordena la agenda de preocupaciones. Cuando se pregunta sin opciones cerradas cuál es en una sola palabra el principal problema del país, corrupción es la respuesta más repetida. Milei aparece en segundo lugar, por delante de economía.

En la pregunta cerrada de preocupaciones, los números lo confirman: corrupción lidera con el 51,3%, apenas por delante de ingresos y salario (48,2%) y de la incertidumbre económica (37,1%). Que la corrupción encabece la mención espontánea es la forma en que una sociedad que vive el ajuste en el cuerpo canaliza ese malestar hacia una explicación moral y política antes que estrictamente económica.

El freno en la desaprobación y lo que no cambia

En este contexto, el dato político de junio llama la atención por contraste. La desaprobación a la gestión de Milei, que venía en ascenso desde marzo y tocó un pico del 61,2% en mayo, retrocedió en junio al 56,6%. La aprobación pasó del 32,2% al 33,2%.

Es un freno acotado. No implica reversión de tendencia, sino que el deterioro dejó de profundizarse. Una lectura posible es que buena parte de la sociedad ya «descontó» el ajuste como parte del paisaje: cuando el deterioro se estabiliza en un piso alto durante varios meses, deja de operar como sorpresa negativa capaz de erosionar más la imagen presidencial.

El desgaste es general: Bregman, la única con balance positivo

El desgaste, en todo caso, no es exclusivo del oficialismo. De las cuatro figuras relevadas, tres tienen balance neto de imagen negativo: Milei (-22,4 puntos porcentuales), Kicillof (-13,8) y Bullrich (-13,3). Solo Myriam Bregman muestra un balance positivo (+3,8 pp), con la mejor imagen positiva del grupo (44,1%).

El crecimiento de Bregman parece estar capitalizando a un electorado que no encuentra representación plena ni en el kirchnerismo ni en el peronismo más tradicional. Ambos espacios, absorbidos por sus disputas internas, no logran generar un debate de propuestas que interpele a una sociedad que reclama alternativas. Ese vacío es el que el espacio de izquierda parece estar ocupando, al menos por ahora.

En la práctica, Milei enfrenta una oposición más ocupada en sus conflictos internos que en capitalizar el malestar. Eso le despeja el escenario. La condición para que 2027 sea manejable sigue siendo la misma: que la mejora macro llegue, antes de las elecciones, a los ingresos y al día a día de las familias.

Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, relevamiento de junio de 2026 sobre 1.297 casos válidos con cobertura nacional, margen de error ±2,7%, nivel de confianza del 95%.


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