Miércoles 18 de febrero de 2026
Miércoles 18 de febrero de 2026
loader-image
temperature icon 22°C

La carne vuelve a subir y el consumo cae al nivel más bajo en dos décadas: impacto en la inflación y en el bolsillo

La carne vacuna, uno de los productos más arraigados en la mesa argentina, atraviesa un momento delicado. En enero, las ventas en el mercado interno cayeron 13% interanual y el consumo per cápita se ubicó en el nivel más bajo de los últimos 20 años, según datos sectoriales. A la par, los precios volvieron a mostrar incrementos en febrero y el rubro ya presiona sobre el índice de inflación del mes.

El dato no es menor para el Gobierno nacional que encabeza Javier Milei. En un esquema económico que busca sostener la desaceleración inflacionaria como principal bandera política, el comportamiento de alimentos básicos como la carne resulta clave. Si el precio del asado sube, el termómetro social también.

Consumo en retroceso y precios en alza

El consumo per cápita anual cayó a mínimos históricos recientes, perforando el piso de las últimas dos décadas. La combinación de menor poder adquisitivo, ajustes tarifarios y recomposición de precios relativos impacta directo en la demanda. La carne, que durante años fue un indicador cultural y económico, hoy se transforma en variable de ajuste del presupuesto familiar.

En paralelo, febrero mostró nuevas subas en distintos cortes, lo que podría incidir en el índice general de precios. El aumento responde, en parte, a factores estacionales y a movimientos en la cadena de comercialización, pero también a una recomposición de valores luego de meses de relativa estabilidad.

Para el equipo económico, el desafío es doble: sostener la tendencia descendente de la inflación y evitar que un salto en alimentos erosione esa dinámica. En enero, el rubro alimentos ya había mostrado señales de presión y la carne aparece ahora como uno de los focos principales.

Exportaciones firmes, mercado interno debilitado

Mientras el mercado doméstico muestra retracción, el sector exportador mantiene dinamismo. La ecuación es conocida: cuando los precios internacionales resultan más atractivos y el tipo de cambio acompaña, parte de la oferta se orienta hacia el exterior. Sin embargo, la contracara es un consumo interno que no logra recomponerse al ritmo esperado.

La caída de 13% en las ventas no solo refleja un cambio de hábitos —con mayor presencia de pollo o cerdo en la dieta— sino también una restricción económica concreta. En ciudades como La Plata, donde el empleo privado formal todavía no recupera plenamente los niveles previos a la recesión y el comercio atraviesa meses de facturación ajustada, el impacto se siente en carnicerías de barrio y supermercados.

Inflación bajo la lupa

El comportamiento de la carne en febrero será determinante para el dato inflacionario del mes. El Gobierno necesita consolidar la desaceleración para sostener expectativas, especialmente en un año de definiciones políticas y tensiones fiscales.

Para los consumidores platenses, la ecuación es más simple: cuánto rinde el sueldo al momento de llenar el changuito o encender la parrilla. Si la carne continúa subiendo por encima del promedio, el alivio en otros rubros podría diluirse.

En términos estructurales, el sector ganadero enfrenta desafíos productivos y de costos que exceden la coyuntura. Pero en el corto plazo, la discusión pasa por el precio final en mostrador y su peso en la inflación. La carne no es solo un alimento: es un indicador económico sensible y, en la Argentina, también un símbolo político.

Scroll al inicio