El Gobierno nacional enfrentó un desafío clave a comienzos de febrero: cumplir con un vencimiento de intereses con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por cerca de USD 878 millones sin desgastar aún más las reservas internacionales del Banco Central (BCRA). Para lograrlo, el ministro de Economía, Luis Caputo, instrumentó una operación financiera con el Tesoro de los Estados Unidos que volvió a poner en evidencia la estrecha cooperación con Washington y las limitaciones reales del programa económico oficial.
Según registros de organismos oficiales y reportes periodísticos, el pasado **29 de enero Estados Unidos transfirió a Argentina **USD 808 millones en Derechos Especiales de Giro (DEGs), una unidad de reserva internacional creada por el FMI. Estos activos fueron utilizados para pagar los intereses que vencían el 1 de febrero, permitiendo así que el país cumpla con el calendario de obligaciones.
Esta operación se enmarca en una serie de movimientos financieros que, aunque oficialmente descritos como técnicas habituales, implican en la práctica un respaldo externo que va más allá de la narrativa gubernamental sobre niveles récord de reservas. La estrategia evita recurrir directamente a reservas líquidas y amortigua tensiones en el mercado cambiario, pero al mismo tiempo muestra la magnitud de la dependencia externa para sostener la arquitectura de pagos de la economía local.
Un giro técnico que confirma la estrecha coordinación con EE.UU.
Desde el Ministerio de Economía se explicó que la compra de DEGs al Tesoro estadounidense no constituye un préstamo, sino un mecanismo normal para adquirir activos que el FMI exige como moneda de pago de ciertos vencimientos. El propio Caputo aseguró en declaraciones públicas que “no es ningún préstamo” sino una transacción técnica que permite cancelar la deuda.
Sin embargo, analistas económicos advierten que esta interpretación no contradice la realidad de que el país recurre repetidamente a maniobras financieras extraordinarias para cumplir sus compromisos internacionales. Desde el año pasado, el Gobierno ya había recibido asistencia similar de EE.UU. y habilitado líneas de swap para contener presiones sobre el tipo de cambio durante momentos críticos, como las elecciones y momentos de fuerte volatilidad.
El contexto real de las reservas y los próximos vencimientos
Aunque desde el oficialismo se celebran los niveles de reservas brutas que muestran las estadísticas, la contracara es la limitada disponibilidad de reservas netas y el calendario apretado de pagos que enfrenta Argentina en 2026. Este año, el país tiene impactos por más de USD 4.600 millones solo en pagos con el FMI, sumados a otros compromisos financieros con acreedores privados y organismos multilaterales.
La operación con el Tesoro estadounidense permitió cumplir con el primer vencimiento importante del año, pero no elimina la presión estructural sobre la economía: sin un fuerte impulso exportador que genere dólares genuinos o ingresos suficientes de capital externo, cada vencimiento futuro seguirá representando un test de la solidez financiera.
¿Una ayuda o una dependencia estratégica?
La repetición de estas maniobras plantea un debate más amplio sobre el modelo económico adoptado y la relación estratégica con Estados Unidos bajo la actual gestión. El uso de mecanismos financieros como la compra de DEGs o la activación de swaps por tensiones cambiarias pone en el centro la pregunta sobre hasta qué punto estas operaciones refuerzan la estabilidad transitoria y en qué medida esconden vulnerabilidades estructurales genuinas.
Para el lector de La Plata, en un contexto de economía todavía marcada por la inflación, la presión sobre las reservas y un calendario de pagos exigente, lo ocurrido al cierre de enero y principios de febrero muestra que las soluciones gubernamentales dependen tanto de la ingeniería financiera como de la relación externa con potencias clave como Estados Unidos.


