A días de la apertura de sesiones legislativas, el gobernador bonaerense afianzó su liderazgo partidario con lista única y asunción el 15 de marzo, pero enfrentó derrotas simbólicas en el Senado, filtraciones de rupturas y el sorpresivo reencuentro Cristina-Pichetto que agitó especulaciones sobre el armado opositor rumbo a 2027.
La Junta Electoral del Partido Justicialista bonaerense oficializó a fines de febrero —alrededor del 19-20— la lista única que coloca a Axel Kicillof como presidente del Consejo Provincial, con Verónica Magario como vicepresidenta primera y una repartición paritaria de cargos entre su espacio (Movimiento Derecho al Futuro, MDF) y el kirchnerismo. Máximo Kirchner retiene la presidencia del Congreso partidario, en un esquema que busca proyectar institucionalidad tras meses de tensiones.
El acuerdo, sellado en los últimos días previos al cierre de listas, evitó una interna provincial abierta y posiciona al gobernador como el principal ordenador del peronismo bonaerense. Sin embargo, la unidad no se replicó en todos los distritos: en al menos 11-16 municipios (como Tres de Febrero, Morón, San Miguel, Mar del Plata y otros) persisten internas locales para el 15 de marzo, lo que evidencia fisuras territoriales que el kicillofismo no logró cerrar del todo.
Derrota en el Senado: Ishii y Berni, zancadillas del kirchnerismo duro
La semana estuvo marcada por una fuerte pulseada legislativa. En la sesión preparatoria del Senado bonaerense, el sector cristinista impuso a Mario Ishii (intendente en uso de licencia de José C. Paz) como vicepresidente primero —cargo clave en la línea sucesoria provincial— y a Sergio Berni como jefe de bloque de Unión por la Patria.
Kicillof apostaba por su senadora Ayelén Durán en la vicepresidencia primera, pero la maniobra kirchnerista lo dejó con una derrota simbólica pese a su flamante control del PJ. Fuentes cercanas al Ejecutivo provincial interpretan estas designaciones como un recordatorio claro: el liderazgo partidario no se traduce automáticamente en dominio legislativo absoluto, y La Cámpora conserva capacidad de veto en espacios sensibles.
A esto se sumaron versiones de ruptura con el intendente de La Plata, Julio Alak, marginado de roles relevantes en la estructura provincial pese a apoyos iniciales desde sectores cristinistas. Filtraciones sobre vetos y tensiones internas circularon con fuerza, alimentando la percepción de un peronismo bonaerense fragmentado.
El reencuentro Cristina-Pichetto: gesto de unidad o reposicionamiento
El punto más disruptivo fue la reunión entre Cristina Fernández de Kirchner y Miguel Ángel Pichetto, confirmada esta semana y ocurrida en el domicilio de San José 1111 (donde la expresidenta cumple condena domiciliaria). El encuentro, de alrededor de una hora y media, giró en torno al “industricidio”, la destrucción del empleo y la necesidad de reconstruir el peronismo como alternativa al modelo de Javier Milei.
Pichetto llamó explícitamente a que “el peronismo tiene que perdonarse” y superar divisiones pasadas, planteando un “centro nacional” amplio para 2027. Desde el entorno de Kicillof, el gesto generó cautela: algunos lo ven como un intento de Cristina —en bajo perfil— de recuperar protagonismo y abrir canales con sectores no alineados con el gobernador; otros, como una señal de que no abdica influencia en el armado opositor.
El reencuentro ilusionó a bases militantes con gestos de amplitud, pero también reforzó sospechas de que diluye el liderazgo consolidado de Kicillof.
Asamblea Legislativa del 2M: confrontación con Milei en un contexto de rosca interna
Todas estas tensiones convergen en el discurso de Axel Kicillof ante la Asamblea Legislativa bonaerense, programado para el lunes 2 de marzo a las 17 horas, inaugurando el 154° período de sesiones ordinarias. Fuentes de Gobernación anticipan un mensaje extenso (hasta dos horas) con balance detallado de gestión en educación, salud, vivienda y seguridad, y una dura confrontación con el rumbo económico de Milei: ahogo financiero a las provincias, aumento del desempleo, cierre de empresas y caída del poder adquisitivo.
Sin acto masivo ni movilización —“no da el contexto”, explican en La Plata—, el tono será institucional pero polarizador. El discurso servirá como respuesta a las operaciones internas: Kicillof buscará reposicionarse como el principal referente opositor con estructura provincial sólida, demostrando que su control del PJ es real y no decorativo, mientras prepara el terreno para su proyección nacional.
En esta previa al 2M, el peronismo bonaerense expone sus grietas más profundas: un gobernador que consolida el partido pero recibió versiones cruzadas constantes, una expresidenta en eclipse que busca relevancia con gestos inesperados y un espacio que prioriza la puja interna por 2027 antes que una oposición unificada contra el oficialismo nacional. El lunes será el primer termómetro de si Kicillof transforma estas versiones cruzadas en fuerza política o si las maniobras logran erosionarlo antes de despegar.


