El deterioro del poder adquisitivo, el aumento sostenido de las tarifas de servicios públicos y el crecimiento acelerado del endeudamiento están llevando a los hogares argentinos a una situación cada vez más frágil. En la provincia de Buenos Aires, donde se concentra una porción clave del consumo interno, la combinación de deuda, mora y costos fijos en alza empieza a configurar un escenario social y económico de alto riesgo.
Morosidad récord en créditos familiares
Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, la mora en los créditos a las familias alcanzó en noviembre el 8,8% del total de la cartera, el nivel más alto desde 2010. El dato refleja una dificultad creciente para cumplir con compromisos financieros básicos y marca un quiebre respecto de años anteriores.
El deterioro fue veloz: en apenas doce meses, la irregularidad de los hogares pasó del 2,6% a niveles récord. El principal factor detrás de este salto es el crédito al consumo, que funciona como un termómetro directo del estrés sobre los ingresos familiares.
El contraste con el sector empresario es contundente. Mientras las familias enfrentan una mora cercana al 9%, el incumplimiento de las empresas se ubica en torno al 2,3%. La diferencia deja en evidencia que el ajuste impacta con más fuerza sobre los ingresos personales que sobre la estructura productiva.
Provincia de Buenos Aires: el foco del problema
En territorio bonaerense, el fenómeno se profundiza. De acuerdo al último informe de Provincia Microcréditos del Banco Provincia, la morosidad de los hogares acumula doce meses consecutivos de subas, con una dinámica comparable solo a la registrada durante la pandemia.
El dato más preocupante aparece fuera del sistema bancario tradicional. Mientras la mora de las familias con bancos ronda el 7,8%, en el universo de fintech y billeteras virtuales el incumplimiento alcanza el 18%. Son créditos de acceso rápido, con pocos requisitos, pero con costos financieros que pueden quintuplicar los del sistema regulado.
Este tipo de endeudamiento creció con fuerza en el conurbano bonaerense y en los sectores de ingresos medios y bajos, donde el crédito se utiliza para sostener consumos esenciales. El problema es que la deuda avanza más rápido que la capacidad de pago.
Tarifas de servicios: el otro golpe al bolsillo
El aumento de la morosidad no puede analizarse de manera aislada. Según un informe del Observatorio de Tarifas y Subsidios de la UBA–CONICET, la canasta de servicios públicos —electricidad, gas, agua y transporte— aumentó 594% en poco más de dos años en el AMBA, muy por encima de la inflación acumulada en el mismo período.
En enero de 2026, un hogar promedio sin subsidios destinó cerca de $192.665 mensuales al pago de servicios básicos. Ese monto representa más del 11% del salario promedio registrado estimado para el mismo mes. El transporte concentra el mayor peso, con alrededor del 43% del gasto total.
La reducción de subsidios y el traslado de costos a los usuarios explican buena parte de esta dinámica. Aunque en los primeros meses de 2026 los ajustes tarifarios mostraron cierta desaceleración, el impacto acumulado sigue presionando con fuerza sobre los presupuestos familiares.
Más deuda, menos ingreso disponible
El resultado es un círculo difícil de romper: ingresos que no terminan de recomponerse, gastos fijos en aumento y mayor dependencia del crédito para llegar a fin de mes. Ante el aumento del riesgo crediticio, las entidades financieras endurecieron las condiciones para otorgar préstamos, especialmente a familias y pymes, restringiendo el acceso justo cuando la necesidad de financiamiento es mayor.
En la provincia de Buenos Aires, donde se concentra una parte central del empleo y del consumo, la combinación de deuda creciente, morosidad récord y tarifas en alza anticipa un escenario de mayor tensión social. La clase media aparece como el sector más afectado: sin asistencia directa como los sectores más vulnerables y sin los beneficios financieros que aprovechan los ingresos altos, enfrenta una recesión silenciosa que se refleja en caída del consumo, cierre de pequeños comercios y pérdida de empleo.
Un desafío económico con impacto local
Para La Plata y la región, este contexto tiene efectos concretos: menor circulación de dinero, caída de la demanda interna y mayor fragilidad de la economía local. La discusión de fondo ya no pasa solo por el orden fiscal o la desaceleración de la inflación, sino por cómo y cuándo se recomponen los ingresos y qué políticas permitirán aliviar la presión sobre los hogares sin profundizar la recesión.


