El consumo de carne vacuna en Argentina registró entre enero y julio de 2026 un promedio de 46,3 kilos anuales por habitante, según el informe mensual de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra). La cifra representa una caída del 9,4% respecto al mismo período de 2025. Además, el volumen destinado al mercado doméstico cayó un 12% interanual: 163.400 toneladas menos de carne vacuna se volcaron al mercado interno en esos siete meses.
El dato más elocuente surge de la comparación histórica. El consumo actual se encuentra casi 20 kilos por habitante por debajo de los niveles de 2001, cuando la crisis ya castigaba fuerte a la Argentina. El país que se definía por su relación con el asado acumula así una caída sostenida que los números de este año profundizan.
Los carniceros lo ven en el mostrador: el cliente ya no pide por kilo
La estadística tiene un correlato cotidiano en las carnicerías. Diego Salvo, carnicero de Mataderos, aseguró que vende entre el 30% y el 40% menos que hace diez años, aunque el tránsito de clientes se mantiene. La diferencia está en lo que llevan: «Los que compraban dos kilos ahora llevan uno. Los que compraban uno, llevan medio».
Por su parte, Sergio Pepelo, carnicero de Córdoba capital, describió el mismo patrón. El cliente ya no pide por peso, sino por monto: «Te vienen, te buscan así: dame tres mil pesos de lo más económico, como una aguja parrillera, bocado fino, molida. En crisis notás mucho la venta de la molida». Asimismo, Salvo resumió el corrimiento en los hábitos con una imagen concreta: «El argentino es carnívoro, llega el fin de semana y quiere comer el asadito. Hoy no come asado, come falda».
Pollo y cerdo ganaron terreno frente a la carne vacuna
La pérdida de poder adquisitivo desplazó la demanda hacia otras proteínas más accesibles. Salvo indicó que «la gente se ha volcado totalmente a cortes mucho más baratos como el pollo y el cerdo, que es casi el 50%». En su local, el kilo de pollo cuesta $3.500, frente a $12.000 de la carne picada más económica y $18.500 de la nalga para milanesa.
En Córdoba, Pepelo ubicó la nalga de ternero en $20.000 el kilo y la colita de cuadril en $20.000, mientras un chuletón de cerdo llega a $6.000. «Antes no había tanta diferencia. Hace muchos años, el matambre de cerdo y la costilla estaban muy parecidos a la carne. Hoy están mucho más baratos», señaló. Además, ambos comerciantes coinciden en que la compra diaria reemplazó a la compra semanal por kilos.
El asado de fin de semana para cuatro personas cuesta entre $32.000 y $40.000
Los precios relevados por ambos carniceros permiten dimensionar el esfuerzo que implica una comida que antes era habitual. Un asado básico para cuatro personas, con dos kilos de mercadería, cuesta entre $32.000 y $35.000 en Buenos Aires y entre $38.000 y $40.000 en Córdoba.
Frente a ese escenario, los dos comerciantes apuntan al mismo diagnóstico. «El tema no es que la carne está tan cara, lo que pasa es que tenemos los bolsillos flacos», sostuvo Salvo. Por su parte, Pepelo pidió una mejora en los salarios: «Tiene que mejorar un poco el tema de los sueldos, porque la gente llega a mitad de mes y ya está sin plata». En tanto, Salvo señaló también la presión sobre los comercios: «El carnicero tiene que cobrar un poquito más caro porque no cubre los gastos y la gente no tiene plata, entonces no puede comprar». Él mismo mantiene su negocio con un costo operativo de entre $25 y $30 millones mensuales.
De esta manera, el mínimo histórico en el consumo de carne vacuna no es solo un número de Ciccra. También es la suma de miles de decisiones en el mostrador, donde el asado cedió lugar a la falda, el pollo reemplazó al asado y el monto disponible dicta qué entra en la bolsa.


