El dirigente Claudio “Chiqui” Tapia encabezó una gestión humanitaria que permitió la salida del gendarme argentino, acusado de espionaje por el régimen de Nicolás Maduro. El traslado se realizó en un avión privado vinculado a la AFA. La Cancillería se enteró por redes sociales.
Nahuel Gallo, gendarme argentino detenido en Venezuela desde diciembre de 2024 bajo cargos de espionaje y terrorismo, recuperó la libertad este domingo tras 448 días de encarcelamiento en la prisión El Rodeo 1. La noticia sorprendió al gobierno argentino, que llevaba meses de negociaciones diplomáticas sin éxito.
El rol decisivo de la AFA
La Asociación del Fútbol Argentino (AFA), a través de su presidente Claudio “Chiqui” Tapia, fue la que finalmente consiguió la liberación. La gestión se realizó en coordinación con la Federación Venezolana de Fútbol y contó con la intervención de dirigentes que acompañaron a Gallo en su salida. La propia AFA agradeció públicamente a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez por su “sensibilidad” en el caso.
Un vuelo privado y un silencio oficial
El gendarme fue trasladado hacia Buenos Aires en un avión privado que suele utilizar Tapia, lo que añade un componente polémico a la operación. Mientras tanto, la Cancillería argentina se enteró de la liberación a través de un comunicado publicado en X (ex Twitter), lo que expone la falta de protagonismo del gobierno en un hecho de alto impacto político y diplomático.
Lectura política y mediática
La liberación de Gallo abre un debate sobre el rol de actores no estatales en gestiones humanitarias de alto perfil. La diplomacia deportiva se impuso sobre la institucional, dejando al gobierno en un segundo plano. Tapia, en cambio, emerge fortalecido en la escena pública, capitalizando un logro que trasciende el fútbol y lo coloca en el centro de la política exterior argentina.


