Martes 20 de enero de 2026
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Menos autos, menos turistas: se confirma que la Costa Atlántica arrancó el verano con una fuerte baja en el movimiento

Los primeros datos de la temporada estival confirman lo que operadores turísticos y comercios de la Costa Atlántica venían advirtiendo con cautela: el verano 2026 está siendo más corto de bolsillo que de calendario. Un informe oficial de Autopistas de Buenos Aires (AUBASA) muestra que, en la comparación interanual, el tránsito de vehículos rumbo a los principales destinos costeros bonaerenses cayó 7,2% en la primera quincena de enero, lo que se traduce en más de 100 mil autos menos en las rutas que en el mismo período de 2025. 

Este indicador vial —crudo y difícil de relativizar— funciona como un termómetro que mide la temperatura real del verano: menos vehículos implica menos visitantes y, por ende, menor movimiento económico en una actividad que tensiona y sostiene grandes partes de la economía regional. 

¿Qué dicen los números y qué implican?

En Argentina, el vehículo particular sigue siendo el medio de transporte predominante para vacacionar, así que el flujo de automóviles hacia la Costa Atlántica tiene un valor predictivo directo sobre la afluencia turística. La disminución registrada por AUBASA no solo refleja menos viajeros en las rutas, sino una menor llegada de turistas a ciudades como Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell y otras localidades balnearias. 

Este descenso se correlaciona con otros indicadores preliminares de la temporada que muestran estadías más cortas y una caída significativa en el consumo, incluso en semanas históricamente fuertes como la primera de enero. En algunos destinos bonaerenses, la retracción del gasto puede superar el 20% en sectores clave como gastronomía, comercio minorista y servicios vinculados a la recreación. 

Economía regional bajo presión

La lectura más evidente —aunque no la única— es socioeconómica. Menos autos en ruta significa, de forma casi automática, menos turistas desembolsando dinero en alojamiento, comidas y actividades, lo que se traduce en menor ocupación de plazas, reducciones de jornadas laborales o pérdida de empleo en rubros estacionales. 

Pablo Ceriani, gerente general de AUBASA, subrayó esta relación al afirmar que “menos autos en la ruta significa menos turismo, menos consumo y menos trabajo”. En su análisis, la merma observada no está aislada de la realidad económica general: la pérdida de poder adquisitivo de las familias y las restricciones presupuestarias impactan directamente en la decisión de tomar vacaciones prolongadas, recortarlas o directamente posponerlas. 

Más allá de una foto en la ruta

La caída del tránsito no solo es importante como dato aislado: encierra señales sobre cómo se achica la temporada y de qué manera se redistribuye —o se pierde— el gasto turístico. Si bien alguna ocupación puede sostenerse por reservas previas o promociones puntuales, el descenso continuo en flujo y consumo pone en jaque las proyecciones de ingresos para febrero y marzo, meses tradicionalmente más estables. 

Para La Plata y su región metropolitana, donde muchos residentes tienen vínculos familiares o comerciales con la actividad turística de la Costa, estos números anticipan una temporada más austera y con efectos que se sentirán tanto en el sector privado como en los ingresos fiscales vinculados al turismo. 

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