Entre 2022 y 2024, la cobertura del calendario oficial cayó en todas las jurisdicciones. El rezago acumulado encendió las alarmas en el sistema de salud y plantea un riesgo concreto de brotes de enfermedades que ya estaban controladas.
Un millón setecientos mil chicos sin alguna de las vacunas que les corresponden según su edad. Ese es el saldo de tres años de caída sostenida en la cobertura de inmunización en Argentina, un fenómeno que combina el desfinanciamiento del sistema público, el desgaste post-pandemia y una creciente desconfianza en parte de la población hacia las vacunas.
El dato no es menor: cuando la cobertura baja del 95%, que es el umbral que los epidemiólogos consideran necesario para sostener la inmunidad de rebaño, reaparecen riesgos que parecían superados. Sarampión, tosferina, polio. Enfermedades que volvieron a circular en países que también bajaron la guardia.
Un problema nacional que se siente en cada centro de salud
La caída no es uniforme, pero afecta a todas las provincias. En el conurbano bonaerense y en ciudades como La Plata, los centros de atención primaria reportan dificultades para completar esquemas de vacunación en poblaciones vulnerables: familias que cambian de domicilio, chicos que no tienen médico de cabecera, turnos que se consiguen tarde o que directamente no se cumplen.
En La Plata, la Red de Atención Primaria depende en gran medida del municipio y de la provincia, dos estructuras que en los últimos años operaron con presupuestos ajustados y equipos de salud diezmados por la emigración profesional. Eso tiene consecuencias directas en la capacidad de hacer seguimiento activo de los esquemas de vacunación.
¿Por qué bajó la cobertura?
No hay una sola causa. La pandemia desorganizó los calendarios: muchas familias dejaron de llevar a sus hijos al pediatra durante los meses más duros del aislamiento y no retomaron el ritmo. A eso se sumó la circulación de información falsa sobre vacunas en redes sociales, que generó dudas en sectores que antes no las tenían.
Por otro lado, el contexto económico también pesa. Aunque las vacunas del calendario oficial son gratuitas, llegar a un vacunatorio implica tiempo, transporte y, en muchos casos, faltar al trabajo. Para una familia en situación precaria, esos costos invisibles pueden hacer la diferencia.
El rezago se acumula y es difícil de revertir
Lo más preocupante del dato de 1,7 millones de niños sin vacunas es que no representa un momento puntual: es la acumulación de tres años.
Recuperar esa cobertura requiere campañas activas, búsqueda de población no vacunada y recursos que, en el escenario actual de ajuste fiscal, no sobran.
A nivel nacional, el Ministerio de Salud reconoció la situación, pero hasta ahora no anunció un plan de contingencia con metas y plazos concretos. Desde organismos como UNICEF y la Sociedad Argentina de Pediatría, la preocupación es pública y explícita.
Lo que puede pasar si no se actúa rápido
La historia reciente es un aviso. En 2019, Argentina registró un brote de sarampión luego de años sin casos autóctonos. La causa fue exactamente esa: cobertura de vacunación por debajo del umbral crítico en algunos distritos. Si el rezago acumulado entre 2022 y 2024 no se recupera con campañas sostenidas, el riesgo de repetir ese escenario —u otro peor— crece con cada mes que pasa.


