Viernes 9 de enero de 2026
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La rosca por las autoridades del Senado bonaerense no se toma vacaciones

La disputa por la vicepresidencia primera del Senado bonaerense expone la interna más caliente del peronismo provincial: Cristina Kirchner impulsa a Mario Ishii y Sergio Berni, mientras que el gobernador Axel Kicillof apuesta por Ayelén Durán y Germán Lago para consolidar su poder en la Cámara alta.

La definición de las autoridades del Senado bonaerense se convirtió en el epicentro de la interna peronista. El cargo de vicepresidencia primera de la Cámara alta, clave en la línea de sucesión del Poder Ejecutivo provincial, permanece vacante tras la salida de Luis Vivona y abrió una pulseada entre los sectores referenciados en Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador Axel Kicillof.

Cristina Kirchner mueve sus fichas: Ishii y Berni

La expresidenta busca mantener influencia en la Legislatura bonaerense. Para la vicepresidencia primera, propuso al intendente en uso de licencia de José C. Paz, Mario Ishii, un dirigente con peso territorial y larga trayectoria en el conurbano.

En paralelo, para la conducción del bloque peronista, el kirchnerismo impulsa al senador y ex ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, quien mantiene tensiones abiertas con la vicegobernadora Verónica Magario y representa un perfil más confrontativo.

El axelismo responde: Durán y Lago

Desde el entorno de Kicillof, la estrategia es clara: que los lugares de poder en el Senado respondan directamente al gobernador. Por eso, promueven a Ayelén Durán para la vicepresidencia primera y a Germán Lago para la presidencia del bloque.

Durán, senadora con llegada al oficialismo provincial, es vista como garantía de alineamiento con la gestión. Lago, intendente de Alberti en uso de licencia y electo por la boleta de Fuerza Patria, cuenta con respaldo de Magario y se posiciona como un dirigente de confianza para el gobernador.

Un cargo con peso institucional y recursos

La vicepresidencia primera del Senado bonaerense no es un puesto menor: se trata del tercer lugar en la línea de sucesión provincial, detrás del gobernador y la vicegobernadora. Además, otorga poder de designaciones, recursos y visibilidad política, lo que explica la intensidad de la disputa .

La definición aún no tiene fecha clara, pero la disputa refleja la fragmentación del peronismo bonaerense y anticipa un año de fuertes tensiones internas. Mientras Cristina busca sostener su influencia con figuras de peso propio, Kicillof intenta consolidar un esquema de poder más homogéneo y disciplinado.

La incógnita es si habrá acuerdo de unidad o si la pulseada terminará en una votación que exponga las diferencias en público.

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