El cierre de 2025 dejó una economía con dos velocidades bien marcadas. Mientras el Gobierno nacional destaca el superávit fiscal y cierta estabilidad nominal, los indicadores que reflejan la vida cotidiana muestran un escenario más complejo: caída del consumo, deterioro del empleo formal, salarios que vuelven a perder contra la inflación y una presión impositiva creciente sobre los ingresos medios.
El diagnóstico surge del último informe del Instituto Argentina Grande (IAG), que pone el foco en la distancia cada vez mayor entre el orden macroeconómico y la economía real.
Consumo en mínimos históricos y más endeudamiento familiar
El consumo masivo continúa siendo uno de los principales puntos críticos del modelo económico. Las ventas en supermercados registran una caída real superior al 10% desde el cambio de gestión y noviembre de 2025 fue el peor mes desde diciembre de 2023.
La contracción es casi generalizada: 23 de las 24 provincias muestran retrocesos. Si bien el impacto es más fuerte en el norte del país, las grandes ciudades tampoco escapan a la tendencia, incluido el área metropolitana bonaerense.
Lejos de una recuperación sostenida, el consumo se mantiene a través del crédito. Cerca del 45% de las compras en supermercados se pagan con tarjeta de crédito, el nivel más alto de la serie histórica. En paralelo, la morosidad alcanza valores récord, lo que evidencia que el endeudamiento funciona como un recurso defensivo para cubrir gastos básicos.
Ahorros en retroceso y estrategias de supervivencia
Según el relevamiento del IAG, el 48% de los hogares debió recurrir a mecanismos extraordinarios para sostener su nivel de vida: uso de ahorros, endeudamiento o venta de bienes personales.
El fenómeno golpea con mayor fuerza a los sectores medios, que concentran el uso de crédito financiero y la liquidación de ahorros acumulados. La pérdida de margen en el ingreso disponible es una de las principales señales de alerta que deja el informe.
Salarios que no alcanzan y gastos fijos en alza
Aunque los salarios nominales muestran cierta recomposición, el cambio de precios relativos juega en contra del poder adquisitivo. Hoy, tarifas y transporte absorben más del 10% del salario mediano registrado, cuando en 2023 representaban menos del 5%.
Este aumento de los gastos fijos reduce de forma directa la capacidad de consumo y explica parte del estancamiento de la actividad económica.
Actividad estancada y empleo formal en retroceso
En el frente productivo, la recuperación es prácticamente nula. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció apenas 0,1% entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025.
La industria y la construcción continúan en terreno recesivo, mientras que la minería muestra una mejora moderada, insuficiente para dinamizar el conjunto de la economía.
El mercado laboral acompaña este escenario. Aunque se crearon puestos de trabajo en términos netos, todos corresponden a empleo informal o cuentapropista. Desde 2023 se perdieron más de 220 mil empleos asalariados registrados, lo que debilita la estabilidad de los ingresos y la recaudación.
El ajuste fiscal como eje del modelo
El superávit fiscal se explica casi exclusivamente por una fuerte reducción del gasto público. Según el IAG, el gasto real cayó cerca de 27% respecto de 2023, el ajuste más severo desde la salida de la convertibilidad.
La inversión pública fue la variable más afectada. El gasto de capital se desplomó alrededor del 75% en el último semestre, paralizando la obra pública y profundizando la crisis del sector de la construcción, con impacto directo en el empleo y la infraestructura futura.
Para regiones como La Plata y el Gran La Plata, donde la obra pública tiene un peso clave en la actividad, el recorte se traduce en menor dinamismo económico y menos puestos de trabajo.
Provincias sin recursos y más presión local
El ajuste también alcanzó a las provincias. Las transferencias federales cayeron más del 70% en términos reales, obligando a los gobiernos provinciales y municipales a subir impuestos, ajustar tarifas o recortar servicios.
Esta situación profundiza las tensiones fiscales y políticas en el interior del país y golpea de lleno a las economías locales.
Salario real en caída por tercer mes consecutivo
A este cuadro se suma el deterioro del salario real. Según datos del INDEC, en noviembre los salarios registrados subieron 1,8%, pero quedaron por debajo de una inflación del 2,5%.
En el trimestre septiembre-noviembre, los salarios acumularon una caída real del 1,7%. Solo en noviembre, la pérdida de poder adquisitivo fue del 0,7%.
El especialista Luis Campos detalló que el salario del sector privado registrado se ubica 1,3% por debajo de noviembre de 2023 y 22,2% por debajo de 2017. En el sector público, la caída es aún mayor: 15,5% interanual y 35,8% en comparación con 2017.
Más trabajadores alcanzados por el Impuesto a las Ganancias
La presión sobre los ingresos se agrava con la actualización del Impuesto a las Ganancias, que quedó por debajo de la inflación. Con los nuevos valores, los gremios estiman que más de dos millones de trabajadores pagarán el impuesto en 2026.
El número contrasta con los 1,2 millones alcanzados a mediados de 2025 y los apenas 400 mil de junio de 2024. En poco más de un año, la cantidad de asalariados alcanzados se habría quintuplicado.
Los nuevos mínimos para comenzar a tributar parten desde los $2.490.000 de bolsillo para un soltero sin hijos y superan los $2.8 millones para trabajadores casados, montos que, según los sindicatos, están cada vez más cerca del salario necesario para cubrir gastos básicos.
Un 2026 con más preguntas que certezas
Con paritarias que avanzan por debajo de la inflación, caída del salario real, consumo deprimido y provincias sin recursos, el informe del IAG deja un interrogante abierto de cara a 2026: hasta dónde puede sostenerse un esquema de estabilización basado casi exclusivamente en el ajuste fiscal, sin una recuperación del empleo formal, la inversión y el ingreso de los hogares.


