Un análisis satelital y de sensores remotos realizado por la plataforma internacional Climate TRACE posiciona al Gran La Plata —integrado por La Plata, Berisso y Ensenada— como uno de los puntos del país con mayores emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos, elevando las alertas sobre la calidad del aire que respiran decenas de miles de vecinos y vecinas.
Los datos, actualizados periódicamente gracias a tecnologías de monitoreo global, destacan que la actividad industrial, la generación energética y el transporte urbano son las principales fuentes que alimentan este perfil de emisiones. Entre los compuestos más preocupantes figuran el dióxido de carbono (CO₂) y las partículas finas PM2.5, capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio.
Industrias, autopistas y aire que afecta salud
La concentración de plantas industriales, refinerías y centrales energéticas entre las tres ciudades genera “plumas de contaminación” —trayectorias en las cuales los contaminantes se desplazan hacia zonas residenciales—, un fenómeno que las imágenes satelitales hacen visible. Este desplazamiento directo hacia áreas densamente pobladas intensifica la exposición de la población a contaminantes ligados a problemas respiratorios crónicos, cardiovasculares y a un mayor riesgo de cáncer de pulmón.
Además de las fuentes industriales, el crecimiento del parque automotor repercute de manera significativa en la emisión de gases y material particulado. A nivel global, según datos de agosto de 2025, el transporte fue uno de los sectores con mayor crecimiento en emisiones, tendencia que se replica en las grandes ciudades argentinas como La Plata.
Estudios locales y brechas en el conocimiento técnico
Investigaciones de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el CONICET coinciden en que, aunque en algunos periodos se observaron descensos puntuales de ciertos contaminantes industriales, la situación general no representa una mejora estructural sostenida. Los investigadores subrayan que la región carece de estudios técnicos exhaustivos y actualizados que permitan un diagnóstico completo de la calidad del aire y un diseño eficaz de políticas públicas ambientales.
El panorama se vuelve aún más complejo si se considera que las emisiones se suman a otros factores ambientales urbanos, como el fenómeno de isla de calor, vinculado al déficit de espacios verdes y densidad de infraestructura urbana, que potencialmente agrava el estrés térmico y la calidad del aire en centros poblados.
Salud pública y urgencia de políticas
Organizaciones globales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han subrayado en informes recientes el impacto de la mala calidad del aire sobre la salud, señalando que la mayoría de la población mundial respira aire con niveles de contaminantes que exceden los límites recomendados internacionalmente. Este contexto global refuerza la gravedad de la situación local: el aire que respiran miles de habitantes del Gran La Plata no es ajeno a ese problema.
Para expertos entrevistados en notas previas, un enfoque integral que incluya monitoreo permanente, regulación más estricta de emisiones y políticas de movilidad sostenible es esencial para mitigar los riesgos ambientales y sanitarios. Sin esas medidas, la región seguirá enfrentando un aire de calidad cuestionable con las consecuentes implicancias para la salud de sus habitantes.


