A poco más de dos semanas del inicio del ciclo lectivo —previsto para el 2 de marzo según el calendario de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense— las familias platenses vuelven a hacer cuentas. La vuelta a clases ya se siente en las vidrieras del centro, en los hipermercados y en las búsquedas online, pero sobre todo en el bolsillo.
El interrogante es concreto: ¿cuánto cuesta hoy equipar a un alumno en La Plata?
Un piso de $50.000 y un techo que trepa fuerte
Un relevamiento en librerías tradicionales, comercios polirrubro y grandes cadenas de la ciudad muestra que una canasta escolar básica —con los diez artículos imprescindibles: mochila, cartuchera, carpeta, lápices, lapiceras, regla, tijera, goma, sacapuntas y compás— se mueve entre los $50.000 y los $90.000, según calidad y marca.
En hipermercados, el combo más económico puede arrancar en torno a los $51.000, mientras que en librerías del microcentro el mismo listado puede escalar hasta $85.000 o $89.000 si se eligen primeras marcas o diseños específicos.
Algunos ejemplos concretos en la ciudad:
- Mochilas desde $9.128 en grandes superficies, y desde $12.500 a $27.500 en librerías.
- Cartucheras de doble piso entre $27.999 y $39.000, aunque ciertos modelos temáticos superan los $60.000.
- Sets de 12 lápices de colores desde $8.332 en hipermercados hasta más de $13.000 en comercios tradicionales.
- Carpetas de tres anillos desde $2.500.
- Tijeras y reglas con opciones desde $400 a $1.600, según el punto de venta.
En un histórico comercio de la zona de 44 entre 2 y 3, por ejemplo, una canasta básica puede armarse desde $65.650, mientras que en librerías de calle 7 el total ronda los $74.000.
La dispersión es amplia. Y no es casual.

Inflación moderada, pero presión real
Según un estudio de Focus Market para el blog de Educación Financiera de Naranja X, la canasta escolar 2026 registra un aumento interanual promedio del 15%, con subas más marcadas en útiles básicos (hasta 24%) y menores en algunos productos puntuales gracias al ingreso de importados y al sobrestock del sector.
Para primaria, el combo completo —guardapolvo, mochila, cartuchera y útiles— se ubica entre $120.000 y $242.000, dependiendo del nivel de calidad elegido.
En secundaria, el gasto básico ronda los $95.592, pero el presupuesto se dispara cuando se suma tecnología. Incorporar notebook, impresora, auriculares e internet puede llevar la cuenta por encima del $1.100.000. Si se agrega celular y servicio móvil, el monto crece todavía más.
En La Plata, donde muchas escuelas secundarias públicas y privadas ya trabajan con plataformas digitales, el debate no es menor: la tecnología dejó de ser un accesorio y empieza a jugar como insumo educativo central.
Guardapolvo y útiles: los que más suben
Entre los productos que más aumentaron figuran los útiles básicos de cartuchera, con subas cercanas al 20% interanual. Un set esencial pasó de alrededor de $34.000 a más de $41.000 promedio.
El guardapolvo recto con broches, en tanto, ronda los $37.849, con un incremento del 13%.
En cambio, algunas mochilas muestran valores similares o incluso levemente inferiores a los del año pasado en ciertos modelos, producto de la competencia y la necesidad de liquidar stock acumulado.

Cómo compran hoy las familias platenses
El comportamiento de consumo también cambió. Febrero sigue siendo el mes fuerte (36% de las compras), pero crece el porcentaje de quienes esperan a la última semana antes del inicio de clases.
La tarjeta de crédito continúa liderando como medio de pago (34%), aunque pierde terreno frente a 2025. Avanzan la tarjeta de débito (20%) y las billeteras virtuales (28%), mientras el efectivo retrocede.

En las recorridas por el centro platense se repite una escena: comparación de precios, compra en etapas y reutilización de mochilas o cartucheras del año anterior. El “carrito inteligente” combina primeras marcas con alternativas más accesibles para no concentrar todo el gasto en una sola jornada.
Más que útiles: una variable económica
El problema no es solo el precio en sí, sino su peso relativo. Equipar a un estudiante hoy compite directamente con alimentos, transporte y tarifas en el presupuesto familiar.
En una ciudad como La Plata, donde el empleo formal privado muestra niveles de recuperación moderados y el sector público también atraviesa tensiones salariales, la canasta escolar se convierte en un termómetro concreto del poder adquisitivo.
La inflación puede mostrar cierta desaceleración interanual, pero la sensación en los mostradores es otra: cada peso cuenta. Y la educación, aunque prioritaria, no queda al margen de la lógica de ajuste doméstico.
Con el 2 de marzo a la vuelta de la esquina, la pregunta ya no es si conviene comprar, sino dónde y cómo hacerlo para que el inicio de clases no desordene por completo la economía del hogar.


