La discusión por la conducción del PJ bonaerense entró en zona de definiciones y, en ese tablero cargado de tensiones, Máximo Kirchner empezó a impulsar una salida que reordena las piezas: que Axel Kicillof asuma la presidencia del partido en la provincia de Buenos Aires.
La propuesta, que el líder de La Cámpora dejó trascender en su entorno político, apunta a destrabar una negociación interna que venía escalando entre distintos sectores del peronismo. El argumento es claro: si el gobernador encabeza el PJ, se alinean partido y gestión, se reducen los tironeos y se envía una señal de cohesión hacia afuera en un contexto nacional adverso para el justicialismo.
Una jugada para ordenar la interna
Cerca de Kirchner sostienen que la prioridad es “la unidad”, y que la conducción partidaria en manos de Kicillof permitiría cerrar la discusión sobre nombres y equilibrar el vínculo entre La Cámpora, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y los intendentes que responden al gobernador.
La idea no es aislada. En varias provincias argentinas es habitual que el gobernador también presida el partido oficialista en su distrito, concentrando la estrategia política y electoral. Bajo esa lógica, quienes promueven esta alternativa creen que fortalecería la figura de Kicillof de cara a los próximos años y ordenaría la toma de decisiones dentro del peronismo bonaerense.
Sin embargo, la movida también reconfigura otras candidaturas que estaban en danza, en especial la de la vicegobernadora Verónica Magario, que venía siendo mencionada como una de las principales opciones del kicillofismo para conducir el PJ provincial.
Reuniones, asado y hermetismo en La Plata
En paralelo a estas versiones, Kicillof reunió en la residencia oficial de La Plata a ministros e intendentes de su riñón político. El encuentro, con formato de asado y clima reservado, sirvió para repasar la situación de la interna partidaria y el estado de la recolección de avales para la elección de autoridades.
Entre los presentes estuvieron funcionarios clave del gabinete bonaerense y jefes comunales de peso del Conurbano, un dato que no pasa desapercibido en la rosca peronista: el respaldo territorial sigue siendo determinante a la hora de cerrar listas y definir liderazgos.
Tras la reunión, desde el entorno del gobernador bajaron el tono a la posibilidad de que él mismo asuma la presidencia partidaria y recordaron que en otras oportunidades ya había dado señales de no estar interesado en ese rol. Aun así, las versiones sobre un eventual cambio de postura crecieron durante la jornada y alimentaron las especulaciones.
Avales, plazos y presión del calendario
El factor tiempo también mete presión. La Junta Electoral del PJ bonaerense resolvió prorrogar el plazo para la presentación de avales: la fecha original era el 3 de febrero, pero se estiró hasta el 8, día en que también deben presentarse las candidaturas provinciales y municipales.
Ese corrimiento abrió margen para seguir negociando una lista de unidad a nivel provincial, aunque no garantiza que no haya competencia en los distritos. En los 135 municipios se elegirán autoridades partidarias, y en varios territorios ya asoman diferencias entre intendentes, organizaciones y sectores internos.
Para La Plata y la región capital, donde el peronismo arrastra reacomodamientos tras las últimas elecciones y mira de reojo el escenario 2027, el desenlace de esta interna no es un dato menor. La conducción del PJ bonaerense influirá en el armado político, el reparto de poder y la estrategia opositora frente al gobierno nacional y a las administraciones locales.
Un mensaje político hacia adentro y hacia afuera
La señal que intenta instalar Máximo Kirchner es doble. Hacia adentro, busca desactivar la idea de una pelea personal con Kicillof y mostrar disposición a correrse de la conducción partidaria si eso ayuda a ordenar al peronismo. Hacia afuera, intenta exhibir un frente más compacto en una etapa donde el oficialismo nacional marca la agenda y obliga a la oposición a redefinir liderazgos.
Resta saber si el gobernador acepta cargar también con la jefatura formal del PJ o si prefiere sostener un esquema donde el partido quede en manos de una figura de su confianza. En cualquier caso, la discusión ya dejó de ser solo una pulseada de nombres: lo que está en juego es cómo se reestructura el peronismo bonaerense en una etapa de reacomodamiento político profundo.
Consultadas por este medio, fuentes de la Gobernación bonaerense aseguraron que no tenían información sobre un ofrecimiento formal para que Axel Kicillof presida el PJ provincial y bajaron el tono a las versiones que circularon en las últimas horas. “No negociamos por los diarios”, señalaron desde el entorno del mandatario, en medio de un clima de hermetismo y negociaciones reservadas dentro del peronismo.


