El Lobo, el club más antiguo del país oficializó acuerdos con Oca y Flybondi, empresas adquiridas por el empresario cercano a Milei, Leonardo Scatturice. Bajo la conducción de Carlos Anacleto y con la influencia de Federico Sturzenegger, reflota el debate sobre el modelo de Sociedades Anónimas Deportivas en Argentina.
La llegada de Carlos Anacleto a la presidencia de Gimnasia marcó un punto de inflexión en medio de una crisis institucional y financiera. El club, que enfrentaba deudas salariales y conflictos con el plantel, encontró un alivio inmediato con la incorporación de Oca y Flybondi como sponsors principales. Estas empresas, recientemente adquiridas por Leonardo Scatturice, aportaron capital fresco y abrieron la puerta a un modelo de gestión que combina inversión privada con la estructura social tradicional.
Sturzenegger y Casal, arquitectos del modelo
Federico Sturzenegger, figura clave en el gobierno de Javier Milei, aparece como uno de los ideólogos del esquema que busca transformar a Gimnasia en la primera Sociedad Anónima Deportiva del país. Junto a Carlos Casal, histórico dirigente del club, impulsan un proyecto que pretende modernizar la administración y garantizar estabilidad financiera. La propuesta, inspirada en experiencias internacionales, genera entusiasmo en algunos sectores pero también resistencia entre quienes defienden la identidad asociativa de los clubes argentinos.
Scatturice y los vínculos con el Gobierno
El desembarco de Leonardo Scatturice en el mundo del fútbol no es casual. Empresario con conexiones directas con el oficialismo y con antecedentes de negocios vinculados a la administración Trump, su apuesta por Gimnasia se interpreta como un ensayo del modelo SAD en Argentina. La inyección de dólares a través de Oca y Flybondi refuerza la idea de un alineamiento entre el club y el Gobierno Nacional, lo que despierta suspicacias en la oposición interna y en sectores de la hinchada que temen perder autonomía.
El debate abierto sobre las SAD
La posibilidad de que Gimnasia se convierta en el primer club argentino con un esquema de Sociedad Anónima Deportiva reaviva un debate histórico. Los defensores del modelo destacan la llegada de capital privado, la profesionalización de la gestión y la oportunidad de competir en mejores condiciones. Los críticos, en cambio, advierten sobre el riesgo de mercantilizar las instituciones deportivas y diluir su carácter social. En ese cruce de visiones, el Lobo se convierte en laboratorio de un experimento que podría marcar el futuro del fútbol argentino.
Fuentes: El Día, LPO, Primera Página


