Domingo 20 de septiembre de 2026
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Kicillof se lanzó en Avellaneda y Alak sostiene su propio armado mientras la interna peronista se recalienta

Una semana Intensa. El gobernador bonaerense encabezó su plenario federal ante 30 mil personas y encendió el conflictivo de fondo: la disputa con La Cámpora por la conducción nacional del PJ. Alak selló un pacto con el intendente cordobés Passerini, mientras el ajuste provincial abrió frentes gremiales en cascada y Milei ungió a Santilli como «próximo gobernador» bonaerense.

La semana que cierra hoy tuvo un protagonista excluyente: el Plenario Federal que Axel Kicillof encabezó este sábado en Avellaneda, ante 30 mil personas, con dirigencia y legisladores de otras provincias presentes. El gobernador presentó su proyecto federal de cara a 2027 con una frase que resumió el tono de todo el acto: «Con Milei se está produciendo una catástrofe.»

Kicillof se lanzó, pero sin lanzarse

El plenario funcionó como una demostración de fuerza territorial más que como el anuncio formal de una candidatura. Así lo confirmó el propio ministro de Gobierno, Carlos Bianco, quien horas antes había salido a bajarle el tono a la interna: «La guerra y la tregua son unilaterales, no participamos de ninguna», dijo, y descartó que el acto incluyera un lanzamiento presidencial. Según Bianco, la orden de Kicillof es explícita: evitar la confrontación pública con el kirchnerismo mientras el Movimiento Derecho al Futuro sigue sumando estructura territorial.

Pero la interna encontró otras vías para expresarse. La diputada Mayra Mendoza volvió a cruzar al gobernador con una frase filosa —»esa mancha no se borra más»— acusándolo de desleal y de dividir al peronismo bonaerense. Y en el plano de la sucesión provincial, la pulseada entre Kicillof, Máximo Kirchner y Wado de Pedro se profundizó: el kirchnerismo instala a sus propios candidatos para la gobernación, condicionando el apoyo a una eventual candidatura presidencial del gobernador.

Alak construye su propio camino

Mientras la interna nacional consume la agenda, el intendente de La Plata sostiene su propia estrategia de alianzas. Julio Alak selló junto a Kicillof y al intendente cordobés Daniel Passerini un pacto federal contra el «abandono» de Milei, reforzando la articulación interprovincial que el platense viene construyendo desde su gira por el sur bonaerense con Eduardo Duhalde semanas atrás.

En simultáneo, el radicalismo bonaerense también apuntó contra la gestión provincial: el presidente de la UCR, Emiliano Balbín, le exigió a Kicillof que pague la deuda que la Provincia mantiene con los municipios, en un reclamo que replica —en sentido inverso— la denuncia que el propio gobierno bonaerense sostiene contra la Nación.

El ajuste provincial genera conflictos en cascada

La semana también dejó en evidencia el costo interno de sostener las cuentas bonaerenses. Los empleados públicos de la Provincia no tendrán aumento en septiembre: Kicillof priorizó pagar deuda y postergó la paritaria, una decisión que ya generó roces con estatales y docentes. El Frente de Unidad Docente Bonaerense endureció su reclamo por IOMA, infraestructura escolar y estabilidad laboral, mientras el Senado bonaerense aprobó por unanimidad revisar la VTV, aunque la decisión final quedó en manos del propio gobernador.

Del otro lado del mapa político, Javier Milei llamó «próximo gobernador de la provincia de Buenos Aires» a su jefe de Gabinete, Diego Santilli, durante una reunión con legisladores libertarios, consolidando la carta que LLA prepara para la sucesión bonaerense. En paralelo, la defensa de Cristina Kirchner presentó nueva prueba en la causa Vialidad, con la mira puesta en una audiencia clave del 17 de octubre que podría reabrir su horizonte judicial de cara a 2027.

El termómetro de las encuestas

El clima social también quedó reflejado en los sondeos de la semana. Una encuesta de Explanans mostró a Milei con su peor imagen a 1.000 días de gobierno, aunque todavía con un piso electoral competitivo. Otro relevamiento sobre el candidato ideal para 2027 reveló una paradoja: los argentinos piden honestidad y equilibrio emocional, pero sus preferencias concretas no siempre reflejan ese pedido.

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