La llegada de febrero consolidará otra ronda de aumentos que complexifican el escenario económico para los hogares argentinos, justo cuando las proyecciones privadas estiman una desaceleración moderada de la inflación mensual —alrededor de 2,3% a 2,6% según especialistas— pero sin lograr alivianar la presión sobre ingresos y salarios.
Transporte: subas que acentúan el ajuste cotidiano
El transporte público vuelve a encabezar la lista de aumentos. En la Ciudad de Buenos Aires, el boleto de colectivo se ajusta un 2,8%, llevando el pasaje mínimo de hasta 3 km de $619,37 a $637,58. En el conurbano bonaerense, el incremento es más marcado: 4,5% desde el 1° de febrero, con el tramo inicial pasando de $685,11 a $721,08. Además, el subte en CABA también sube de $1.259 a $1.336 para viajes con SUBE registrada, mientras el premetro alcanza $467,60.
Este ajuste se produce en medio de negociaciones salariales tensas con el sector del transporte y ante la persistente demanda de mayores ingresos por parte de los trabajadores del rubro.
Alquileres: un nuevo salto para inquilinos
Para millones de hogares que alquilan, febrero pone sobre la mesa otro ajuste significativo. Los contratos que aún se rigen por la derogada Ley de Alquileres se actualizan según el Índice de Contratos de Locación (ICL), con aumentos que rondan el 34,6% anual.
En términos prácticos, un alquiler de $400.000 pasará a costar $538.400 bajo este esquema. En contratos posteriores al decreto DNU, las actualizaciones son trimestrales, cuatrimestrales o semestrales, con subas que llevan un alquiler de referencia de $500.000 a valores que superan los $560.000 en seis meses.
Estos incrementos refuerzan una tendencia que, pese a las expectativas de estabilización de precios, deja a muchos inquilinos aún más expuestos a la volatilidad del mercado.
Salud y telecomunicaciones: presión constante
Las empresas de medicina prepaga anunciaron un aumento de hasta 2,8% en las cuotas de febrero, que también se trasladará a copagos médicos.
En paralelo, servicios de cable, internet y telefonía móvil aplicarán ajustes que oscilarán entre 2,8% y 3,5%, según la empresa y el tipo de plan contratado, en un contexto donde la digitalización del consumo se vuelve otra fuente de presión al ingreso familiar.
Subsidios energéticos: cambia el esquema y con ello la expectativa de las facturas
Uno de los cambios más relevantes que empieza a regir este mes es la implementación del Registro de Subsidios Energéticos Focalizados (ReSEF), que reemplaza la segmentación anterior por niveles y redefinirá quiénes acceden a subsidios en servicios de luz y gas.
Bajo este nuevo régimen, que surge del Decreto 943/2025, se elimina la clasificación tradicional (N1, N2, N3) y se crea un sistema de acceso basado en ingresos, patrimonio y otros criterios de capacidad económica. Para los hogares que sean beneficiarios del ReSEF, se aplicarán bonificaciones directas —como un 50% de descuento sobre bloques de consumo base de electricidad y gas— con una bonificación extra decreciente durante 2026.
Este cambio busca focalizar la asistencia estatal, pero también implica que muchos hogares con mayores ingresos o con ciertos bienes de patrimonio pierdan subsidios y enfrenten facturas más altas conforme avance el año.
Lo que queda claro para los ingresos familiares
La suma de estos ajustes —transporte, alquileres, salud, servicios y energía— se traducirá en un febrero de huso fiscal tenso para sectores medios y populares. Aunque las cifras de inflación mensual puedan mostrar una moderación, el efecto combinado de los aumentos programados refleja que los ingresos disponibles continúan bajo presión frente a decisiones de política económica que priorizan el orden fiscal sobre la contención de precios de bienes y servicios cotidianos.
En un contexto electoral y económico donde la estabilidad de los precios es un argumento clave del Gobierno para mejorar expectativas, los aumentos concretos de febrero evidencian que la vida cotidiana seguirá siendo un desafío para amplios sectores de la ciudadanía.


