Martes 3 de febrero de 2026
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Inflación: La universidad Di Tella calcula un 3,7% para enero mientras el Gobierno apunta a un dato cercano al 2%

Las expectativas privadas y la medición oficial vuelven a moverse en carriles distintos. Mientras el Gobierno se encamina a mostrar un índice de inflación mensual sensiblemente más bajo, el relevamiento de la Universidad Torcuato Di Tella refleja que en la calle se percibe una suba de precios bastante más alta.

Según la última Encuesta de Expectativas de Inflación del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la UTDT, la inflación esperada para los próximos 30 días se ubica en 3,71% en promedio, un número que funciona como anticipo de cómo sienten los consumidores la dinámica de precios de corto plazo. 

Ese registro contrasta con el escenario que deja trascender el equipo económico nacional, donde se proyecta un IPC mensual en torno al 2%–2,2%, apoyado en la nueva metodología de medición que comenzó a aplicarse este año.

Dos inflaciones: la estadística y la percibida

El informe de Di Tella no mide inflación pasada, sino expectativas, pero históricamente mostró bastante correlación con lo que luego se observa en góndolas y servicios. Que la percepción social esté casi un punto y medio por encima de la cifra que se anticipa desde el Palacio de Hacienda marca una brecha que no es sólo técnica, sino también política.

A nivel anual, la universidad proyecta una inflación de 31,5% para los próximos 12 meses, apenas por debajo de lo que se esperaba a fines de 2025. Es una desaceleración, sí, pero todavía muy lejos de un escenario de estabilidad de precios. 

El cambio en el IPC, en el centro de la discusión

Parte de esta diferencia se explica por la nueva canasta del IPC que empezó a usar el INDEC, basada en la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18. La actualización redujo el peso de los alimentos —que venían siendo el motor de la inflación en los sectores populares— y aumentó la incidencia de servicios, muchos de ellos regulados o con ajustes más espaciados.

En los papeles, el cambio moderniza la medición. En la práctica, introduce un ruido inevitable: durante varios meses convivirán una inflación “estadística” más moderada con una sensación térmica más elevada en el bolsillo.

Ahí es donde el dato de Di Tella cobra relevancia: refleja lo que la gente cree que va a pasar con los precios en el corto plazo, sin ponderaciones técnicas ni cambios metodológicos. 

La salida de Lavagna y las tensiones internas

En este contexto se dio la salida de Marco Lavagna del INDEC, un movimiento que dentro del ámbito económico se leyó como el síntoma de diferencias sobre el manejo técnico y comunicacional de las estadísticas. Sin declaraciones públicas de fondo, la renuncia alimentó dudas sobre el margen de autonomía del organismo en una etapa donde el Gobierno necesita mostrar una desaceleración firme de la inflación.

El recambio se produce justo cuando la nueva metodología empieza a impactar de lleno en los números, lo que para algunos analistas debilita la credibilidad del proceso, aun cuando el cambio técnico pueda estar justificado.

La brecha social también se refleja en las expectativas

El trabajo de campo —realizado entre el 5 y el 15 de enero sobre 1.000 casos en grandes centros urbanos, incluida La Plata— muestra además que los hogares de menores ingresos siguen esperando más inflación que los de mayores recursos. Los primeros proyectan 35,5% anual, contra 29,2% en los segmentos de ingresos más altos. 

Esa diferencia no es menor: indica que los sectores que más destinan su ingreso a alimentos y servicios básicos perciben que los precios seguirán corriendo por encima del promedio.

En La Plata, donde salarios públicos, universitarios y jubilaciones tienen un peso fuerte en el consumo, esta brecha entre inflación oficial y percibida impacta directo en paritarias, comercio y expectativas de gasto. Si el dato oficial baja pero el bolsillo no lo siente, la recuperación del consumo seguirá siendo frágil.

El escenario que presenta la Di Tella es claro: la inflación se desacelera, pero no al ritmo que sugiere el discurso oficial. Y en economía, la credibilidad del número pesa casi tanto como el número mismo.

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