La economía argentina crece y la macroeconomía muestra señales de estabilización, pero los beneficios no se distribuyen de manera uniforme. Lo dice un informe de la Fundación Pensar, el think tank vinculado al PRO, elaborado por el economista Fernando Moiguer, el exministro de Economía Hernán Lacunza y la directora de Casa Tres, Mora Jozami.
Lo confirma el propio INDEC: la desigualdad en la distribución del ingreso se profundizó en el primer trimestre de 2026. El modelo genera crecimiento, pero también amplía la brecha entre quienes pueden aprovecharla y quienes no.
El INDEC lo avala: el coeficiente de Gini llegó a 0.442
Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) del primer trimestre de 2026 corroboran el diagnóstico. El coeficiente de Gini —el indicador más utilizado para medir desigualdad en la distribución del ingreso— alcanzó 0.442, su nivel más elevado en dos años. En el mismo período de 2025 era de 0.435.
La brecha entre los extremos se ensanchó de manera significativa. El 10% más rico de la población percibe ingresos 15 veces superiores a los del 10% más pobre. En el trimestre anterior, esa proporción era de 13 veces. El ingreso promedio de los estratos bajos —deciles 1 a 4— fue de $405.245. En los estratos altos —deciles 9 y 10— trepó a $2.579.304.
La mejora macroeconómica, en consecuencia, no se tradujo en una reducción de la brecha social. Por el contrario, la agrandó.
Dos argentinas en el mismo mapa: Neuquén y el AMBA
El informe de la Fundación Pensar introduce un contraste regional que ilustra la fragmentación con precisión. El 74% de los habitantes de Neuquén realizó algún gasto suntuario durante el período analizado. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, apenas el 23% de la población tuvo esa capacidad, diez puntos por debajo del promedio nacional.
La diferencia no es anecdótica. Refleja dos modelos de inserción en la economía: uno basado en actividades extractivas y exportadoras —minería, hidrocarburos— que dinamizan provincias como Neuquén y Salta, y otro sostenido en el mercado interno y la industria, que concentra al AMBA y lleva años golpeada.

Esa divergencia también aparece en las expectativas. Solo el 29% de los habitantes del AMBA cree que su situación mejorará durante el próximo año. En el eje patagónico la proporción sube al 45%. Un relevamiento de confianza del consumidor de abril de 2026 mostró que el interior alcanzó los 45.4 puntos, frente a 38.1 en la Ciudad de Buenos Aires y 36.8 en el Gran Buenos Aires. La brecha entre el AMBA y el interior se amplía mes a mes.
Cuatro argentinas en una sola
El estudio de la Fundación Pensar describe cuatro grupos que conviven en el mismo país con experiencias económicas radicalmente distintas.
Los ganadores son quienes tienen capital, activos o inserción profesional competitiva. Pueden adaptarse a los cambios y aprovechar las oportunidades que genera el nuevo esquema productivo.
Los esperadores son la clase media formal del sector privado. Recuperaron parte del poder adquisitivo y mantienen la expectativa de que los beneficios del modelo terminarán llegando.

Los ajustados son hogares de clase media baja que perdieron calidad de vida sin caer todavía por debajo de la línea de pobreza. Viven sin margen de ahorro y con miedo a cualquier gasto imprevisto. El récord de endeudamiento de las familias argentinas expresa esa falta de margen.
Los perdedores directos son los jubilados del haber mínimo, los empleados públicos, los trabajadores informales, los hogares pobres con niños y quienes dependen de actividades orientadas al mercado interno.
El sueldo no alcanza: datos que dividen por nivel de ingreso
El 73% de los sectores bajos afirmó que el ingreso no le alcanza para cubrir todo el mes. En los sectores medios, esa proporción baja al 53%. Entre los de mayores ingresos, al 29%.
El temor a perder el empleo alcanza al 47% de los sectores bajos, al 36% de los medios y al 35% de los altos. Las diferencias también se reflejan en las expectativas: el 44% de los sectores altos cree que su situación mejorará, frente al 29% de los sectores bajos.

El crecimiento que no genera empleo
Hay un dato que desarma uno de los argumentos más repetidos en favor del modelo exportador. El eje andino acumuló un crecimiento del producto del 2,9%, liderado por Salta. Sin embargo, el empleo en esa región cayó un 9% en el mismo período. Es una caída mayor a la registrada en el Gran Buenos Aires. El avance de la minería y los hidrocarburos puede elevar el PBG sin generar, en el corto plazo, una expansión equivalente de los puestos de trabajo.
Las consecuencias políticas ya se ven en las encuestas
El estudio incorpora una dimensión política que el oficialismo debería leer con atención. El 59% de los sectores bajos afirmó que en 2027 votará por un cambio de gobierno. En los medios, la cifra baja al 54%. En los altos, al 33%.
La conclusión del informe es la más incómoda que podría recibir el modelo desde las propias filas del espacio que lo apoyó: «El Gobierno logró construir una narrativa de orden. Ahora necesita construir una experiencia de mejora.»


