Viernes 4 de septiembre de 2026
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Milei se «malvinizó» ante el avance de Sea Lion y con 2027 en el horizonte

Javier Milei tardó 33 meses en descubrir que las Malvinas son argentinas. La cadena nacional del jueves fue el giro más audaz de su gestión. También fue el más difícil de explicar sin el calendario electoral.

El decreto no construye nada nuevo. La base naval que prometió ya fue anunciada en 2024 y nunca se edificó. Además, las sanciones apuntan a un proyecto con financiamiento ya cerrado.

El giro malvinero de Milei ante la causa Malvinas reunió a una oposición que rara vez coincide. Desde el peronismo hasta la izquierda, todos usaron la misma palabra: oportunismo. En tanto, en el Ministerio de Economía crecía la preocupación por el oro del Banco Central guardado en Londres.

El fan de Thatcher que encontró la causa

Para entender el escepticismo, hay que remontar al origen. Milei llegó al poder declarándose fan de Margaret Thatcher. Sin embargo, Thatcher fue quien en 1982 ordenó recuperar las islas por la fuerza.

En campaña, Milei sostuvo que Argentina debía asumir las consecuencias de haber perdido la guerra. También se acercó a reconocer el derecho de autodeterminación de los kelpers, posición contraria a la histórica argentina.

Ya en el gobierno, su primera canciller firmó acuerdos con Londres sin plantear la soberanía. El actual canciller Pablo Quirno fue descripto como alguien que quería entregar las islas. Además, un funcionario de Comunicación Digital llamó públicamente a las islas Falkland.

El 2 de abril de 2025, Milei rozó el reconocimiento al derecho de autodeterminación kelper. En julio de 2026, el patrullero HMS Medway navegó sin permiso en aguas argentinas. Sin embargo, la Cancillería protestó tarde y sin énfasis.

Ese mismo mes, el buque VS Promise atracó en Ushuaia sin ninguna sanción oficial. De esta manera, ese historial define el contexto de lo anunciado el jueves.

Por qué ahora: el disparador y el calendario

El 10 de diciembre de 2025, Navitas y Rockhopper tomaron la decisión final de inversión en Sea Lion. Eso significa contratos firmados y financiamiento de USD 1.000 millones comprometido. Sin embargo, el Gobierno de Milei no hizo nada durante los 267 días siguientes.

Ningún decreto, ninguna sanción, ningún llamado a embajador en ese período. Un directivo de Navitas afirmó que el proyecto avanzó «sin ninguna interferencia del Gobierno argentino». Además, declaró que se podía entender que Milei apoyaba el derecho de autodeterminación de los kelpers.

Sea Lion prevé una inversión total de USD 1.800 millones. También contempla una capacidad inicial de 50.000 barriles diarios, ampliable a 180.000, con primer petróleo en 2028. Por eso, el avance real del proyecto le quitó a Milei la coartada de la inacción.

A eso se sumó el Mundial 2026. Argentina venció a Inglaterra en semifinales y sus jugadores exhibieron una bandera con el reclamo soberano. De esa manera, la causa volvió al centro de la agenda sin participación del Gobierno.

El tercer factor es el electoral. Las legislativas de octubre de 2027 son el horizonte inmediato para La Libertad Avanza. Además, Milei necesita un tema de unidad que trascienda la grieta económica del ajuste.

Malvinas es exactamente eso: una causa transversal y emocionalmente potente. También convoca al votante libertario y al peronista al mismo tiempo. Por eso, el ministro Carlos Bianco lo cuantificó sin rodeos: «267 días tardó el fan de Thatcher en cumplir la ley. Ahora lo hace de manera oportunista.»

La contradicción ideológica que el Gobierno no puede resolver

Milei es el presidente más antiestatalista de la historia argentina reciente. Su doctrina es clara: el Estado no debe interferir en decisiones empresariales privadas. Sin embargo, la propuesta del jueves es exactamente lo contrario.

El plan convoca decretos, sumarios, inhabilitaciones y declaraciones juradas para bloquear a empresas privadas. Asimismo, propone un Consejo de Seguridad Nacional para coordinar esa intervención. De esta manera, el gobierno de la libertad de mercado apela ahora a toda la fuerza del Estado.

La única salida sería plantear que Malvinas es una excepción soberana al liberalismo. Milei nunca construyó ese razonamiento de manera explícita y consistente. En cambio, dio vuelta su posición en quince minutos, sin ningún contexto doctrinario.

Los anuncios y su alcance real

La cadena tuvo cuatro pilares. Primero, endurecer la Ley 26.659 de 2011 mediante un DNU. Segundo, enviar al Congreso un proyecto para ampliar sanciones a accionistas y directivos de las empresas.

Tercero, dotar de recursos al Ministerio de Defensa para la base naval en Tierra del Fuego. Cuarto, incorporar declaraciones juradas soberanas en los trámites del RIGI. Sin embargo, ninguna de esas medidas es completamente nueva.

La Ley 26.659 ya existía desde 2011 y ya permitía sancionar a Navitas y Rockhopper. Argentina sancionó a Rockhopper en 2013 y a Navitas en 2022 con esa misma herramienta. Además, ambas empresas siguen operando en las islas hoy.

El Decreto 868/2026 designó a la Cancillería como autoridad de aplicación de la ley. También estableció plazos: cinco días para comunicar infracciones y diez para las resoluciones administrativas. De esa manera, formalizó procedimientos que la norma ya contemplaba desde antes.

