Jueves 15 de octubre de 2026
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Gases, piedras y 25 detenidos frente al Congreso: ¿quiénes desataron los incidentes en la Marcha Federal Universitaria?

Mientras miles de estudiantes y docentes participaban del acto central, un grupo de encapuchados atacó el vallado del Parlamento y las fuerzas federales respondieron con gases, balas de goma e hidrantes. Periodistas en el lugar describieron una acción organizada y separada de la marcha. El Gobierno habló de “los violentos de siempre”.

La quinta Marcha Federal Universitaria cerró con escenas de violencia frente al Congreso. Los incidentes en el Congreso se extendieron durante más de dos horas, dejaron 25 detenidos y varios efectivos de seguridad heridos, y abrieron una pregunta que ya se repitió en otras movilizaciones: quiénes fueron los que iniciaron los disturbios mientras el reclamo universitario transcurría de manera pacífica a pocos metros.

La jornada, convocada para exigir la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, había reunido a estudiantes, docentes, investigadores, gremios y organizaciones políticas en distintas ciudades del país. En La Plata, miles de integrantes de la comunidad de la UNLP partieron desde la estación de trenes para sumarse a la convocatoria central en Buenos Aires.

Cómo empezaron los incidentes en el Congreso

Los enfrentamientos comenzaron minutos antes del acto central, cuando grupos de manifestantes atacaron con piedras y objetos contundentes el vallado que rodeaba el Palacio Legislativo. La zona más caliente fue la avenida Rivadavia, entre Callao y Rodríguez Peña.

Gendarmería reforzó el perímetro y respondió con balas de goma y gases lacrimógenos. Luego llegó un camión hidrante al cruce de Rivadavia y Entre Ríos. Según las crónicas, algunos manifestantes con el rostro cubierto devolvían los cartuchos de gas hacia el cordón de seguridad, mientras los efectivos también arrojaban piedras hacia el otro lado.

Con la lluvia y el viento como telón de fondo, varias personas buscaron refugio en comercios de la zona, que bajaron sus persianas. Al terminar, un tramo de las avenidas Entre Ríos y Callao quedó cubierto de piedras y escombros.

¿Hubo infiltrados?

La pregunta se instaló durante la propia jornada. El periodista de Cadena 3 Mauricio Conti, presente en el lugar, describió que los disturbios fueron protagonizados por un grupo de alrededor de 30 personas que llegó con mochilas y, frente al Congreso, sacó martillos, piedras, gomeras y bulones para atacar las vallas. Según su relato, usaron martillos para romper bancos y cordones de vereda y obtener proyectiles.

El cronista remarcó que los incidentes se desarrollaron a 50 o 70 metros del escenario principal y que no involucraron al conjunto de los manifestantes. Mientras en la puerta del Congreso seguían los enfrentamientos, en la plaza se entonaba el Himno y avanzaba el acto.

El canal C5N, por su parte, habló directamente de “infiltrados” y difundió imágenes en las que encapuchados agredieron a uno de sus camarógrafos.

Esos elementos (un grupo reducido, con herramientas, que actuó por separado del grueso de la marcha y atacó también a la prensa) alimentan la hipótesis de una acción organizada ajena a la convocatoria universitaria. Sin embargo, hasta el momento no hay una investigación oficial que identifique a sus integrantes ni que establezca quién los organizó. La respuesta dependerá, en buena medida, de lo que surja de la identificación de los 25 detenidos.

Un patrón que se repite

No es la primera vez que una movilización frente al Congreso termina con denuncias de este tipo. En una marcha de jubilados, los propios manifestantes identificaron y expulsaron a presuntos infiltrados que se cubrían el rostro y llevaban mochilas, y C5N reconoció a un militante libertario disfrazado de policía. Durante el debate de la Ley Bases, en 2024, los incidentes alrededor del Parlamento también abrieron sospechas sobre su origen.

La reiteración del esquema (protestas masivas y pacíficas que terminan asociadas a imágenes de violencia protagonizadas por grupos pequeños) explica por qué cada nuevo episodio reactiva la discusión.

La postura del Gobierno

Desde el Gobierno nacional, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, cuestionó a los protagonistas de los disturbios con un mensaje en redes. Los definió como “los mismos violentos de siempre”, los acusó de querer imponer el caos y desafiar a las fuerzas de seguridad, y advirtió que quienes agredan a los efectivos o destruyan bienes públicos deberán responder ante la Justicia.

El mensaje oficial evitó cualquier referencia a la masividad del reclamo universitario o a la discusión de fondo sobre el financiamiento, que el Gobierno se niega a aplicar pese a los fallos judiciales.

El saldo de la jornada

Según el balance difundido por fuentes policiales y el SAME, hubo 25 detenidos, entre ellos un menor de edad según Cadena 3. Entre los heridos se contaron efectivos de Gendarmería y de Prefectura Naval, lesionados por el impacto de objetos contundentes. El SAME asistió además a dos civiles: un hombre que no requirió traslado y una mujer de 57 años con síntomas compatibles con un ACV, trasladada al Hospital Ramos Mejía.

Lo que la violencia no tapa

Más allá de los incidentes, la marcha fue masiva en todo el país, con concentraciones multitudinarias en Córdoba, Rosario y otras ciudades. El documento final exigió aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, derogar el DNU 70/2023 y aumentar los fondos previstos para 2027. El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, acusó al Gobierno de destruir el país.

La protesta se dio un día después de que el juez Martín Cormick multara con $100.000 diarios al jefe de Gabinete, Diego Santilli, por incumplir la ley. Y coincidió con la caída por falta de quórum de la sesión opositora para voltear el DNU 70/2023 en Diputados.

Qué puede pasar ahora

La identificación de los detenidos será clave para despejar si los responsables de los disturbios tienen vínculos con alguna organización, si actuaron de manera autónoma o si se trató de una acción planificada para desviar la atención del reclamo. Las organizaciones universitarias probablemente exijan esa investigación.

Mientras tanto, el riesgo para el movimiento universitario es que las imágenes de violencia desplacen del centro de la escena un reclamo que, en todas las encuestas, cuenta con amplio respaldo social.

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