La discusión sobre la reforma electoral 2027 lleva meses sin resolverse. No obstante, la pregunta de fondo no es técnica ni jurídica. La pregunta es qué pierde cada actor si la reforma avanza, y qué gana si la bloquea. Eso explica por qué el cronograma se corrió cuatro veces y nadie todavía pone el cuerpo.
La Casa Rosada maneja encuestas internas que alarman a sus propios armadores. La imagen negativa de Milei ya supera a la de Patricia Bullrich. Además, el peor trimestre económico desde diciembre de 2023 pegó en todas las mediciones. Por eso, una PASO en agosto de 2027 no es solo una elección primaria: es un termómetro nacional. Y el Gobierno teme lo que ese termómetro puede mostrar.
El problema que nadie nombra
La conclusión que circula en la Casa Rosada es directa: con PASO puede ganar el PJ; sin PASO, la reelección es inevitable. No se trata, por lo tanto, de convicciones sobre el sistema democrático. Se trata de evitar que una interna exponga la debilidad territorial de La Libertad Avanza antes de tiempo.
Las colectoras: el puente que LLA no tiene
Eliminar las primarias es solo la mitad del plan. La mitad más importante son las colectoras. LLA no puede absorber al PRO ni a la UCR: tienen electorados distintos y marcas distintas. Sin embargo, tampoco puede prescindir de sus votos en el interior del país.
Las colectoras ofrecen una salida: los aliados van con Milei en la boleta sin disolverse en LLA. El gobernador respalda la candidatura presidencial. A cambio, conserva autonomía para manejar sus propias listas legislativas en su provincia. Es, en esencia, un acuerdo de conveniencia mutua donde Milei resigna peso en el Congreso para asegurar la reelección.
El sabotaje de Bullrich: poder perdido, no desacuerdo ideológico
Durante meses, Patricia Bullrich negoció el esquema de adhesiones y fue la armadora del acuerdo. Entonces Diego Santilli entró al cuarto de operaciones, con el respaldo de Macri y de la Casa Rosada. En ese momento, Bullrich quedó fuera de la negociación central. Su reacción fue pública e inmediata: criticó su propia propuesta y la acusó de «deformar» la elección.
No fue un desacuerdo ideológico. Fue una jugada de poder. La dinámica que describió Letra P resume el patrón: cada vez que pierde el protagonismo, la senadora rompió todo. La reforma le sirve a Bullrich solo si ella la conduce. Si no, prefiere que no salga.
La UCR partida: geografía del interés propio
La fractura radical tiene una lógica interna muy precisa. Alfredo Cornejo gobierna Mendoza y enfrenta la candidatura de Petri —de LLA— en su propia provincia. Una colectora lo protegería: podría ir con Milei en la boleta sin que LLA canibalice sus candidatos locales.
En cambio, los senadores radicales sin gobernación cuentan una historia diferente. Abad en la provincia de Buenos Aires, Fama en Catamarca, Kroneberger en La Pampa: para ellos, adherir a Milei significa quedar subsumidos en LLA. Y perder identidad es perder poder. La fractura no es ideológica. Es la diferencia entre quien tiene territorio y quien no.
Los gobernadores: firmar sin garantías
El trato implícito que ofrece el Gobierno es claro: «Apoyame en la presidencial, yo no meto candidatos contra vos en tu provincia». Sin embargo, ese acuerdo no tiene respaldo institucional. Passalacqua, Torres y Jaldo vieron cómo el Gobierno intervino electoralmente en otros distritos cuando le convino. Además, los fondos de coparticipación provincial siguieron cayendo incluso después de los encuentros con el Presidente.
La ecuación, entonces, no cierra. Les piden que resignen autonomía legislativa a cambio de una promesa sin papel firmado. Por eso resisten.
El PJ y Massa: las PASO como tabla de salvación
Sin primarias, el peronismo y el massismo necesitan negociar candidaturas en mesa chica. Ese mecanismo le da ventaja a quien tenga mayor poder de veto. Hoy, ese actor es Sergio Massa. Como adelantó un diputado massista en nuestra cobertura anterior: eliminar las PASO «le regala la unidad al peronismo». Pero sin primarias, esa unidad la construye quien presiona más. Y bloquear la reforma es, para el massismo, administrar su poder de cara a 2027.
Kicillof y el peronismo bonaerense: el escudo interno
Como informamos en mayo, el ministro Carlos Bianco salió a defender las primarias con una frase que lo dice todo: «Si queremos un frente lo más amplio posible para ganarle a Milei, la PASO es una excelente herramienta». Pero el argumento democrático esconde un cálculo interno muy concreto.
Sin PASO, Kicillof necesita negociar candidaturas con los intendentes peronistas bonaerenses que hoy lo cuestionan. Esos sectores tendrían poder de veto sobre las listas. Con primarias, en cambio, el gobernador puede dejar que los votantes resuelvan lo que la mesa chica no puede. Las PASO no son un principio: son un escudo.
El cronograma que no cierra: nadie cede primero
El calendario se corrió cuatro veces: de agosto a septiembre, de septiembre a noviembre, de noviembre a febrero, y de febrero a la incertidumbre. Cada postergación expresa lo mismo: ningún actor tiene suficiente poder para imponer el acuerdo. Y mientras el calendario avanza, el margen para reformar sin afectar las propias candidaturas se achica.
Lo que está en juego no es la reforma en sí. Es quién controla las reglas del juego en la única elección que importa. Y por ahora, ninguno confía lo suficiente en el otro como para ceder primero.