La base naval es el ejemplo más revelador del patrón. Milei la anunció por primera vez en abril de 2024 junto a la generala estadounidense Laura Richardson. Sin embargo, nunca se construyó y ahora la relanzó por decreto.

El presupuesto de Defensa representa apenas el 0,6% del PBI. Para un reequipamiento mínimo, se necesitaría al menos el 2%. Además, Milei eliminó el Fondef, recortó fondos de entrenamiento y cerró la base de Punta Indio.

Los F-16 adquiridos tienen una restricción pactada con el propio Reino Unido. No cuentan con radar ni alcance para operar en el Atlántico Sur. Por su parte, el presidente de la Liga Naval fue categórico: ningún militar irá a una guerra cobrando 1.300.000 pesos.

«No tendrán efectos materiales»: empresas y Reino Unido rechazan el giro

Rockhopper y Navitas emitieron un comunicado conjunto pocas horas después de la cadena. Sus licencias son «legalmente otorgadas» y tienen «apoyo total y continuo del Gobierno británico». Por eso, afirmaron que los anuncios «no tendrán efectos materiales» en Sea Lion.

Los mercados procesaron la situación de otra manera. Rockhopper retrocedió más del 5% en la Bolsa de Londres. Asimismo, Navitas cedió en torno al 2% en Tel Aviv durante la jornada del viernes.

El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, fue tajante al responder. «La declaración de Milei nos dice más sobre la política interna argentina que sobre las Malvinas», afirmó. También calificó el compromiso del Reino Unido de «absoluto e inquebrantable».

El canciller Ed Miliband calificó la posición británica de «inamovible». Ambos funcionarios reivindicaron el principio de autodeterminación que Milei rechazó en su discurso. De esta manera, Londres cerró toda apertura diplomática inmediata al reclamo argentino.

Santiago Caputo escribió la cadena. Luis Caputo no la suscribió

El operativo tuvo un protagonista en las sombras: Santiago Caputo, asesor presidencial. También tuvo un ausente notable: el ministro de Economía, Luis Caputo. La diferencia entre ambos no es un dato menor.

El ministro teme que la escalada con Londres genere represalias sobre activos argentinos. La pregunta concreta que inquieta a su entorno es sobre el oro del Banco Central. Sin embargo, el Central nunca reveló cuánto salió del país ni cuál fue el destino final.

Las versiones más sólidas del mercado ubican los lingotes en Londres. Si eso es así, la ofensiva soberanista puede dejar activos argentinos expuestos a una represalia británica. Además, la Argentina Week —encuentro para atraer inversores en Londres— quedaría en un clima bilateral mucho más tenso.

La tensión entre ambos Caputo expresa algo más profundo. La cadena fue una decisión política unilateral, no una política de Estado coordinada. De esa manera, se revela en el timing, en el contenido y en las reacciones del área económica.

La oposición unificó el rechazo: oportunismo ante Milei y Malvinas

La crítica fue transversal e inmediata. Desde el peronismo hasta la izquierda, todos usaron la misma palabra. Por su parte, Germán Martínez lo resumió: «En 33 meses Milei no aportó nada significativo por la cuestión Malvinas.»

Santiago Cafiero eligió una imagen: «El admirador de Thatcher tuvo que recular en chancletas.» También recordó que la política exterior que Milei ahora retoma la construyó el kirchnerismo. En ese sentido, la paradoja es que el gobierno más antiperonista de la historia adopta la agenda malvinera del peronismo.

César Milani fue el más duro de todos. Calificó el anuncio como «la payasada demagógica electoral más berreta de la historia». Además, señaló la contradicción de declarar soberanía mientras permiten amarrar buques petroleros británicos en el puerto de Ushuaia.

Malena Galmarini preguntó lo que muchos pensaban: «¿Quiere recuperar las Malvinas para ofrendarlas a Trump?» Myriam Bregman cuestionó la creación del Consejo de Seguridad Nacional. Por otro lado, advirtió que «no será para perseguir a Netanyahu ni a los que mandaron a Navitas a las islas».

También hubo voces matizadas. Ricardo Alfonsín reconoció la paradoja sin rodeos: «Todo lo que dijo Milei es lo que desde que asumió le reclamaba la oposición.» Por su parte, Agustín Rossi destacó que Milei reconoció por primera vez que los isleños son una población implantada.

Daniel Filmus celebró la convocatoria a la unidad, pero preguntó lo mismo que todos. «¿Por qué no aplicó las leyes estos dos años y medio?», cuestionó. En tanto, Pablo Juliano reclamó que la política de Malvinas sea una construcción de Estado y no un gesto unilateral.

El riesgo del precedente: la sombra de Galtieri

La comparación con Galtieri que hizo Taiana no es retórica vacía. El general tomó Malvinas en 1982 para distraer de la crisis y consolidar un régimen que se desmoronaba. Sin embargo, la aventura terminó en la derrota más humillante de la historia militar argentina.

Milei no atraviesa ese nivel de crisis institucional. Pero sí enfrenta un 2027 con preguntas abiertas sobre empleo, salarios y costo de vida. Por eso, Taiana lo acusó de querer «galtierizar» su figura de cara a las elecciones.

Usar Malvinas como bandera electoral no es lo mismo que tener una política de Estado. La historia argentina ya registró esa diferencia y las consecuencias que produjo. De esa manera, el riesgo del giro del jueves no es solo político: también es histórico.

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