El gobernador se puso a disposición para 2027 en Avellaneda y desde entonces recibe golpes de dos frentes: la Casa Rosada lo eligió como rival y el cristinismo le cobra cada gesto de autonomía. En el medio, una gestión con salarios congelados en septiembre y una oposición bonaerense que pide orden mientras acumula sus propios escándalos.
Axel Kicillof cerró dos semanas en las que quedó instalado como el eje de la discusión hacia 2027, para bien y para mal. Su «cuenten conmigo» en el plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) ordenó el tablero: el Gobierno nacional lo convirtió en blanco de campaña, los gobernadores del PJ lo empiezan a ver como interlocutor y La Cámpora lo trata como un problema interno que no logra resolver.
La paradoja es que esa centralidad llega en un momento de fragilidad de gestión. Mientras el gobernador hablaba en Nueva York de una «catástrofe» económica, en la calle 115 y 67 los gremios estatales se enteraban de que septiembre se cobraría sin aumento.
Kicillof 2027: el “cuenten conmigo” y sus límites
El plenario del MDF en Villa Domínico, con Jorge Ferraresi como anfitrión, fue la puesta en escena más ambiciosa del kicillofismo. El gobernador habló de construir «una opción nacional» y descartó cualquier armado «a control remoto», una frase que en el peronismo nadie leyó como inocente.
Al día siguiente, Carlos Bianco salió a enfriar la lectura. En su conferencia de los lunes, el ministro de Gobierno sostuvo que no hubo lanzamiento de candidatura y que el «cuenten conmigo» solo expresaba predisposición. También corrigió los números: de los 30 mil asistentes que habían circulado, la Gobernación pasó a hablar de casi 10.000 inscriptos para los debates, contra 2.500 esperados.
La corrección dice tanto como el acto. El MDF necesita mostrar volumen sin parecer una estructura paralela al PJ, y por eso desde la Gobernación insisten en que la herramienta electoral seguirá siendo el partido. El plan, según Bianco, es un frente amplio con eje peronista y candidaturas propias si las PASO siguen vigentes.
Nueva York funcionó como segunda vidriera. Kicillof se reunió con bonistas de la deuda provincial, entre ellos BlackRock, y después compartió mesa con Zohran Mamdani y Pedro Sánchez en Gracie Mansion. Allí negó que exista un «milagro económico» y acusó a Milei de desperdiciar las oportunidades del nuevo orden mundial. Fue un discurso pensado para afuera y para adentro a la vez: el gobernador ya habla como jefe de la oposición nacional.
La interna peronista: fuego amigo en la Provincia y faltazo en San Juan
La respuesta del cristinismo llegó en off pero sin anestesia. En el entorno de Cristina Kirchner remarcaron que en Domínico no hubo gobernadores aliados y que «la pelea no lo fortaleció». Una fuente cercana a la expresidenta fue más lejos: le recordó a Kicillof que sus candidaturas salieron de decisiones de la conducción histórica y lo definió como «fruto del control remoto».
El Frente Renovador aportó su propio dato: de los 93 diputados nacionales del bloque peronista, apenas siete estuvieron en el acto. Y Mayra Mendoza sumó un gesto menor pero leído con lupa en el conurbano: un «me gusta» a una publicación crítica contra el gobernador y el MDF.
Pero diez días después, el que quedó expuesto fue Máximo Kirchner. Viajó a San Juan para una foto de unidad junto a Sergio Uñac y se encontró con un vacío: no fueron los gobernadores del PJ ni Sergio Massa. Ricardo Quintela alegó agenda, Gildo Insfrán y Sergio Ziliotto ni siquiera mandaron representantes.
La explicación que circuló en el Congreso es la que más importa desde La Plata: la pelea entre La Cámpora y el gobernador ya se exporta a las provincias, y los mandatarios del interior no quieren quedar atrapados en ella. Tampoco quieren una agenda nacional reducida al «Cristina libre». Para varios de ellos, Kicillof aparece como un interlocutor más previsible.
Massa, mientras tanto, juega su propio partido. En la Facultad de Derecho de la UBA les pidió a los jóvenes del Frente Renovador que compitan en internas y prepara una ronda con pymes y gobernadores. Su ausencia en San Juan fue una señal: no se suma a una foto que no controla.
