La última encuesta nacional de Zuban Córdoba & Asociados, realizada entre el 23 y el 26 de febrero de 2026, evidencia un giro profundo en el malestar argentino: la crisis del bolsillo cotidiano —bajos salarios y falta de empleo— se impone como el principal foco de ansiedad social, relegando temas como la inflación y la inseguridad que dominaron el debate en etapas previas. Con más del 51% de las menciones concentradas en ingresos insuficientes y desocupación, el estudio envía una luz roja al gobierno de Javier Milei en un contexto de recesión persistente y caída de imagen.
En medio de una economía que acumula meses de ajuste y contracción, el relevamiento de la consultora cordobesa —con 1.500 casos a nivel nacional, margen de error de ±2,53% y técnica mixta (mailing y CAWI)— pone en primer plano cómo las preocupaciones de los argentinos han migrado del dólar y la inflación hacia la supervivencia diaria. El “bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo” lidera el ranking con un 28,5% de menciones, seguido por la “falta de empleo y desocupación” con 22,7%. Juntos superan el 51%, dejando atrás la inflación (17,7%), la inseguridad (13,9%), la corrupción (7,3%) y el endeudamiento externo (5,7%). La polarización política, con apenas 1,9%, confirma que el eje del descontento ya no es ideológico, sino material y cotidiano.
Este corrimiento hacia la “economía real” refleja un mensaje claro: la gestión del ingreso diario será el factor decisivo en los humores sociales de los próximos meses. En un escenario donde los despidos se aceleran en sectores industriales y comerciales, y el poder adquisitivo sigue erosionado pese a la desaceleración inflacionaria, el bolsillo se convierte en el nuevo termómetro del descontento.
Jóvenes y mujeres, los más afectados por la precariedad laboral
El desglose por segmentos revela brechas que agravan el panorama. Entre los jóvenes de 18 a 30 años —el grupo más expuesto a la informalidad y la falta de oportunidades estables— la falta de empleo salta al primer lugar con un 34,5%, por encima de los bajos salarios (20,8%) y la inflación (17,9%). Para este segmento, clave en el futuro productivo del país, la inseguridad aparece en un 18,5%, pero queda subordinada a la urgencia de insertarse laboralmente en un mercado contraído.
Por género, hombres y mujeres coinciden en priorizar los bajos salarios (29,7% en varones, 27,5% en mujeres), pero las mujeres destacan más la falta de empleo (25,8% versus 19,4% en hombres), lo que evidencia desigualdades estructurales en acceso al trabajo formal, cargas familiares y brechas salariales persistentes. En edades intermedias (31-45 años), los salarios insuficientes alcanzan el 30,7% y la inflación el 27,3%, mientras que en mayores de 60 años ganan peso temas como salud y costos de vida.
Estos datos subrayan que la crisis no impacta de forma homogénea: golpea con mayor crudeza a sectores vulnerables en un país donde la informalidad laboral sigue superando el 40%, según indicadores oficiales recientes.
La percepción varía según el voto: inseguridad para los mileístas, ingresos para el resto
El cruce con el voto presidencial de 2023 muestra cómo las afinidades políticas filtran la lectura de la realidad. Entre quienes votaron a Javier Milei en primera vuelta, la inseguridad lidera con 27,5%, seguida por bajos salarios (24,2%) e inflación/empleo en torno al 18%. En cambio, los votantes de Sergio Massa priorizan los bajos salarios (28,4%), el empleo (24,2%) y la inflación (19,9%).
Para los electores de Patricia Bullrich, salarios (29,6%) y empleo (25,7%) dominan; entre los de Juan Schiaretti, los ingresos insuficientes alcanzan un abrumador 52,8%. En el ballotage, los mileístas mantienen la inseguridad alta (25,8%), pero los massistas refuerzan salarios (30,8%) y empleo (24,6%).
Esta segmentación indica que, aunque persisten clivajes, la preocupación por el ingreso diario es casi transversal y representa un alerta mayor para el oficialismo: la economía actual “no alcanza”, y la capacidad de revertir la percepción de deterioro en el bolsillo definirá el apoyo social en un año preelectoral.
La encuesta de Zuban Córdoba captura un momento de inflexión: la agenda política cede terreno ante la economía real del día a día. Con la inflación aún en dos dígitos mensuales, la recesión en curso y el temor al desempleo en ascenso, el gobierno enfrenta el desafío de reconectar con las prioridades concretas de los argentinos. Si el bolsillo sigue siendo el principal termómetro del malestar, los próximos meses serán decisivos para evitar que esta luz de alerta derive en una crisis de mayor profundidad social y política.







