La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir los mercados globales y tuvo un efecto inmediato en el precio del petróleo. En pocos días, el barril de crudo Brent —referencia internacional para la Argentina— superó los 90 dólares, su nivel más alto desde fines de 2023, mientras las bolsas internacionales operaron en baja y los activos argentinos sintieron el impacto.
La suba del petróleo, que en algunos momentos llegó a superar el 8% en una sola jornada, se explica por el temor a interrupciones en el suministro energético global en una región que concentra buena parte de la producción mundial de crudo. La tensión bélica y los problemas logísticos en rutas estratégicas, como el estrecho de Ormuz, reavivaron la preocupación de los inversores sobre la estabilidad del mercado energético.
Mercados en alerta y presión sobre la economía
El movimiento del petróleo no ocurrió en aislamiento. La incertidumbre geopolítica se trasladó rápidamente a los mercados financieros: las bolsas de Estados Unidos y Europa retrocedieron alrededor de 1%, mientras que los bonos de países emergentes también registraron caídas.
En el caso argentino, el impacto se reflejó en la suba del riesgo país, que volvió a acercarse a los 570 puntos básicos, y en un retroceso en la cotización de bonos y acciones locales. Este comportamiento responde al clásico reacomodamiento global: en contextos de mayor tensión internacional, los capitales tienden a refugiarse en activos considerados más seguros.
Combustibles: el efecto que podría sentirse en el surtidor
Para la Argentina, la suba del petróleo tiene una doble cara. Por un lado, un barril más caro mejora el ingreso potencial de divisas por exportaciones de energía, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta. Por otro, presiona sobre los precios internos de los combustibles, un tema sensible para la inflación.
El mercado local utiliza el precio del Brent como referencia para definir el valor de las naftas y el gasoil. Por ese motivo, cuando el crudo sube con fuerza a nivel internacional, el traslado a los surtidores suele aparecer tarde o temprano, dependiendo de la política de precios que adopten las petroleras y del contexto económico local.
En la práctica, el impacto no siempre es inmediato. Las compañías suelen evaluar varios factores antes de ajustar precios: el tipo de cambio, los impuestos a los combustibles y la evolución de los costos internos. Sin embargo, el salto del petróleo vuelve a instalar la posibilidad de nuevos incrementos en el corto plazo.
Un escenario que vuelve a poner presión sobre la inflación
La energía es una de las variables que más rápido se transmiten al resto de la economía. Un aumento sostenido del petróleo no sólo afecta a los combustibles, sino también al transporte, la logística y la producción industrial.
Para la Argentina —y particularmente para ciudades como La Plata, donde el costo del transporte impacta de forma directa en la vida cotidiana— cualquier suba en naftas y gasoil termina reflejándose en el bolsillo de los consumidores y en la estructura de costos de muchas actividades.
Mientras el conflicto internacional sigue abierto y el mercado energético se mantiene volátil, el petróleo volvió a posicionarse como una variable clave para la economía global y, también, para la dinámica de precios en el país.


