Domingo 11 de enero de 2026
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Descansar se volvió un lujo: 4 de cada 10 trabajadores no pudieron tomarse vacaciones

Para una porción cada vez más grande de los trabajadores argentinos, las vacaciones dejaron de ser un derecho garantizado y pasaron a integrar la lista de gastos prescindibles. Un relevamiento reciente de la consultora Bumeran expone con crudeza ese corrimiento: el 46% de los empleados no se tomó vacaciones durante el último año y, en la mayoría de los casos, la explicación es simple y brutal a la vez: el salario no alcanza.

El dato no aparece aislado ni sorprende a quienes siguen de cerca la evolución del mercado laboral. Se inscribe en un contexto marcado por inflación persistente, ingresos reales que corren de atrás y hogares obligados a ajustar consumos básicos. En ese escenario, el descanso queda relegado, incluso entre quienes mantienen empleo formal.

Falta de dinero y cambios laborales, las principales razones

Entre quienes resignaron las vacaciones, el 56% señaló la falta de recursos económicos como el motivo central. Muy por detrás aparece el cambio de empleo, con un 21%, una categoría amplia que también puede esconder nuevas condiciones laborales más restrictivas o la pérdida de beneficios históricos.

Otros factores completan el mapa: el 12% priorizó objetivos personales o profesionales y un 11% mencionó razones diversas, desde problemas de salud hasta falta de tiempo, desorganización o la decisión de quedarse en casa para evitar gastos.

El resultado es claro: tomarse días de descanso dejó de ser una decisión libre y pasó a estar condicionada por la coyuntura económica.

Menos vacaciones, más horas de trabajo

La dificultad para vacacionar también impacta en las preferencias laborales. Según el informe, el 29% de los trabajadores argentinos elegiría reducir su jornada diaria antes que tomarse días de descanso. La tendencia no es exclusiva del país: en Perú esa opción alcanza al 45%, en Panamá al 40%, en Ecuador al 36% y en Chile al 33%.

El dato sugiere un cambio profundo en la relación con el trabajo: frente a salarios que pierden poder de compra, muchos priorizan tiempo cotidiano antes que un período de descanso anual que, además, implica gastos imposibles de afrontar.

Qué beneficios pesan más que las vacaciones

Cuando el descanso deja de ser viable, los trabajadores redefinen prioridades. El 22% aseguró que aceptaría resignar vacaciones a cambio de otros beneficios laborales. Entre ellos, un mejor salario lidera con el 44%, seguido por el trabajo remoto (21%), incentivos económicos adicionales (15%), esquemas sin horarios fijos (10%) y días libres ocasionales (6%). El resto se reparte entre opciones minoritarias.

La lectura es directa: en un contexto de ajuste, el ingreso mensual y la flexibilidad pesan más que el descanso prolongado.

Los que sí viajan: destinos medidos y brecha en alza

Entre quienes lograron tomarse vacaciones, la elección de destino refleja una combinación de cercanía y costos. La Costa Atlántica bonaerense encabezó las preferencias con el 24%, un dato que también interpela a ciudades como La Plata, históricamente vinculadas al turismo de cercanía.

Sin embargo, el relevamiento también muestra una presencia relevante de viajes al exterior: otros destinos concentraron el 22%, con el Caribe como principal opción, Brasil captó el 16% y la Patagonia el 13%. Desde el sector turístico explican esta tendencia por un tipo de cambio que, pese a las modificaciones en el esquema cambiario, todavía resulta competitivo para determinados sectores.

El descanso, un beneficio que sigue siendo clave

A pesar de las restricciones, las vacaciones conservan un valor simbólico fuerte. El 56% de los trabajadores afirmó que contar con días extra de descanso es un factor determinante al momento de elegir un nuevo empleo, y un contundente 95% considera que debería ser un beneficio ofrecido por todas las organizaciones.

La contradicción es evidente: se valora el descanso, pero cada vez menos personas pueden ejercerlo.

Un nuevo umbral social

Un informe complementario de la consultora Zentrix suma contexto al diagnóstico. Según ese estudio, el 39,3% de la población no cuenta con recursos económicos para viajar este verano, mientras que el 77,6% afirma que su salario perdió frente a la inflación. Esa erosión del ingreso impacta también en la autopercepción social: el 64% hoy se identifica como clase media baja o baja.

En paralelo, el 55,3% evalúa de manera negativa la situación económica del país, incluso por encima de la percepción sobre su propia situación personal.

El resultado es una brecha cada vez más visible entre quienes pueden sostener el consumo turístico —incluidos los viajes al exterior— y quienes ajustan incluso el derecho al descanso. Para miles de trabajadores, también en La Plata y la región, las vacaciones 2026 aparecen más como un deseo que como una posibilidad concreta.

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