Sábado 28 de marzo de 2026
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El derrumbe del uso de la SUBE: enero 2026, el peor registro histórico

El Banco Central confirmó que en enero se realizaron 240,4 millones de viajes con SUBE, un desplome del 18,4% respecto al mismo mes de 2025. La caída no tiene antecedentes en la serie histórica que llega hasta 2019. Comparado con diciembre de 2023, la cantidad de viajes se redujo prácticamente a la mitad

El desplome del uso de la SUBE en enero de 2026 sorprendió incluso a los analistas más críticos. Con 240,4 millones de viajes registrados, la cifra representa un retroceso histórico: nunca antes se había visto una contracción tan abrupta en la serie que se mide desde 2019. El dato cobra mayor dramatismo al compararse con diciembre de 2023, cuando la cantidad de validaciones era casi el doble. La caída no es solo estadística: detrás de cada número hay miles de usuarios que dejaron de viajar o que redujeron drásticamente sus trayectos cotidianos.

Tarifazo y alternativas digitales

El aumento de tarifas aplicado por el gobierno nacional fue el principal detonante. Con boletos que superan los 100.000 pesos mensuales por persona, el transporte público se convirtió en un gasto difícil de sostener para gran parte de la población. En este contexto, las billeteras virtuales y bancos aprovecharon para captar pasajeros con promociones y descuentos, ofreciendo un alivio parcial frente al tarifazo. Muchos usuarios comenzaron a alternar entre la SUBE y estas plataformas, generando un cambio en los hábitos de pago y en la forma de acceder al transporte.

Contexto histórico

La SUBE había mostrado resiliencia en momentos de crisis anteriores, incluso durante la pandemia y los años de recesión. Sin embargo, la caída de enero marca un quiebre estructural: por primera vez, la tarjeta pierde centralidad en la movilidad urbana. El retroceso no solo refleja un problema coyuntural de precios, sino también un cambio cultural en la manera en que los argentinos se desplazan y financian sus viajes.

Lectura política y social

El derrumbe del uso de la SUBE es también un síntoma político. El tarifazo en transporte público se convirtió en uno de los puntos más sensibles del ajuste económico, golpeando directamente a los sectores populares y trabajadores que dependen del colectivo y el tren para llegar a sus empleos. La irrupción de las billeteras digitales como alternativa muestra una fragmentación en el acceso al transporte, donde quienes tienen acceso a promociones bancarias pueden viajar más barato, mientras que otros quedan excluidos. La movilidad, históricamente un derecho básico, se transforma en un privilegio condicionado por la capacidad de pago.

El desplome del uso de la SUBE en enero de 2026 no es un dato aislado: es el reflejo de un país en el que viajar se volvió un lujo y donde las estrategias de supervivencia digital reemplazan a un sistema que alguna vez fue símbolo de inclusión. La crisis del transporte público abre interrogantes sobre el futuro de la movilidad urbana y sobre el impacto social de las políticas de ajuste.

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