La oposición bonaerense: Santilli polariza, LLA acumula costos
Diego Santilli eligió el 62° Coloquio de IDEA para dejar claro que la campaña ya empezó. En un video grabado en la Casa Rosada, el jefe de Gabinete les pidió a los empresarios acompañar la reelección de Javier Milei y apuntó contra Kicillof: lo responsabilizó por la suba del riesgo país tras la gira neoyorquina e ironizó con que podría ser «el mejor jefe de campaña de Milei».
El Gobierno no aportó evidencia de esa relación más allá de la coincidencia temporal. Y parte del inventario de gestión que Santilli llevó al Coloquio no resiste las estadísticas oficiales: habló de cuatro años seguidos de crecimiento cuando el INDEC registró una caída del PBI en 2024.
La elección del adversario tiene lógica bonaerense. Santilli encabezó la lista de La Libertad Avanza en la Provincia en 2025, tras la salida de José Luis Espert. Plantear 2027 como Milei contra Kicillof ordena al electorado no peronista y deja en segundo plano a PRO y a la UCR. Pero también le regala al gobernador el lugar de rival principal, justo cuando lo necesita para ganar la interna propia.
El problema del oficialismo nacional en territorio bonaerense es que sus dirigentes no ayudan al relato del orden. Espert fue fotografiado en ANSES jubilándose con el plan de deuda previsional que votó en contra. Y la Justicia inhabilitó por 90 días al concejal libertario Allan, con una multa de casi $1 millón, por un control de alcoholemia positivo en Pinamar.
La Legislatura bonaerense mostró otra cara del problema, que no distingue camisetas. En mayo, a propuesta de Facundo Tignanelli, jefe del bloque de Unión por la Patria, la Cámara de Diputados archivó sin debate los expedientes del caso «Chocolate» Rigau dentro de un paquete de casi 8.000 resoluciones. LLA, PRO, UCR y Coalición Cívica estaban en el recinto. Solo Cristian Castillo, del Frente de Izquierda, se opuso. Ahora la Cámara se niega a entregar esa documentación a la fiscal Betina Lacki.
La gestión, el flanco que la campaña no tapa
El discurso de la «catástrofe» tiene un costado incómodo para la Gobernación. La Provincia convocó a paritaria estatal recién después de semanas de presión de ATE, los docentes y la AJB, y aclaró que septiembre se cobraría sin aumento. Ya había pasado lo mismo en junio.
El argumento oficial esta vez fueron los USD 420 millones que la Provincia pagó en amortizaciones e intereses de bonos, un monto equivalente a medio aguinaldo. El último acuerdo había fijado un 7% escalonado entre julio y agosto, frente a una inflación anual proyectada en torno al 30%. ATE repartió las culpas: apuntó al recorte de transferencias nacionales, pero el reclamo lo hizo en La Plata.
Para una ciudad donde el empleo público provincial mueve buena parte del consumo, cada mes sin suba se siente en el comercio local. La Provincia intenta compensar con agenda propia: Kicillof recibió al Colegio de Martilleros para avanzar con el Alquiler Social y una cuenta recaudadora para el mercado inmobiliario.
La UNLP completa el cuadro. La universidad suma 33 jornadas de conflicto y vuelve a la calle el 15 de octubre con la Marcha Federal, el mismo día en que la oposición en Diputados va por la derogación completa del DNU 70/2023. Para Kicillof, esa fecha es una oportunidad de mostrarse del lado del reclamo. Para el Gobierno nacional, otra semana a la defensiva.
Unidos o polarizados
El escenario más probable para las próximas semanas es una profundización de la polarización Milei-Kicillof, que conviene a ambos. La Casa Rosada ordena a su electorado; el gobernador gana estatura frente a La Cámpora.
El riesgo para Kicillof está adentro de la Provincia. Si la paritaria de octubre no recupera lo perdido en septiembre, el conflicto estatal le dará a Santilli el argumento que hoy le falta: que el gobernador que denuncia la catástrofe tampoco paga a tiempo. La cita del 15 de octubre, con la UNLP en la calle y el DNU 70 en el Congreso, será la primera prueba de quién capitaliza el malestar.


