El bolsillo de las familias argentinas vuelve a sentir la presión de la carne. Tras un 2025 en el que los cortes vacunos crecieron por encima del promedio de inflación, esta semana los comercios de La Plata implementan nuevos ajustes en los precios, profundizando un problema de fondo para la economía doméstica y el índice general de precios.
Precios al alza, consumo a la baja
Desde el inicio de este lunes, los precios de los principales cortes en carnicerías platenses volvieron a subir, y se ubican en niveles que superan ampliamente los $20.000 por kilo en algunos casos, según comerciantes locales. El ritmo de aumentos marca una tendencia sostenida y se siente con más fuerza en los cortes más demandados por las familias.
El fenómeno no es aislado de La Plata: diversos relevamientos de consultoras privadas y entidades del sector anticipan que la inflación de enero rondará entre 2,4 % y 2,6 % a nivel nacional, en gran parte impulsada por los alimentos, donde los precios de la carne tienen un peso significativo.
¿Por qué sube la carne? Factores estructurales y coyunturales
La explicación de fondo mezcla aspectos de oferta y demanda, y tiene impacto directo en la inflación y en los hábitos de consumo. En 2025, los precios de cortes vacunos aumentaron muy por encima del promedio general: distintas fuentes señalan incrementos interanuales cercanos o superiores al 60 %, mientras que el IPC nacional cerró el año en torno al 30 %.
Este desbalance se explica por múltiples factores:
- Escasez de hacienda disponible en el Mercado de Cañuelas, que presiona al alza los valores pagados por los frigoríficos y, consecuentemente, por los comercios.
- Incrementos en los costos internos, con presión sobre los eslabones de la cadena productiva.
- Demanda externa creciente que, en casos específicos, prioriza mercados con mayores retornos comerciales. Estas dinámicas hacen que la carne —tradicional pilar en la dieta argentina— deje de ser un ancla estable de precios y se convierta en un motor de aceleración inflacionaria.
¿Cómo impacta en la mesa familiar?
El resultado de esta dinámica es simple y crudo: el consumidor ajusta sus hábitos. La compra por kilo cedió frente a la compra por monto fijo, una señal de que el ingreso disponible se ve cada vez más comprimido por la escalada de precios. Carnicerías de La Plata y del Gran Buenos Aires coinciden en que muchos compradores entran con una cifra cerrada y adquieren lo que alcanza, reduciendo la cantidad de proteína consumida.
Este ajuste no es solo platense. A nivel nacional, organismos privados como CICCRA destacan que el consumo per cápita de carne vacuna se mantiene en niveles bajos comparados con años previos, aunque con leves variaciones según la metodología y el período analizado.
Impacto en la inflación general
La carne, por su peso en la canasta de alimentos, sigue presionando al índice de precios al consumidor. El alza de los alimentos en enero registró uno de los saltos más altos en más de un año, impulsados fundamentalmente por carnes, verduras y aceites.
Para economías locales como la de La Plata, donde el consumo familiar de proteína vacuna forma parte del presupuesto mensual de forma estructural, estos incrementos traducen una puja constante entre poder adquisitivo y necesidades nutricionales.
¿Qué viene para los consumidores?
Analistas señalan que esta presión podría mantenerse en los próximos meses si no se recomponen variables de oferta, si no hay mayores incentivos para producción interna o si la demanda global sigue compitiendo por los mismos productos. En paralelo, decisiones de política económica nacional, como acuerdos comerciales y metodologías de medición de inflación, seguirán siendo puntos de discusión política y técnica.
Para las familias platenses, la consigna seguirá siendo ajustar presupuestos: más carne en la parrilla puede implicar menos kilos de otros productos en el changuito.


