Sergio Massa decidió bajarse de la pelea por la gobernación bonaerense en 2027, pero no del tablero nacional: impulsa un candidato propio en la Provincia y mantiene abierta la posibilidad de volver a disputar la Presidencia, incluso en 2031. La jugada impacta directamente en los planes de Axel Kicillof, que acelera su proyección nacional.
El líder del Frente Renovador comunicó a sus dirigentes que no tiene intención de competir por la sucesión de Axel Kicillof en la gobernación bonaerense. Su nombre había sido instalado por intendentes y referentes del espacio, pero Massa optó por correrse de esa disputa. En paralelo, impulsa un candidato propio en la Provincia, lo que le permite conservar influencia territorial sin exponerse directamente.
Este repliegue es parcial: Massa no descarta volver a pelear por la Presidencia, aunque evalúa postergar esa ambición hasta 2031. En privado, sostiene que el peronismo puede retener la Provincia y recuperar competitividad nacional si logra bajar la conflictividad interna y ampliar su base de apoyo.
El impacto en Kicillof
Mientras tanto, Axel Kicillof acelera su proyección nacional. Su estrategia apunta a consolidarse como referente del peronismo en la etapa postkirchnerista, con recorridas federales y un discurso que busca trascender la Provincia. La decisión de Massa de no disputar la gobernación despeja parcialmente el camino para que Kicillof ordene su sucesión en Buenos Aires, aunque la presencia de un candidato massista introduce un factor de tensión en la interna.
El tablero del peronismo
El movimiento de Massa refleja la necesidad de recomponer al peronismo tras años de divisiones. Su llamado a “guardar los rifles sanitarios” y terminar con las exclusiones internas apunta a reconstruir un frente competitivo frente a La Libertad Avanza. La coexistencia de dos proyectos —el de Kicillof y el de Massa— abre un escenario de negociación permanente, donde ambos buscan posicionarse sin romper el delicado equilibrio del espacio.
La política bonaerense y nacional entra en una fase de reacomodamiento: Massa se corre de la pelea provincial pero mantiene viva su proyección presidencial, mientras Kicillof acelera su construcción nacional. El resultado de esta tensión definirá el futuro del peronismo en 2027 y más allá.


