Manuel Adorni volvió a la escena pública con un cruce directo contra la prensa, utilizando la “estrategia del ruido” para desplazar el foco de las críticas sobre sus gastos en Uruguay y su patrimonio. El episodio expone cómo el Gobierno recurre a la confrontación mediática como mecanismo de defensa.
En su reciente aparición pública como Vocero Presidencial, Manuel Adorni fue consultado sobre el financiamiento de su estadía en Uruguay y las inconsistencias en su patrimonio. Lejos de responder con datos concretos, eligió confrontar directamente a los periodistas presentes. Con frases como “Vos no sos juez, yo hago lo que quiero con mi dinero”, el vocero buscó deslegitimar las preguntas y transformar el intercambio en un choque personal. La tensión escaló rápidamente y la conferencia terminó abruptamente, dejando más dudas que certezas.
La estrategia del ruido
El recurso elegido por Adorni no fue casual. En lugar de dar explicaciones sobre los gastos cuestionados, apeló a la llamada “estrategia del ruido”: generar polémica y saturar el espacio público con confrontación para desplazar el foco de atención. Al atacar a la prensa, el funcionario buscó instalar un nuevo eje de discusión —la supuesta parcialidad de los medios— y así evitar que la agenda se centrara en su situación patrimonial. El ruido, en este caso, funcionó como un escudo discursivo.
Apoyo interno y articulación política
Fuentes cercanas al Gobierno señalan que la conferencia estuvo alineada con el estilo comunicacional impulsado por Santiago Caputo, estratega de la administración. La confrontación con periodistas no se percibe como un error, sino como parte de un guion político que busca reforzar la narrativa oficial frente a las críticas. Adorni, en ese marco, se posiciona como vocero de una estrategia que privilegia la polarización y el choque antes que la rendición de cuentas.
Impacto y riesgos
La táctica del ruido puede resultar efectiva en el corto plazo, ya que fortalece la relación con la base de apoyo del Gobierno y presenta al vocero como víctima de un “cerco mediático”. Sin embargo, el costo político es alto: la falta de transparencia erosiona la credibilidad institucional y alimenta la percepción de que se evita rendir cuentas. En el mediano plazo, la insistencia en el ataque a la prensa puede desgastar la confianza pública y dejar expuesto al Gobierno frente a nuevas críticas.


