La interna peronista sumó un nuevo capítulo de tensión soterrada tras el plenario nacional que Axel Kicillof encabezó en Villa Domínico, Avellaneda. El gobernador bonaerense buscó exhibir volumen propio de cara a la discusión por el liderazgo opositor frente a Javier Milei, pero su mensaje generó malestar inmediato en el sector alineado con Cristina Kirchner, donde cuestionaron la representatividad del encuentro.
Durante el acto —que según sus organizadores reunió a unas 30 mil personas, con el intendente local Jorge Ferraresi como anfitrión— Kicillof combinó elogios al legado de los gobiernos kirchneristas con reclamos directos hacia la vida partidaria: sostuvo que la reconstrucción del movimiento debe darse con un esquema participativo y descartó reeditar liderazgos centralizados.
«No puede estar basada ni en el odio ni en la nostalgia», afirmó, e insistió en que las nuevas propuestas se componen «colectivamente y de abajo hacia arriba», tomando distancia de cualquier «construcción a control remoto».
La respuesta del cristinismo: «La pelea no lo fortaleció»
Aunque desde La Cámpora y el entorno directo de la expresidenta optaron por evitar cruces públicos, los cuestionamientos en privado no tardaron en circular. Desde el núcleo duro cristinista remarcaron la soledad del gobernador en términos de respaldos federales y la ausencia total de mandatarios provinciales aliados en las carpas temáticas del acto: «En ese acto estaban los suyos, con poco poder territorial. Está claro que la pelea no lo fortaleció».
A esas críticas se sumó un dato que observaron con atención en otros despachos opositores: desde el Frente Renovador hicieron notar que, de los 93 diputados nacionales con los que cuenta la bancada peronista, apenas siete dieron el presente en Domínico. Del lado kicillofista, en cambio, se mostraron satisfechos con la convocatoria de delegaciones de todo el país y defendieron la decisión de no recurrir a acuerdos de cúpula ni a la negociación tradicional de la dirigencia.
“Él es fruto del control remoto»
El punto de mayor fricción es el intento de Kicillof de plantear una etapa superadora sin romper con las bases de su propio espacio. Referentes kirchneristas advirtieron sobre lo que consideran una contradicción: el gobernador comparte electorado con la expresidenta pero busca diferenciarse de ella, aunque sus principales candidaturas respondieron a decisiones directas de la conducción histórica del PJ.
«Él es fruto del control remoto. Había un botoncito que decía Axel Kicillof, porque de lo contrario no hubiese sido diputado, gobernador ni nada. Y ahora Cristina no puede salir del departamento. Para el peronismo lo que dice es una contradicción brutal», planteó una fuente cercana a la expresidenta, en un cruce que llega justo cuando Cristina Kirchner enfrenta fallos judiciales adversos —la misma situación que el propio Kicillof calificó de «injusta» durante su discurso en Avellaneda.
Massa también mueve fichas
En paralelo a la disputa entre La Plata y el cristinismo, el resto del tablero peronista siguió desplegando sus propias estrategias. Como informo InfoPlatense, Sergio Massa encabezó en la Facultad de Derecho de la UBA un congreso de jóvenes del Frente Renovador, donde llamó a disputar las definiciones electorales mediante la competencia interna: «El peronismo debe competir en unidad para convocar a la unidad de los argentinos. No esperen a que los dirigentes les digan qué hacer, sean protagonistas y agarren sus bastones de mariscal».
Massa prevé iniciar una ronda de reuniones con sectores pyme, centros de estudio universitarios y gobernadores en las próximas semanas. En paralelo, dirigentes de otras provincias buscan evitar que la agenda quede absorbida por la dinámica del AMBA: el sanjuanino Sergio Uñac empezó a tejer contactos para exigir elecciones internas si el oficialismo deroga las PASO, el riojano Ricardo Quintela se postula como nexo entre los sectores dispersos del PJ, y el santiagueño Gerardo Zamora relativiza por ahora una postulación propia por considerarla prematura.


