El Colectivo Nacional de Hipotecados UVA denunció que la «baja morosidad» oficial esconde un sacrificio extremo de las familias: usan tarjetas de crédito y préstamos paralelos para no perder la vivienda. Hay deudores que pidieron 80 mil dólares en 2018 y hoy deben más de 130 mil. El colectivo advierte que la nueva línea de crédito con fondos de ANSES repite la misma lógica que los llevó a la crisis.
El sistema de créditos hipotecarios UVA, lanzado durante el gobierno de Mauricio Macri, vuelve a estar en el centro del debate después de que el ministro de Economía Luis Caputo anunciara días atrás una nueva línea de préstamos con fondos del FGS de ANSES que también toma a la inflación como variable central del ajuste de cuotas. El Colectivo Nacional de Hipotecados UVA salió a advertir sobre los riesgos de repetir un esquema que, según denuncian, ya dejó a miles de familias atrapadas en un círculo de sobreendeudamiento paralelo.
«El relato bancario y oficial se jacta de exhibir un porcentaje de mora bajo para los créditos hipotecarios. Sin embargo, esa supuesta baja morosidad se sostiene sobre un sacrificio colosal e inhumano de las familias trabajadoras», denunció el colectivo en un comunicado difundido esta semana.
Cómo funciona la trampa: bajar la morosidad hipotecaria a costa de otras deudas
El diagnóstico central del colectivo es preciso: para no perder la vivienda, las familias priorizan el pago de la cuota UVA por encima de cualquier otro gasto, y eso las empuja a un circuito de endeudamiento paralelo que no aparece en ninguna estadística oficial de mora hipotecaria.
Según el comunicado, las tarjetas de crédito son utilizadas al límite para cubrir consumos básicos de alimentación y salud, con pagos mínimos e intereses altísimos. A eso se suman préstamos no bancarios y billeteras virtuales para completar lo que la cuota UVA no deja cubrir del resto de los gastos del hogar. El resultado es una familia que figura como «al día» en su hipoteca mientras acumula una deuda invisible en otros frentes.
El caso extremo: de 80 mil a 130 mil dólares de deuda
Uno de los ejemplos más elocuentes que circula entre los hipotecados es el de quienes tomaron créditos en 2018, en el pico del «boom» de los UVA que el propio gobierno de Macri promocionó como la solución al acceso a la vivienda. Un préstamo de 80 mil dólares tomado en ese momento hoy puede representar una deuda de más de 130 mil dólares, producto de la indexación por inflación que ajusta tanto la cuota como el capital adeudado.
El mecanismo no es nuevo ni desconocido: ya en 2019, antes del cambio de gobierno, el índice UVA había acumulado un aumento del 227% desde su creación en 2016, mientras los salarios formales solo habían subido 133% en el mismo período. La brecha entre la actualización de la deuda y la actualización de los ingresos es la raíz estructural del problema que el colectivo denuncia hoy con más fuerza.
Lo que piden: un plazo de gracia y revisar el nuevo esquema
Entre los reclamos del colectivo aparece la exigencia de un plazo de gracia que permita a los deudores desendeudarse del circuito paralelo que se vieron obligados a generar para sostener la cuota hipotecaria. También piden que el gobierno revise los términos de la nueva línea de crédito anunciada por Caputo antes de replicar el mismo esquema de indexación que, según sostienen, ya demostró sus consecuencias.
El anuncio de Caputo contempla préstamos UVA con tope de tasa de 7,5% y financiamiento con fondos del FGS de ANSES, pensado para resolver el descalce entre los depósitos de corto plazo de los bancos y los créditos hipotecarios a largo plazo. Para el colectivo, el problema no es solo de plazos sino del propio mecanismo de ajuste por inflación aplicado a un ingreso familiar que no se actualiza al mismo ritmo.
Un antecedente que no es nuevo
El fenómeno de los hipotecados UVA en crisis no es inédito. Durante el propio gobierno de Macri, en 2019, la presión de los deudores obligó al Estado a congelar cuotas por varios meses y a lanzar compensaciones a través de Procrear para quienes tuvieran aumentos por encima de la variación salarial. Aquel esquema fue, en su momento, un parche transitorio a un problema que el colectivo advierte que sigue sin resolverse de fondo.
Para las familias bonaerenses que ya enfrentan la presión del alquiler —que en La Plata consume hasta el 172% de un salario mínimo según los informes municipales— la reactivación del crédito hipotecario aparece como una alternativa. Pero el testimonio de quienes tomaron esos créditos en 2018 es una advertencia sobre lo que puede pasar si la inflación vuelve a correr más rápido que los ingresos.


