La fragilidad económica de miles de hogares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) empieza a reflejarse con claridad en un dato que preocupa: cada vez más familias se endeudan para sostener gastos cotidianos. Un informe reciente de la Fundación Tejido Urbano advierte que cerca del 40% de los inquilinos debió recurrir a algún tipo de préstamo para llegar a fin de mes, una señal que expone el deterioro de las economías domésticas en un contexto de altos costos de vivienda.
El estudio muestra un cambio de comportamiento financiero que se profundizó desde 2024. Durante años, muchos hogares lograban atravesar momentos difíciles utilizando ahorros o recibiendo ayuda de familiares. Sin embargo, ese esquema comenzó a agotarse y dio paso a lo que el informe denomina una “economía de financiamiento”, en la que los créditos —principalmente bancarios— pasan a ocupar un lugar central para cubrir gastos habituales como alquiler, alimentos o servicios.
Más endeudamiento para sostener la vida cotidiana
Los datos muestran con claridad esa transición. En 2022, el 29,2% de los hogares inquilinos recurría a algún tipo de préstamo. Para 2025, esa proporción trepó al 37,4%, lo que evidencia una mayor dependencia del crédito para sostener el consumo o afrontar pagos fijos.
Si además se suman las familias que utilizan ahorros para completar sus ingresos, el porcentaje crece aún más. Según el relevamiento, el 57,6% de los inquilinos utiliza alguna estrategia financiera para equilibrar su economía, cuando en 2022 esa cifra era del 46,2%.
Este fenómeno se observa especialmente en los grandes centros urbanos, donde el peso del alquiler sobre los ingresos es mayor. En el AMBA, el 37,9% de los hogares ya utiliza algún tipo de préstamo, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el porcentaje alcanza el 34%.
El crédito bancario gana terreno
Uno de los cambios más significativos del período es el avance del crédito formal. El informe señala que los préstamos bancarios pasaron del 10,6% de los hogares en 2022 al 18,1% en 2025, casi duplicando su incidencia.
En paralelo, los préstamos informales —como los pedidos a familiares o conocidos— se mantuvieron relativamente estables. Tras una leve caída entre 2022 y 2024, volvieron a incrementarse en 2025, aunque sin el salto que mostraron los créditos del sistema financiero.
Esta mayor dependencia del crédito formal tiene un costo adicional para los hogares: tasas de interés, plazos de pago y cuotas mensuales que se suman a un presupuesto ya presionado por la inflación y los aumentos de alquiler.
Alquileres que absorben gran parte del ingreso
La presión del mercado inmobiliario explica buena parte de esta dinámica. Una encuesta realizada por Inquilinos Agrupados detectó que uno de cada cuatro hogares que alquila destina más del 60% de sus ingresos al pago de la renta.
En ese contexto, muchos inquilinos optan por multiplicar fuentes de ingreso o asumir más de un empleo para sostener el pago mensual. Sin embargo, cuando esa estrategia tampoco alcanza, el endeudamiento aparece como última alternativa.
El escenario se complejizó tras la derogación de la Ley de Alquileres, que incrementó la frecuencia de las actualizaciones y modificó las condiciones de los contratos. Si bien la oferta de propiedades en alquiler creció, el impacto en los precios no logró aliviar la presión sobre los ingresos familiares.
Un problema estructural de acceso a la vivienda
El informe de Tejido Urbano advierte que el fenómeno excede la cuestión financiera individual y expone un desacople cada vez más marcado entre los ingresos laborales y el costo de habitar en los grandes centros urbanos.
En el AMBA, el 63,2% de los hogares inquilinos ya recurre a alguna estrategia financiera —ahorros o deuda— para sostener su economía, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el porcentaje asciende al 69,7%. Ambos valores se ubican por encima del promedio nacional.
Si bien el nivel de endeudamiento parece haber alcanzado un pico durante 2024 y luego mostró cierta estabilización, el peso creciente del crédito introduce nuevas tensiones para los hogares. Las cuotas, los intereses y la incertidumbre laboral limitan la capacidad de planificación a largo plazo y aumentan la vulnerabilidad ante cualquier cambio económico.
En definitiva, el acceso y la permanencia en la vivienda se consolidan como uno de los principales desafíos sociales del país. Y detrás de cada estadística aparece una realidad concreta: familias que, mes a mes, deben decidir entre ajustar gastos, endeudarse o buscar nuevas fuentes de ingreso para no quedar fuera del mercado de alquiler.


