La temporada turística en la provincia de Buenos Aires exhibe números que preocupan a los sectores productivos, a intendentes de la Costa Atlántica y a propios y ajenos al oficialismo provincial: indicadores como la llegada de visitantes, la duración de sus estadías y, sobre todo, el nivel de consumo registran retrocesos sustanciales respecto de temporadas anteriores. El impacto, según datos oficiales provinciales y análisis del sector, trasciende al calendario estival y proyecta efectos sobre la economía local y el bolsillo de millones de bonaerenses.
Turistas, estadías y consumo: el retrato de una temporada que no levanta
Los registros del propio gobierno bonaerense muestran una disminución sostenida de turistas veraneantes tanto en comparación con la temporada anterior como con la de hace dos años. Entre diciembre y buena parte de enero, la provincia reportó una caída de alrededor del 9% en el total de visitantes respecto a la temporada 2024, lo que supone la salida de aproximadamente 550.000 turistas del circuito de destinos del Atlántico bonaerense.
Los turistas que sí llegaron optaron por estadías más cortas —reducciones cercanas al 5% en las primeras semanas de enero— y gastaron menos: los indicadores de consumo muestran descensos interanuales de entre 21% y 25% según el período y el tipo de medición, con una retracción más marcada cuando se analizan consumos con billeteras digitales.
El sector gastronómico y comercial de los principales destinos turísticos ya advierte: los cubiertos vendidos y la rotación de servicios reflejan que el turista promedio ajusta su presupuesto, lo que erosiona la capacidad de sostener empleos e inversiones locales.
El diagnóstico oficial y la disputa política
Desde la gobernación bonaerense, Axel Kicillof y el ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica, Augusto Costa, pusieron la lupa en las decisiones económicas del gobierno nacional como principal explicación de este escenario. Para ellos, la combinación de menor poder adquisitivo de la clase media, escaso estímulo fiscal dirigido al consumo interno y un modelo económico que privilegia sectores extractivos por sobre la producción con valor agregado se traduce en menos turistas y menor gasto.
Kicillof fue enfático al señalar que la caída en veraneantes, la reducción de las estadías y el descenso del consumo —junto con indicadores negativos en industria, comercio y empleo— tienen una raíz común en las políticas aplicadas desde la Casa Rosada. Desde San Pedro, uno de los principales destinos costeros, subrayó: “estos números tienen un solo responsable” y reprochó lo que consideró un alineamiento de las decisiones económicas nacionales con sectores que no priorizan la actividad productiva ni el consumo popular.
La declaración se produjo en un contexto de tensión permanente entre los territorios provinciales y el gobierno central por financiamiento y recursos. Mientras desde Nación se han señalado que la temporada “mejora”, desde la Provincia sostienen que la realidad en la costa y otros polos turísticos habla por sí misma.
Más allá del turismo: obra pública, consumo y clase media
El fenómeno no se restringe al rubro vacacional. El impacto de la caída del consumo turístico reverbera en otras áreas económicas clave, como la construcción y el empleo ligado a servicios y comercios locales que sostienen la temporada. Sectores como la obra pública y la inversión estatal quedaron fuertemente afectados por los ajustes presupuestarios iniciados en 2023 y profundizados en 2024–2025, con recortes de inversiones estatales que, según reportes de economistas y asociaciones especializadas, llegaron a cifras en torno al 60% en obras públicas y programas sociales.
La clase media, tradicional motor de las vacaciones familiares en la provincia, experimenta una compresión del poder de compra que se traduce en decisiones más austeras de viaje y gasto. Esto no solo afecta el turismo sino la cadena de valor que sostiene pequeñas y medianas empresas en destinos turísticos y ciudades intermedias de la provincia.
Reforma laboral y financiamiento: el ajuste que viene
En paralelo, la reforma laboral promovida por el Ejecutivo nacional —actualmente en debate en el Congreso— abrió otra grieta en materia fiscal y de derechos laborales. Distintos análisis técnicos señalan que los cambios propuestos, especialmente los vinculados a la reducción de cargas patronales y modificaciones impositivas, podrían tener un fuerte impacto fiscal, con la potencial pérdida de recursos para provincias como Buenos Aires por casi 400.000 millones de pesos si se consideran recortes en coparticipación y otros ítems críticos.
Este componente del debate no sólo tensiona la relación entre gobernadores e Nación, sino que agrega incertidumbre sobre la capacidad de los distritos para sostener servicios esenciales y dinamizar economías locales en un panorama donde la inversión estatal ya se ha retraído significativamente.
La Plata en el espejo de la temporada
Para una ciudad como La Plata, que combina dinamismo productivo con una población con alta movilidad económica y cultural, estos indicadores no son ajenos. La contracción del consumo turístico en los centros costeros suele anticipar un efecto indirecto en el comercio platense, la hotelería de fines de semana y los servicios vinculados a un turismo interno que durante décadas fue uno de los pilares de la economía provincial.
En un contexto donde la clase media ajusta sus prioridades de gasto y los recursos públicos se estrechan, la discusión sobre políticas económicas efectivas —que promuevan empleo, fortalezcan el mercado interno y sostengan el entramado productivo— gana relevancia más allá de la temporada estival.


