Domingo 30 de agosto de 2026
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El voto de un bonaerense vale 6,5 veces menos que el de un fueguino

Para elegir un diputado nacional en Tierra del Fuego se necesitan 38.000 votos. En la Provincia de Buenos Aires, hacen falta 250.000. La diferencia es de 6,5 veces y no tiene ningún fundamento democrático. El fenómeno tiene nombre en las ciencias políticas: «malapportionment». Sus raíces van directamente a la última dictadura militar.

Cómo se llegó hasta aquí

El número de diputados de cada provincia quedó congelado en 1983. Ese año, el dictador Reynaldo Bignone firmó la ley 22.847, una de las últimas normas del régimen. La norma fijó un diputado cada 161.000 habitantes y sumó tres bancas adicionales a cada distrito. Además, estableció un piso de cinco representantes por provincia, sin importar la población. También fijó que ningún distrito podría tener menos bancas que las del 23 de marzo de 1976, víspera del golpe.

La Constitución Nacional es clara en su artículo 45: después de cada censo, el Congreso debe actualizar la representación. Desde 1983 hubo cuatro censos: 1991, 2001, 2010 y 2022. Sin embargo, el Congreso nunca modificó la distribución de manera integral. El resultado es que más de 16 millones de personas tienen una representación muy deficiente en la «Casa del Pueblo». Son quienes nacieron o llegaron a sus provincias después de ese año.

Los números del desequilibrio

La Provincia de Buenos Aires concentra el 38% de la población del país. Sin embargo, solo tiene el 27% de las bancas en Diputados: 70 de 257. Según la Cámara Nacional Electoral, debería contar con entre 109 y 125 representantes. En el otro extremo, Tierra del Fuego elige 5 diputados para apenas 190.641 habitantes.

El desequilibrio también afecta a Córdoba y Santa Fe. Córdoba tiene 3,84 millones de habitantes y elige 18 diputados, mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene 3,12 millones y elige 25. Así, un habitante porteño tiene el doble de peso representativo que uno cordobés. En tanto, la CABA mantiene prácticamente estancada su población desde los años ’60.

La Justicia lo ordenó. El Congreso no lo hizo.

En 2018, la Cámara Nacional Electoral se pronunció sobre el tema a raíz de un amparo de un ciudadano cordobés. El fallo introdujo el concepto de «geometría electoral pasiva»: la manipulación del principio de igualdad por inacción. En otros términos, el voto puede valer mucho más en una provincia que en otra no porque alguien lo decidió, sino porque nadie lo corrigió cuando debía.

El tribunal señaló el carácter imperativo del artículo 45 y le ordenó al Congreso actuar. Sin embargo, esa orden nunca se cumplió. El juez federal con competencia electoral en Buenos Aires, Alejo Ramos Padilla, advirtió que el problema no se resolverá solo. También dirige el posgrado en Derecho Electoral y Democracia de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP. Según Ramos Padilla, ninguna redistribución de bancas resolverá por sí sola la crisis más profunda de representación que atraviesa el sistema democrático.

Las propuestas sobre la mesa

Existen al menos cuatro proyectos legislativos presentados en años recientes. El diputado de La Libertad Avanza por Mendoza, Álvaro Martínez, propone mantener las 257 bancas pero redistribuirlas. Su proyecto establece un diputado cada 210.000 habitantes, piso de tres y techo de 80 por distrito. De esa manera, Buenos Aires recuperaría representación y Mendoza pasaría de 10 a 12 bancas.

La exdiputada Margarita Stolbizer planteó, en cambio, bajar la cifra repartidora a 140.000 habitantes y reducir el piso a cuatro. Esa fórmula llevaría el total a 334 diputados, 77 más que hoy. Por su parte, Alejandro Tullio —exdirector nacional electoral— propone un ajuste mínimo: elevar la base de 161.000 a 165.000 habitantes, solo un 2,5% de diferencia. El resultado sería una cámara de 297 miembros. Siete distritos mejorarían su representación: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Salta y Misiones.

El politólogo Juan Manuel Abal Medina sugiere aumentar la Cámara a entre 350 y 400 miembros. Las nuevas bancas irían prioritariamente a las provincias hoy subrepresentadas. Sin embargo, reconoce que ese aumento implicaría un enorme costo político. El clima de rechazo a la dirigencia lo hace especialmente difícil de impulsar.

El problema práctico: el edificio no alcanza

Si se aumenta el número de diputados, surge un inconveniente físico concreto: el recinto de la Cámara Baja no tiene espacio. El edificio del Congreso es patrimonio histórico y artístico nacional, por lo que no puede sufrir modificaciones edilicias. Incorporar más de 100 bancas físicas sin alterar la estructura es imposible.

La respuesta, para varios especialistas, está en la tecnología. Durante la pandemia, el Congreso ya implementó sesiones remotas con protocolos telemáticos. Asimismo, el Senado bonaerense permite en su reglamento que los legisladores voten a distancia por causas extraordinarias. El politólogo Pablo Salinas plantea un esquema mixto —parte presencial, parte remoto— que resolvería el problema sin costos adicionales significativos.

Una deuda que vence en 2027

Para los votantes de Buenos Aires, el malapportionment no es una abstracción académica. Es la razón por la que el distrito más poblado del país está crónicamente subrepresentado en Diputados. Y Diputados es, según la Constitución, la cámara que debe reflejar al pueblo según su peso demográfico.

Con las elecciones de 2027 en el horizonte, el debate llega con más fuerza. Que la cámara siga usando una norma de la dictadura 43 años después de recuperada la democracia es lo que los expertos llaman una omisión evidente. El Congreso todavía puede saldarla.

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