El propio gobernador blanqueó el escenario ante intendentes y ministros en un encuentro cerrado donde expuso la magnitud del problema. Con recursos en retroceso y mayores demandas sociales, Kicillof planteó un dilema concreto: definir qué áreas sostener en un contexto donde “no alcanza para todo”.
La provincia de Buenos Aires atraviesa uno de los momentos fiscales más delicados de los últimos años. La abrupta caída de la recaudación puso contra las cuerdas a la gestión de Axel Kicillof, que ya analiza suspender o recortar programas esenciales para sostener el funcionamiento básico del Estado. A diferencia de la etapa de pandemia, cuando el auxilio nacional amortiguó el impacto, hoy la administración bonaerense enfrenta la crisis sin respaldo extraordinario.
La reunión reservada
El propio gobernador blanqueó el escenario ante intendentes y ministros en un encuentro cerrado donde expuso la magnitud del problema. Con recursos en retroceso y mayores demandas sociales, Kicillof planteó un dilema concreto: definir qué áreas sostener en un contexto donde “no alcanza para todo”. La sinceridad del diagnóstico generó preocupación inmediata en los distritos, que advierten sobre el riesgo de que la crisis se traslade a los territorios más vulnerables.
La respuesta política
Desde los municipios, la reacción fue clara: la asistencia alimentaria no puede tocarse. Intendentes de distintas secciones coincidieron en que cualquier ajuste en esa partida sería políticamente inviable y socialmente explosivo. El resto de los programas, desde infraestructura hasta apoyo cultural, quedaron bajo revisión. En La Plata y el Gran La Plata, donde la demanda social se intensificó en los últimos meses, la tensión es palpable: los comedores comunitarios y las organizaciones barriales ya alertan sobre la falta de insumos y el aumento de la presión en los barrios más castigados.
Una lectura entre líneas
El dilema bonaerense expone la fragilidad de un esquema que depende de la recaudación propia y de transferencias nacionales. Sin refuerzos extraordinarios, Kicillof se ve obligado a administrar escasez y a negociar con intendentes que, en muchos casos, son su principal sostén político. La discusión sobre qué programas se sostienen y cuáles se recortan abre un nuevo capítulo en la relación entre la Gobernación y los municipios, con impacto directo en la vida cotidiana de miles de familias.
Si la crisis fiscal se profundiza, el escenario a corto plazo podría derivar en un ajuste silencioso que afecte áreas sensibles como infraestructura escolar, salud comunitaria y obras públicas. La incógnita es si el gobierno bonaerense logrará contener la presión social sin romper el delicado equilibrio político con los intendentes.


