Sábado 21 de marzo de 2026
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Carne por las nubes: sube fuerte, empuja la inflación y el consumo sigue en caída

El precio de la carne vacuna volvió a escalar y se consolida como uno de los principales factores de presión sobre la inflación en Argentina. En un contexto donde el poder adquisitivo sigue deteriorado, el impacto ya se siente con claridad en los mostradores de La Plata y el resto del país: se paga más y se compra menos.

Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), en febrero el valor de la hacienda en pie subió 8,5% mensual en el mercado de Cañuelas y acumuló un salto interanual del 72,7%. Este comportamiento llevó al precio del kilo vivo a su nivel relativo más alto en los últimos 15 años dentro del índice mayorista.

Menos hacienda y precios en alza

Detrás de la suba aparece una combinación de factores que el sector arrastra desde hace tiempo. Por un lado, la oferta sigue condicionada por tres campañas consecutivas con clima adverso, que obligaron a liquidar stock antes de tiempo y redujeron el número de vientres. Esto impacta directamente en la producción de terneros y limita la disponibilidad futura de animales.

A esa restricción estructural se suma el componente estacional típico de los primeros meses del año, que suele presionar los precios, sobre todo en categorías livianas.

El contexto cambiario también juega su parte. Con un dólar que mostró cierta estabilidad o retroceso en términos reales, el precio del ganado medido en moneda estadounidense subió con fuerza. En febrero, el kilo vivo promedió los 2,706 dólares al tipo de cambio oficial, con un alza mensual de 11,7%.

El traslado al mostrador y su impacto en La Plata

La suba no tardó en reflejarse en carnicerías y supermercados. El rubro carnes y derivados volvió a ubicarse entre los que más incidieron en el aumento del costo de vida, especialmente dentro del capítulo alimentos.

Durante febrero, cortes populares como la paleta, el cuadril y la nalga registraron subas cercanas al 8%. La carne picada común aumentó 7,1%, mientras que el asado —uno de los termómetros del consumo— trepó 5,7%, con valores que ya rondan los $16.800 por kilo en promedio.

Incluso alternativas más económicas empezaron a perder esa condición. El pollo entero subió 10,2% en el mismo período, superando el ritmo de la carne vacuna y recortando la brecha que históricamente lo hacía más accesible.

Consumo en retroceso: un cambio de hábito forzado

Con precios en alza, el consumo no encuentra piso. En el primer bimestre del año, la ingesta aparente de carne vacuna cayó 13,8% interanual.

El dato más elocuente es el consumo per cápita: se ubicó en 47,3 kilos anuales, el nivel más bajo de las últimas dos décadas y muy lejos de los 69,4 kilos registrados en 2008. En términos concretos, implica menos carne en la mesa de los hogares, también en La Plata, donde el ajuste del gasto se siente con fuerza.

Entre enero y febrero, el consumo total fue de 332,7 mil toneladas, marcando una contracción significativa frente al mismo período del año pasado.

Menos producción y más exportaciones

El retroceso no se limita al consumo. La producción de carne vacuna también mostró señales de debilidad: en el primer bimestre se produjeron 457 mil toneladas res con hueso, un 9,1% menos interanual.

En paralelo, el sector profundiza su perfil exportador. Las ventas al exterior crecieron 6,6% en los primeros dos meses del año, con 124 mil toneladas enviadas a mercados como Estados Unidos, Israel y Europa. Este incremento compensó, en parte, la menor demanda de China.

Impacto en la industria y señales de alerta

El escenario ya tiene efectos concretos en la cadena productiva. Frigoríficos comenzaron a ajustar sus plantillas ante la caída de la actividad. Casos como el de Arrebeef, con cientos de suspensiones, y cierres recientes en el conurbano reflejan un sector que enfrenta tensiones tanto por el lado del consumo como de la producción.

Un producto central, cada vez más inaccesible

La carne vacuna, históricamente un pilar de la dieta argentina, atraviesa una transformación marcada por la pérdida de poder de compra y el reordenamiento del negocio hacia la exportación.

Con precios que suben por encima del promedio de la inflación y un consumo en mínimos históricos, el mercado de la carne se convirtió en un indicador sensible de la economía real. Y en ciudades como La Plata, donde el ingreso promedio no logra acompañar esa dinámica, el impacto se siente todos los días en el mostrador.

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